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El castrismo moviliza a sus huestes violentas en México para boicotear el documental sobre Otero Alcántara

México

El público y el director cubano de la película, Ernesto Fundora, fueron agredidos con palos en una acción reivindicada por el Partido Comunista de México

El episodio confirma que el aparato represivo de la Isla ya no se limita a reprimir dentro de sus fronteras. / Captura de Pantalla / Facebook / Ernesto Fundora
14ymedio

21 de mayo 2026 - 16:27

La Habana/“¡Malditos gusanos!”, gritaba un simpatizante del castrismo, con gestos amenazantes, mientras otros miembros del grupo agitaban palos y banderas, algunos con el rostro cubierto. Lo que debía ser la presentación en México del documentalLuis Manuel Otero Alcántara: Estamos conectados, dirigido por el cineasta cubano Ernesto Fundora, terminó convertido en un acto de intimidación política, con consignas castristas, empujones, amenazas y agresiones contra varios asistentes, incluido el propio realizador. 

La función, organizada en el Centro Universitario Cultural de Ciudad de México, una institución privada, pretendía abrir un espacio de diálogo sobre la vida y la obra de Luis Manuel Otero Alcántara, artista plástico, preso político y una de las figuras más visibles del Movimiento San Isidro. Pero el encuentro terminó convertido en una escena de hostigamiento que reprodujo, fuera de Cuba, los métodos utilizados durante décadas por La Habana para intimidar a artistas, activistas y opositores. 

Según denunciaron participantes en el evento, los agresores llegaron con la misión de impedir que se hablara de Otero Alcántara, de su encarcelamiento y de la persecución contra la creación independiente en Cuba. Fundora, director del documental, fue agredido con palos y mostró los golpes y heridas en sus brazos durante una directa en Facebook. 

El documental de Fundora es el retrato de un artista encarcelado por ejercer su libertad creativa

El Partido Comunista de México (PCM) reivindicó públicamente la acción en sus redes sociales. “Solo estamos cumpliendo la Resolución del 2021 del PCM de que no permitiremos ninguna falta de respeto a Cuba en nuestra presencia”, publicó la organización, en un mensaje que confirma el carácter político y organizado del boicot. También justificaron la violencia remarcando que su “solidaridad” con el régimen castrista no solo debe expresarse “con palabras y declaraciones”. 

El episodio confirma que el aparato represivo de la Isla ya no se limita a reprimir dentro de sus fronteras, sino que activa redes de simpatizantes en otros países para intimidar, deslegitimar y silenciar a sus críticos. México, donde viven numerosos exiliados cubanos y donde el régimen conserva poderosos aliados políticos, se ha convertido en un escenario frecuente de estas tensiones.

El documental de Fundora es el retrato de un artista encarcelado por ejercer su libertad creativa. Estamos conectados sigue la trayectoria de Otero Alcántara desde sus performances e intervenciones públicas hasta su participación en el Movimiento San Isidro, la huelga de hambre de 2020, el estallido social del 11 de julio de 2021 y su posterior condena a prisión.

Es un intento de reproducir en territorio mexicano los actos de repudio que el castrismo ha utilizado históricamente en Cuba

Otero Alcántara fue sentenciado a cinco años de cárcel por delitos como desacato, desórdenes públicos y ultraje a los símbolos patrios, cargos que organizaciones internacionales de derechos humanos consideran de motivación política. Su caso se ha convertido en emblema de la criminalización del arte independiente en la Isla.

Para Fundora, el ataque en México tuvo un sentido inequívoco. No se trató solo de una protesta contra una película, sino de un intento de reproducir en territorio mexicano los actos de repudio que el castrismo ha utilizado históricamente en Cuba, con gritos organizados, acusaciones de “mercenarios”, intimidación física y anulación del debate.

La violencia contra la presentación también revela la incomodidad que provoca Otero Alcántara en el relato del régimen. El artista, desde la precariedad de San Isidro y sin pertenecer a estructuras opositoras tradicionales, logró exponer ante el mundo el rostro policial de un sistema que durante años intentó vender una imagen de revolución cultural.

El régimen cubano sabe que no puede encarcelar a todos sus críticos fuera de la Isla, pero sí intenta marcarlos, acosarlos y fabricarles un clima de miedo. En Ciudad de México, sus simpatizantes hicieron el trabajo sucio, pero solo consiguieron confirmar por qué esa historia necesita ser contada.

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