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Cuba cambió el 11 de julio

Miles de cubanos salieron a las calles a protestar y en numerosas ciudades gritaron "no tenemos miedo". (Facebook)
Reinaldo Escobar

14 de julio 2021 - 23:21

La Habana/A pesar de los esfuerzos gubernamentales por hacer creer que las protestas populares del pasado domingo 11 de julio fueron organizadas desde los Estados Unidos y que solo se trataba de incidentes aislados protagonizados por elementos antisociales, la mayoría de los cubanos tiene una nueva percepción sobre el grado de inconformidad prevaleciente.

Las imágenes que muestran manifestantes en numerosas ciudades gritando "no tenemos miedo", "queremos un cambio" o la simple repetición de la palabra "libertad" aclararon a cada individuo que lo que cavilaba y no se atrevía a decir no era un extravagante pensamiento personal sino un sentimiento compartido.

Con la intención de desacreditar los testimonios de lo que ocurrió en realidad, los medios oficiales se esfuerzan por poner ejemplos de las falsas noticias que algunos divulgaron en las redes, pero eso solo hace saltar la sospecha de que muchos de estos fake news o bulos pueden haber sido fabricados precisamente con la intención de afectar la credibilidad de lo que se difunde en las redes.

La mayoría de los cubanos tiene una nueva percepción sobre el grado de inconformidad prevaleciente

Basta recordar al agente de la Seguridad del Estado Carlos Serpa Maceira, infiltrado en la oposición con la fachada de periodista independiente quien, en el momento de su desenmascaramiento, apareció ante las cámaras de la televisión llamando por teléfono a la emisora Radio Martí para ofrecer una información falsa y así "demostrar" que los periodistas independientes mentían.

No se trata solamente de lo que la gente ha visto y compartido en sus cuentas de Facebook. Lo que tiene más peso es la experiencia personal de haber participado en una demostración espontánea, o al menos haberla visto detrás de los visillos de su ventana. Son muchos los que tienen un hijo, un pariente, un amigo, al menos un conocido que gritó o escuchó gritar a otros.

Esta salida masiva de los armarios del miedo tendrá consecuencias. El canciller cubano podrá decir que el 11 de julio no hubo un estallido social, lo que no podrá negar es que ese día se desencadenó una explosión en las conciencias: el despertar que se produce cuando se descubre que es posible decir en voz alta en la plaza pública lo que hasta ahora solo se podía susurrar al oído de los amigos más confiables.

Cuba cambió y ellos lo saben.

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