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El año se va en llamas

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La quema del muñeco vuelve a reunir sátira, desahogo y tradición en barrios de Sancti Spíritus

La quema del muñeco del año viejo no es exclusiva de Sancti Spíritus ni de Cuba, pero en la Isla ha adquirido un tono muy particular. / 14ymedio
Mercedes García

01 de enero 2026 - 09:02

Sancti Spíritus/Apenas cae la tarde del 31 de diciembre y ya en algunos barrios de Sancti Spíritus se adivina que el año no se irá en silencio. Entre restos de madera, ropas viejas, cartones y botellas vacías, van tomando forma los muñecos del “año viejo”, esos monigotes improvisados que tradicionalmente sirven para concentrar frustraciones, bromas y desahogos colectivos antes de prenderles fuego. No hay manual ni diseño único: basta un cuerpo con forma humana y la certeza de que, cuando arda, algo simbólico también se irá con las llamas.

En uno de los portales del reparto, un muñeco permanece plantado como si vigilara la calle. Lleva botas gastadas, un pantalón azul y, detalle nada inocente, un pulóver blanco con la frase “Amo esta Isla” estampada junto a una bandera cubana. La ironía es evidente. En un país marcado por el éxodo masivo y el cansancio social, ese mensaje parece menos una consigna y más una pregunta abierta. “Lo hicimos así a propósito”, confiesa un vecino mientras ajusta el alambre del cuello. “Amar el país no quita que uno quiera quemar todo lo malo que se vivió”, aclara y enumera desde los largos apagones de 2025 hasta el chikunguña que le ha dejado una rodilla adolorida.

En un país marcado por el éxodo masivo y el cansancio social, ese mensaje parece menos una consigna y más una pregunta abierta. / 14ymedio

Unos metros más allá, dos muñecos casi idénticos comparten acera. Ambos tienen la barriga exageradamente inflada, brazos cortos y una postura rígida que recuerda a los funcionarios oficiales: mucho abdomen, pocas ideas. No hace falta cartel explicativo. Quienes pasan los miran, sonríen y comentan en voz baja. La sátira política encuentra aquí un canal rudimentario pero eficaz, protegido por la coartada de la tradición.

La quema del muñeco del año viejo no es exclusiva de Sancti Spíritus ni de Cuba, pero en la Isla ha adquirido un tono muy particular. Aquí se mezcla con el humor criollo y la necesidad de catarsis. Quemar el muñeco es despedir lo malo: la escasez, las colas, las promesas incumplidas, los precios imposibles y también los miedos acumulados.

Ya entrada la noche, cuando la calle se oscurece y alguien acerca un fósforo, el ambiente cambia. El fuego prende rápido. Las llamas devoran la ropa, crujen las maderas y el muñeco, sentado en una vieja silla metálica, queda envuelto en una luz naranja que ilumina las fachadas cercanas. Hay aplausos, risas nerviosas y algún que otro comentario sarcástico. No es una hoguera solemne, es más bien un ritual doméstico, improvisado, pero cargado de significado.

La sátira política encuentra aquí un canal rudimentario pero eficaz, protegido por la coartada de la tradición. / 14ymedio

Mientras el muñeco se consume, en otras partes de Cuba otros realizan sus propios rituales. A las doce en punto, no faltan quienes lanzan cubos de agua desde la puerta de la casa para “botar lo malo”. Otros, más optimistas o desesperados, recorren la cuadra con una maleta vacía, convencidos de que así atraerán un viaje en el año que comienza. Cada gesto, por mínimo que parezca, es una apuesta por la esperanza.

Cuando solo quedan cenizas y un olor persistente a tela quemada, la calle recupera su calma. El muñeco ya no está, pero el gesto queda. En Sancti Spíritus, como en tantos puntos del país, quemar el año viejo no cambia la realidad de un día para otro, pero permite algo igual de necesario: decir, sin discursos ni consignas, que hubo demasiado peso que cargar y que al menos esta noche se decidió soltarlo al fuego.

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