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Cubanos denuncian su situación en hotel-prisión de Quito

A las afueras del hotel-prisión un cordón de policías vela porque los cubanos allí recluidos no puedan salir. (Ministerio del Interior de Ecuador)
Mario J Penton

27 de febrero 2016 - 19:55

Miami/Cuatro pisos rodeados de garitas de vigilancia con turnos de policías, eventuales registros, cercas eléctricas, barrotes en puertas y ventanas. Pesados portones de acero, cámaras de seguridad y segregación entre mujeres y hombres, sin wifi y con visitas reguladas. Escasos rayos de sol que no penetran el patio techado donde los residentes tienden la ropa lavada y un sótano para recluir a los “huéspedes” que se atrevan a protestar por las malas condiciones en que el “Gobierno de la Revolución Ciudadana” de Rafael Correa retiene a los indocumentados.

Ese es el aspecto del llamado “Centro de acogida temporal hotel Carrión”, una instalación que, según el Ministerio del Interior ecuatoriano “tiene como finalidad albergar a ciudadanos extranjeros que se encuentran en proceso de deportación”.

En 2013, tras un fallo judicial el Gobierno ecuatoriano decidió cerrar un lugar similar, el tristemente conocido hotel Hernán y trasladar a los extranjeros al nuevo sitio. Fuentes consultadas por 14ymedio indican que en enero de este año estaban “albergados” en el hotel Carrión 43 hombres y ocho mujeres de distintas nacionalidades, nueve de ellos cubanos.

Ricardo Javier Rizo Ramírez, Osvaldo Polo Céspedes y Fernando Collazo Costales son tres de estos cubanos. Salieron de la Isla por donde pudieron. Desde distintos puntos del globo llegaron a una nación que en el artículo 40 de su Constitución establece que “no se identificará ni se considerará a ningún ser humano como ilegal por su condición migratoria”. Según su propio presidente, Rafael Correa,“ningún ser humano puede ser considerado ilegal (...) eso es una barbaridad, es una aberración”.

Javier es Licenciado en idioma inglés y teólogo. Logró una visa de turista y se marchó a Argentina en busca de mejores oportunidades. “Viví un año y dos mes en Ushuaia, la ciudad del fin del mundo, por ser la más austral. Trabajé allí como guía turístico de manera ilegal, pero en vista de que no podía obtener los papeles me fui a vivir a Chile, donde me ocurrió otro tanto”, cuenta a través de una llamada por WhatApp con este diario.

El joven agrega que se decidió y atravesó Bolivia, pasó la frontera de Perú “en el maletero de un taxi” y “luego, en el pueblo de Desaguadero tomé un bus hasta Lima y de allí llegué a este país”.

En Ecuador trabajó en un cibercafé por diez dólares al día hasta que lo contrataron como cocinero en un restaurante. Por su buena labor terminó dirigiendo el lugar. Javier quiso continuar rumbo y llegar hasta Estados Unidos, pero se quedó sin dinero en Colombia y debió volver a tierras ecuatorianas. Allí comenzó su pesadilla.

“Cuando regresé a Ecuador fue que me atraparon en un mercado. La audiencia duró cinco minutos y el fallo fue inmediato: deportación. En otras ocasiones intenté sellar mi pasaporte pero nunca me lo quisieron hacer. Ahora llevo 126 días en el Carrión”.

Cerca de Javier, está Osvaldo, originario de Puerto Padre, en Las Tunas y quien trabajaba de instructor de arte hasta que logró viajar a Venezuela como turista hace ocho años. Decidió no regresar a la Isla. “Ecuador era ideal para mi. Yo soy un emprendedor, alguien que necesita libertad para crear. Este es un país bello a pesar de las arbitrariedades y la xenofobia contra los cubanos”, refiere y detalla que cruzó ilegal por Colombia para alcanzar su objetivo.

A los tres meses de estar trabajando en Ecuador fue denunciado a la policía y conducido al hotel-prisión donde lleva cinco meses. Las autoridades le han informado que no lo pueden deportar ni a Venezuela ni a Cuba, porque no lo reconocen como nacional. En el caso de la Isla, los cubanos pierden la residencia en su propio país al pasar más de dos años sin regresar del extranjero.

