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Última oportunidad

El presidente Raúl Castro en la inauguración del VI Congreso del Partido Comunista de Cuba
Reinaldo Escobar

11 de enero 2016 - 12:19

La Habana/En menos de cien días se harán públicos los propósitos que tienen los actuales gobernantes cubanos hasta el año 2021. El VII Congreso del Partido Comunista podría ser la última oportunidad que le queda a la autodenominada "generación histórica de la Revolución" para hacer propuestas concretas en aras de solucionar problemas puntuales. El cónclave representa también la ocasión para dejar trazada una ruta a un eventual relevo, a través de la muchas veces anunciada "conceptualización del modelo".

Sin embargo, tener la oportunidad de elaborar propuestas para el futuro resulta muy diferente a contar con que los receptores de promesas puedan creer en ellas.

Los ciudadanos libres, en las democracias modernas, suelen ser impacientes con los gobernantes que no cumplen los plazos de sus ofrecimientos. Los castigan en las urnas o se lanzan a la calle a exigir su dimisión. En cambio, los reos de una prisión renuevan fácilmente sus ilusiones de que vendrán mejoras, porque la única alternativa que les queda es saltar los muros de la cárcel o conjurarse en un motín donde se jugarán la vida.

Una lista simplificada de las asignaturas pendientes de los gobernantes cubanos incluiría aspectos como la insolvencia de los salarios, la dualidad monetaria, la improductividad y la falta de atractivos para la inversión extranjera. Habría que sumarle los temas de la vivienda, el transporte público, el desabastecimiento y las comunicaciones. Eso sin contar asuntos más profundos, como la falta de derechos políticos y económicos.

A muchos le podría parecer exagerado eso de comparar la situación de los cubanos con los prisioneros de una cárcel, pero sería más absurdo equipararlos con los ciudadanos de una democracia funcional

Pero los alumnos que llevan asignaturas pendientes en una escuela tienen contadas ocasiones para hacer revalorizaciones o exámenes extraordinarios. Tampoco pueden repetir de grado escolar todas las veces que quieran, porque hay un límite –dígase moral– para pedir otra oportunidad y otro para otorgarla.

A muchos le podría parecer exagerado eso de comparar la situación de los cubanos con los prisioneros de una cárcel, pero sería más absurdo equipararlos con los ciudadanos de una democracia funcional. Lo cierto es que aquellos que no quieren escapar ni están dispuestos a amotinarse, convencidos de no poder decidir nada en las urnas, se sentirán tentados a dar otra oportunidad, ¡pero no a cualquier promesa!

Los gobernantes cubanos, repetidamente reprobados, no han logrado formar al hombre nuevo ni traer la prosperidad material repartida con equidad. No han eliminado la pobreza ni la insalubridad; no han sido capaces siquiera de asomarse al socialismo que hace 29 años dijeron que "ahora sí" iban a construir. Lo único decente que les queda por proponer es un cambio profundo e inmediato.

Tienen menos de cien días para hacerlo.

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