‘El Cangrejo’ en el centro de los rumores de febrero en Cuba
Rumores
Reuniones secretas con Washington, dudas sobre una lancha, temores ante la Opción Cero
La Habana/Febrero volvió a confirmar que en Cuba los rumores no son un género menor, sino un termómetro. Lo que se comenta en la cola del pan, lo que se comparte en grupos de WhatsApp o se desliza en un post de Facebook, termina delineando el mapa emocional de un país en crisis. El pasado mes, las especulaciones giraron alrededor de conversaciones secretas, lanchas interceptadas, incendios sospechosos, motines carcelarios y la sombra persistente de la llamada Opción Cero.
El murmullo más insistente tuvo que ver con supuestas conversaciones entre funcionarios estadounidenses cercanos al secretario de Estado, Marco Rubio, y Raúl Guillermo Rodríguez Castro, alias El Cangrejo, nieto de Raúl Castro. Lo que comenzó como comentario de pasillo terminó adquiriendo estatura pública cuando medios como el Miami Herald dieron por hecho el encuentro. Según esas versiones, el contacto buscaba explorar una salida negociada a la crisis energética que asfixia a la Isla.
En la calle, la lectura fue inmediata: si el régimen decide enviar a alguien como “recadero”, tiene que ser de la familia. El carácter dinástico del poder cubano volvió al centro del debate. “Aquí no confían en nadie que no lleve el apellido”, comentaba un jubilado en Centro Habana. La idea de que un nieto del general encabece gestiones sensibles reforzó la percepción de que el sistema sigue funcionando como un clan cerrado, donde la lealtad se mide por la sangre. Otros, más escépticos, apuntaban que cualquier acercamiento sería táctico y temporal, destinado a aliviar apagones sin tocar la estructura política.
¿Fue realmente un intento de incursión violenta o una emboscada preparada por la Seguridad del Estado en un momento de extrema tensión con Washington?
La suspicacia también marcó el episodio de la embarcación proveniente de Florida e interceptada en Villa Clara. Televisión Cubana presentó un relato que muchos calificaron de inverosímil: armas, planes desestabilizadores y vínculos con el exilio. Sin embargo, en redes sociales y conversaciones privadas abundaron las dudas. ¿Fue realmente un intento de incursión violenta o una emboscada preparada por la Seguridad del Estado en un momento de extrema tensión con Washington? “Siempre aparece algo cuando la cosa se pone fea”, escribió un usuario en X. El historial de operaciones opacas de La Habana alimentaron la desconfianza.
Otro protagonista inesperado de febrero fue el humo. La quema de basura se extendió por varios municipios de La Habana y otras ciudades. Las columnas grises sobre los contenedores desbordados generaron teorías contrapuestas. Algunos interpretaron los incendios como actos espontáneos de protesta política ante la acumulación de desechos y la inacción de las autoridades. Otros apuntaron a trabajadores de Comunales que, incapaces de recoger la basura por falta de combustible, optaron por prenderle fuego para reducir el volumen. Lo cierto es que el olor a quemado se convirtió en parte del paisaje urbano y en combustible para las conjeturas.
En paralelo, el deterioro de salud del viceprimer ministro Ramiro Valdés sigue presente en las conversaciones. Fotografías recientes y ausencias públicas reactivaron especulaciones sobre su estado físico. Aunque no hubo partes médicos ni confirmaciones oficiales, el hermetismo tradicional en torno a la salud de los dirigentes alimentó todo tipo de versiones. En un sistema donde la biología ha marcado transiciones de poder, cualquier signo de fragilidad adquiere dimensión política.
El motín en la cárcel de Canaleta, en Ciego de Ávila, comenzó también como un rumor. Videos fragmentarios y audios difundidos por familiares hablaban de protestas, disparos y posibles fallecidos. Días después, las autoridades confirmaron disturbios, pero negaron víctimas mortales. La distancia entre lo que se reconoce oficialmente y lo que circula extraoficialmente volvió a evidenciar la brecha de confianza. En un país con más de 1.000 presos políticos, cualquier incidente en una prisión se convierte en chispa de alarma colectiva.
Sobre todo este mar de especulaciones planeó la palabra más temida: Opción Cero. La evocación de un escenario extremo –ciudades paralizadas, transporte detenido, alimentación en ollas colectivas– recorrió barrios y redes. Para muchos, no se trata ya de una hipótesis sino de una amenaza latente si la crisis energética se profundiza. Las largas horas sin electricidad, el transporte colapsado y la escasez creciente parecen dar cuerpo a ese fantasma.
Febrero volvió a dejar claro que los rumores en Cuba no surgen en el vacío. Se alimentan del silencio oficial, de la precariedad material y de una historia reciente donde lo impensable terminó ocurriendo.