Fernando Collazo es conocido como “El matancero”. Llegó a Ecuador como turista en 2014, consiguió trabajo en un colegio como albañil y se unió de hecho con una ecuatoriana con la que ahora espera un bebé. Al regresar de una entrevista en la embajada cubana donde le aseguraron que solo debía esperar a que naciera su hijo para que le dieran la cédula, fue capturado y transferido al Carrión.

Collazo está abatido: “solo falta un mes y medio para que mi hijo nazca” y “quisiera que me concedieran la oportunidad de conocerlo”. Le preocupa una eventual deportación a Cuba

En palabras de todos los entrevistados es el caso más conmovedor del hotel-prisión. El juez le ha ratificado la sentencia de deportación y le denegó el habeas corpus interpuesto por su abogada. De nada valieron las súplicas de su mujer en avanzado estado de gestación ni la demanda de manutención que ella interpuso en un intento desesperado de anclar a su esposo para que no fuera deportado.

Collazo está abatido: “solo falta un mes y medio para que mi hijo nazca” y “quisiera que me concedieran la oportunidad de conocerlo”. Le preocupa una eventual deportación a Cuba pues no tiene cómo costear un posible regreso a Ecuador. Para pagarse el viaje y la carta de invitación tuvo que vender todas sus pertenencias y ya no le queda nada en la Isla.

“El gran problema aquí es que estamos en un limbo jurídico” comenta Javier. “Los jueces dicen que no estamos detenidos, porque legalmente no estamos en una prisión, algo que por demás sería inconstitucional, pero tampoco somos libres, porque no podemos salir de aquí”. La respuesta del Ministerio del Interior es asombrosamente ambigua: “Los extranjeros en proceso de deportación no son detenidos, reciben albergue de manera temporal”. Pero un albergue del cual no pueden salir. “Aquí se están violando todos nuestros derechos”, comenta Fernando, “A esta gente no le importamos nada, hasta el juez nos ha difamado”

“Aquí por poco y nos quemamos. Ya me han tocado dos incendios en el hotel. El primero fue en el sótano y el último fue una haitiana y dos cubanas que estaban en la misma habitación y que le prendieron fuego al segundo piso. Los guardias se fueron corriendo y cuando sentimos el olor a humo, tuvimos que salir corriendo de las habitaciones”.

Otro tema importante para los retenidos es la duración de los trámites de deportación. “Es muy duro cuando vienen a buscar a un cubano para deportarlo. A todos los demás extranjeros le avisan con antelación. A los cubanos no. Eso es parte de la cubanofobia que se vive en este país. Yo estoy aquí porque Cuba no me recibe. Pero en cualquier momento viene el GOE (Grupo de Operaciones Especiales de la policía ecuatoriana) y te secuestra. Así han hecho con otros y si no quieres abrirles la puerta te la derriban. La semana pasada se llevaron a un cubano, Reinier Guzmán, en esas condiciones. Fue un momento muy malo, nos empujaron dentro de las habitaciones, nos apuntaban con sus armas y Reinier destruyó todo lo que pudo en la habitación porque él no quería ser deportado.”

“¿La Embajada de Cuba?”, pregunta Osvaldo y comienza a reírse. “Imagínate que yo le envié varios mensajes al cónsul haciéndole preguntas. Nunca contestó (…). En este tiempo no nos han ofrecido ningún tipo de ayuda”. Javier logró contactar al cónsul “después de dos meses intentando”. Porque asegura que “él no responde las llamadas, aunque una abogada cercana a su círculo me ayudó a hacerlo después de 11 comunicados oficiales pidiéndole respuesta”.

El consulado cubano no ha respondido tampoco a los intentos de 14ymedio de corroborar la versión de los entrevistados.

Además de los tres cubanos que brindaron sus testimonios para este reportaje, se encuentran en el mismo hotel-prisión Yamilet Enrique Tellez, Iliana Quezada Quiñones, Antonio Lamber, Yondri Collado y Aniel Ernesto Medina Reyes.

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