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De esculturas y cenizas

Detalle de la estatua de Fidel Castro en Moscú. (Sputnik)
Reinaldo Escobar

25 de noviembre 2022 - 21:07

La Habana/Mirando la foto de esta escultura recientemente inaugurada en Moscú, recordé el viejo chiste del hombre que, para hacer creíble su promesa de una pronta devolución del dinero que debía, le dijo a su prestamista: "Te lo juro por las cenizas de mi padre". Casi conmovido, el acreedor le dijo que no sabía que su padre había fallecido, a lo que el moroso respondió: "No, está vivo, pero fuma mucho".

Después de que Fidel Castro decidiera dejar de fumar (al menos en público) ningún alto funcionario gubernamental o partidista volvió a aparecer con un tabaco o cigarrillo. La decisión de inmortalizarlo en bronce con "la prueba del delito" en sus manos, además de incumplir el expreso deseo del fallecido de que no le erigieran estatuas, perpetúa su índole de fumador empedernido.

Hay otras estatuas de Castro menos espectaculares, en Sudáfrica, en México o en Vietnam (esta última con los ojos rasgados), pero la de Moscú es la más notable.

Hay otras estatuas de Castro menos espectaculares, en Sudáfrica, en México o en Vietnam (esta última con los ojos rasgados), pero la de Moscú es la más notable

Con tres metros de altura, la figura se yergue de pie sobre una roca detrás de un relieve con el mapa de Cuba. Su bota izquierda apunta a las provincias orientales, la derecha a Pinar del Río. Enclavada en la plaza que lleva su nombre desde 2017 en el distrito de Sokol en Moscú, fue realizada por una iniciativa conjunta del Ministerio de Defensa de Rusia y la Sociedad Histórico-Militar de ese país. Se le ha calculado un costo de 35.000 dólares y tiene la autoría del escultor Alekséi Chebanenko y del arquitecto Andréi Bely.

Los rusos que fueron soviéticos probablemente no hayan olvidado que cuando el comandante los visitó por primera vez, en mayo de 1963, bajó las escalerillas del avión con un insolente tabaco entre sus labios para impedir, cuentan los cercanos, ese tradicional beso en la boca que un macho homofóbico como él no se podía permitir.

Ese histórico desaire tal vez haya sido el motivo de recordarlo con algo tan peculiar en la mano. Chebanenko tuvo la delicadeza de hacer notar en el extremo del tabaco la presencia de unas incipientes cenizas. Por ellas podrán jurar los funcionarios cubanos que aseguran pagarán el dinero que deben a los rusos.

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