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Trump, el tablero estratégico y el efecto Cuba

Cajón de sastre

Si Venezuela cae, se derrumba la fuente financiera del socialismo del siglo XXI y el salvavidas económico de la Isla

Imágenes del despliegue militar de EE UU cerca de Venezuela. / US Navy
Jorge L. León

29 de agosto 2025 - 11:01

Houston (Texas)/El ajedrez de la geopolítica americana vuelve a colocarse sobre la mesa. Entre sanciones, alianzas y amenazas veladas, la confrontación entre Estados Unidos y Venezuela no solo es un pulso local, sino un episodio de alcance continental. En ese tablero, Cuba aparece como pieza clave y, a la vez, como el objetivo más vulnerable de una estrategia que revive la Doctrina Monroe bajo el prisma del siglo XXI.

No soy un brujo para opinar del futuro, pero cierto olfato sí tengo. Y lo que hoy se vive en la confrontación entre Estados Unidos y Venezuela no es un episodio aislado: anuncia un desenlace de gran trascendencia, no solo para Caracas, sino para todo el continente americano.

La caída de Nicolás Maduro es una cuestión de tiempo. El camino hacia ese final admite dos rutas probables: un quiebre interno del régimen que entregue a su líder o una operación de extracción quirúrgica, rápida y con el auxilio de factores internos. La experiencia histórica muestra que Washington ha utilizado en varias ocasiones este tipo de maniobras cuando sus intereses hemisféricos han estado en juego –desde Panamá en 1989 hasta operaciones encubiertas en el Caribe y Centroamérica.

La astucia de la presión

Lo que vemos no es improvisación, sino parte de una estrategia de presión escalonada: sanciones financieras, aislamiento diplomático, control de redes de abastecimiento, persecución al narcotráfico y, al mismo tiempo, la exhibición del poderío militar de EE UU como elemento disuasorio.

La doctrina del “máximo apalancamiento” de Trump busca que el cerco económico y diplomático reduzca la capacidad de maniobra de Maduro

La doctrina del “máximo apalancamiento” de Trump –muy en línea con la visión de Marco Rubio– busca que el cerco económico y diplomático reduzca la capacidad de maniobra de Maduro hasta forzarlo a una salida del poder. La astucia de la presión radica en que, aunque se anuncia públicamente la voluntad de evitar un conflicto armado abierto, se mantiene la amenaza creíble de una acción fulminante.

Según el analista Michael Shifter, presidente del Inter-American Dialogue, “el régimen de Maduro está sostenido por un andamiaje externo –Rusia, China, Irán, Cuba– que lo blinda. Pero esa red se resquebraja cuando la presión internacional se acompaña de fracturas dentro de las Fuerzas Armadas”.

Rusia, China e Irán en el Caribe

El continente está penetrado por potencias enemigas de Washington. El régimen venezolano ha servido como puerta de entrada para ellas, a través de contratos leoninos con Moscú y Pekín, que aseguran recursos estratégicos (oro, petróleo, gas) a cambio de apoyo político y militar. Irán, por su parte, ha tejido redes de financiamiento ilícito y cooperación en materia de inteligencia y terrorismo.

Este escenario hace inevitable la reedición de la Doctrina Monroe en clave del siglo XXI. “América para los americanos” deja de ser una consigna y se convierte en un imperativo estratégico: frenar la influencia de actores externos que buscan convertir al continente en terreno de chantaje y presión.

La caída de Venezuela y el golpe a Cuba

La ecuación es clara: si Venezuela cae, se derrumba la fuente financiera del socialismo del siglo XXI. Cuba, que desde los tiempos de Hugo Chávez convirtió a Caracas en su salvavidas económico, quedará desprotegida. Según estimaciones del economista Carmelo Mesa-Lago, la Isla recibía de Venezuela más de 35.000 barriles diarios de petróleo subsidiado y ayudas millonarias en créditos blandos y acuerdos opacos. Sin ese sostén, la crisis sistémica cubana no podrá maquillarse con consignas.

La “explosión de democracia” que recorra América Latina significará para Cuba el fin de más de seis décadas de control comunista

De hecho, La Habana sabe que está al borde del precipicio. El aparato represivo se intensifica porque la dirigencia percibe que una explosión democrática en Venezuela tendría un efecto dominó inmediato en la Isla. La “explosión de democracia” que recorra América Latina significará para Cuba el fin de más de seis décadas de control comunista.

Un tablero en transformación

El rojo ha comenzado a desteñirse en el continente: Argentina, Ecuador, Bolivia, y ahora la propia Venezuela, ponen fin al proyecto del socialismo del siglo XXI. Lo que asoma es un reordenamiento geopolítico donde el anticomunismo de este siglo se articula con el pragmatismo norteamericano: derrotar al terrorismo, cortar el narcotráfico y cerrar el paso a Rusia, China e Irán.

En ese tablero estratégico, Donald Trump –con todas las críticas y controversias que suscita– ha colocado las fichas en movimiento. Y el jaque mate final puede ser, inevitablemente, el golpe más severo contra la dictadura cubana.

La historia enseña que ningún régimen sostenido por la represión y la dependencia externa es eterno. Venezuela marca el compás, pero Cuba representa el desenlace. El colapso del socialismo del siglo XXI no será únicamente la caída de un modelo económico inviable, sino la derrota de una hegemonía ideológica que durante décadas envenenó a la región. Y en ese escenario, la presión norteamericana, reinterpretada por Donald Trump, puede convertirse en el golpe definitivo que cierre un ciclo y abra, con todas sus tensiones y desafíos, un nuevo tiempo para América.

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