El canciller cubano acusa a Marco Rubio de "mentir de manera crónica y contradecir a Trump"
Cuba-EE UU
Bruno Rodríguez denuncia "un bloqueo total, similar a uno de tipo militar" mientras EE UU "llama abiertamente a la subversión del orden constitucional"
La Habana/El Gobierno cubano ha convertido a Marco Rubio en la diana principal de su ofensiva propagandística contra Washington. Este sábado, el canciller Bruno Rodríguez volvió a acusar al secretario de Estado de Estados Unidos de mentir, ocultar las consecuencias de las sanciones y, sobre todo, contradecir al presidente Donald Trump.
“Cuando el secretario de Estado de EE UU hable de incompetencia en Cuba, habría que preguntarle por qué miente de manera crónica y contradice al presidente de EE UU y a su vocera”, escribió Rodríguez en X.
Desde hace meses, el aparato propagandístico de La Habana intenta presentar a Trump como un mandatario manipulado por Rubio y por los políticos cubanoamericanos de Florida. Según esa narrativa, el presidente no sería el principal responsable de las medidas contra la Isla, sino la víctima de los engaños de un subordinado obsesionado con derrocar al régimen cubano.
Granma llegó a afirmar en noviembre pasado que Trump era “utilizado, llevado y traído por su cercano Marco Rubio”. En otros artículos, el diario del Partido Comunista ha retratado al secretario de Estado como el operador que “aprieta las tuercas” de la política estadounidense y arrastra al presidente hacia una confrontación que este supuestamente no comprende del todo.
Más incómodo aún para el régimen es que esa presión externa lo ha obligado a desmontar algunas de las trabas burocráticas que durante décadas los propios cubanos han identificado como el “bloqueo interno”
El propio Rodríguez retomó ahora esa fórmula al acusar a Rubio de negar la existencia de un “bloqueo total de combustible” que, según el canciller, la Casa Blanca sí reconoce. La publicación convierte al secretario en el autor de un plan minucioso para impedir la llegada de petróleo, piezas para las termoeléctricas, inversiones turísticas y tecnología para la minería.
Sin embargo, el argumento encierra una contradicción difícil de disimular. Las principales medidas que Rodríguez atribuye a las maniobras de Rubio no fueron adoptadas a espaldas de Trump, sino firmadas, apoyadas o utilizadas públicamente por el presidente como instrumentos de presión contra La Habana. Más incómodo aún para el régimen es que esa presión externa lo ha obligado a desmontar algunas de las trabas burocráticas, prohibiciones y restricciones que durante décadas los propios cubanos han identificado como el “bloqueo interno”.
La insistencia en separar a ambos dirigentes tiene otra utilidad para La Habana. Permite presentar el conflicto como el resultado de la obsesión personal de un político cubanoamericano y evitar el debate sobre las responsabilidades del propio régimen en el deterioro económico.
Rodríguez enumera las dificultades que causan las sanciones, pero guarda silencio sobre las decisiones adoptadas durante décadas por las autoridades cubanas. No menciona, por ejemplo, los miles de millones destinados a construir hoteles mientras las termoeléctricas envejecían sin mantenimiento suficiente, el sistema hidráulico colapsaba y el parque de viviendas continuaba deteriorándose.
El canciller tampoco se refiere al funcionamiento de Gaesa, que domina hoteles, bancos, puertos, tiendas en divisas, gasolineras, remesas y buena parte del comercio exterior
El emblema de esa política es la Torre K de La Habana, el hotel más alto de Cuba, vinculado al conglomerado militar Gaesa. El edificio, de 42 pisos y unas 600 habitaciones, fue levantado en medio de una de las peores crisis económicas de la historia reciente de la Isla y permanece prácticamente vacío.
La ocupación hotelera ya había caído al 21,5% durante el primer semestre de 2025, mucho antes de que Trump firmara, en enero de 2026, la orden ejecutiva para intensificar la presión sobre La Habana tras la captura de Nicolás Maduro en Caracas, principal benefactor del régimen cubano. Cuba cerró aquel año con apenas 1,8 millones de visitantes, frente a los 4,7 millones registrados en 2018. Pese al desplome del turismo, el Estado continuó privilegiando las inversiones inmobiliarias y hoteleras por encima de sectores esenciales como la agricultura, la industria, la vivienda y la generación eléctrica.
El canciller tampoco se refiere al funcionamiento de Gaesa, el conglomerado controlado por las Fuerzas Armadas que domina hoteles, bancos, puertos, tiendas en divisas, gasolineras, remesas y buena parte del comercio exterior. Sus balances no son públicos, no está sometido a controles ciudadanos y su peso real en la economía permanece oculto incluso para muchas instituciones estatales.
Rodríguez presenta también a Cupet como una empresa con la infraestructura y las capacidades necesarias para gestionar los combustibles. Pero no explica cómo una compañía estatal supuestamente eficiente permitió que el país llegara a una situación de desabastecimiento crónico, refinerías deterioradas y dependencia casi absoluta de benefactores políticos como Venezuela, México y Rusia.
La Habana parece confiar en que puede enfrentar a Trump con su secretario de Estado, convenciendo al presidente de que Rubio utiliza la política hacia Cuba para sus propios intereses
Las sanciones estadounidenses agravan indudablemente la crisis y reducen las posibilidades de importar petróleo, obtener créditos o realizar transacciones internacionales. Sin embargo, esa presión no explica por sí sola los hoteles vacíos, la falta de transparencia de Gaesa, la improductividad agrícola ni las décadas de abandono de la infraestructura eléctrica.
Al atribuir todo el desastre a Rubio, el régimen evita contestar la acusación que más le incomoda. La incompetencia denunciada por Washington no consiste únicamente en la incapacidad para conseguir combustible, sino en haber construido una economía centralizada y monopolística que privilegia los negocios de la cúpula sobre las necesidades de los ciudadanos.
La Habana parece confiar en que puede enfrentar a Trump con su secretario de Estado, convenciendo al presidente de que Rubio utiliza la política hacia Cuba para sus propios intereses. Hasta ahora, sin embargo, no hay señal alguna de ruptura entre ambos. Lo que sí existe es un país donde faltan alimentos, transporte y electricidad, mientras el Gobierno conserva intactos sus monopolios y señala hacia Washington cada vez que alguien pregunta dónde fueron a parar los recursos de Cuba.