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Habana, Habana, la fuente se rompió

Yoani Sánchez

16 de octubre 2013 - 16:37

Fuente sin funcionar en La Habana

Estoy en el mismo parque donde hace treinta años mi hermana y yo corríamos y jugábamos. Dos niñas hacen piruetas similares a las nuestras y se esconden tras los arbustos. Sin embargo, algo resulta muy diferente en este déjà vu: falta la fuente con aquel sonido de lluvia cayendo sobre el mármol. Un panorama muy parecido se repite en cada plaza habanera, salvo raras excepciones. Escasez, desidia o política urbanística, nadie puede explicarlo, pero está ciudad ha perdido en las últimas décadas la húmeda presencia de sus fontanas.

Guiada por mi memoria, decidí hacer el periplo del agua. En la esquina de Belascoaín y Carlos III, de aquel estanque donde hundíamos la manos y a veces hasta los pies, sólo queda un depósito vacío. Unas cuadras más allá, ciertos hierros oxidados señalan el sitio donde estuvo una de las fuentes más efímeras que recuerdo. Apenas duró unas semanas después que la inauguraron con acto oficial y discurso incluido. El conocido como el “bidé de Paulina” cerca de la Ciudad Deportiva, lo llenan a veces los aguaceros convirtiéndolo en un lago verdoso con gusarapos. Ni hablar de la fuente de la Juventud -vetusta y sin gracia- tan cerca del mar, tan lejos de su antiguo esplendor.

Una breve indagación de por qué esta ciudad ha perdido tantos surtidores, me hizo encontrar respuestas variadas y reveladoras: “El problema es que se robaron la bomba que impulsaba el agua”, me dijo un funcionario. En otro sitio un empleado me aseguró molesto “Tuvimos que cerrarla porque algunos transeúntes terminaban bañándose aquí, al no tener duchas en sus casas”. La más simpática fue una señora que me miró con los ojos entornados mientras me reprochaba “Oye, pero tremenda memoria que tú tienes, esta fuente no sirve desde hace décadas”. En el centro de la Plaza Vieja se alza una de las pocas que aún funciona y que estuvo rodeada de una imponente reja, para evitar que los vecinos se llevaran cubo a cubo el preciado líquido. Mi ruta de la humedad terminó desértica en la conocida fuente de La India, también sin una gota de HO.

Como pobladores de esta ciudad debemos hacer algo para que nuestros hijos puedan experimentar la belleza de los parques con fuentes. Ya sé que hay otras prioridades que resolver, pero qué gris resulta el asfalto, que solitaria una plazoleta y qué agobiante el calor sin ese rumor del agua que salta sobre la piedra.

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