Febrero editorial: seis libros para entender la Cuba dispersa
Libros de febrero
Las novedades literarias del mes recorren la memoria, el exilio y la historia cultural de la Isla en un momento de crisis para las editoriales nacionales
La Habana/Febrero suele ser un mes breve en el calendario, pero no necesariamente en las librerías. Al menos no en ese territorio cada vez más disperso que ocupa hoy la literatura cubana, repartida entre editoriales del exilio, sellos independientes y plataformas que publican fuera de la Isla lo que dentro apenas encuentra espacio. Mientras tanto, en Cuba el panorama editorial continúa siendo un páramo: menos papel, menos títulos nuevos, menos autores que permanezcan en el país y una censura que sigue delimitando lo que puede o no llegar a las estanterías oficiales.
Fuera de ese desierto institucional, la producción literaria cubana continúa respirando. Febrero dejó varios títulos dignos de atención que dialogan con la memoria, la diáspora, la historia cultural y las zonas más conflictivas de la realidad nacional. Entre novelas, ensayos, poesía y libros híbridos entre arte y archivo, el mes ofreció un pequeño mapa de preocupaciones que atraviesan hoy a los escritores cubanos.
El plato fuerte llegó de la mano de Antonio José Ponte con Desfila La Habana, una novela inclasificable que confirma la capacidad del autor para convertir la historia en materia narrativa. Ponte arma aquí una especie de carnaval literario situado en los meses decisivos de 1958 y 1959, cuando el mundo miraba hacia Cuba sin entender del todo lo que estaba ocurriendo. En ese escenario se cruzan estrellas de cine, mafiosos, periodistas y espías, mientras un guerrillero llamado Fidel Castro comienza a convertirse en noticia internacional.
La novela incorpora figuras reales en una trama que bordea lo detectivesco y lo histórico: Ian Fleming, el creador de James Bond y entonces responsable de la sección internacional de The Sunday Times, encarga al cronista Norman Lewis viajar a La Habana para investigar qué ocurre en la Isla. En ese viaje aparecen también Ernest Hemingway, Ava Gardner y los personajes del submundo mafioso que dominaba los casinos. Ponte mezcla documentación, ironía y ficción para reconstruir un momento en que La Habana parecía el centro del mundo y el futuro de Cuba estaba a punto de torcer su rumbo. El resultado es una novela tan erudita como juguetona, que se lee con la sensación de asistir a un desfile de fantasmas históricos.
Ponte mezcla documentación, ironía y ficción para reconstruir un momento en que La Habana parecía el centro del mundo y el futuro de Cuba estaba a punto de torcer su rumbo
Otro de los libros más singulares del mes es ¿Qué objeto te llevaste contigo cuando saliste de Cuba?, de la fotógrafa Evelyn Sosa, publicado por Rialta Ediciones. El volumen reúne parte de su serie No Place Is Far Away, un archivo visual de la emigración cubana construido a partir de los objetos que las personas llevaron consigo al abandonar la Isla.
Cada fotografía es, en realidad, un fragmento de memoria. Una carta, un juguete, una estampita religiosa, una prenda de ropa. Pequeñas pertenencias que, reunidas en conjunto, trazan un mapa emocional del desarraigo. Más que en la intimidad doméstica, la obra de Sosa se interesa en el tránsito: del recuerdo a la pérdida, de la presencia a la despedida, de Cuba al exilio. Son pedazos de vida que funcionan como talismanes contra el olvido. El libro convierte esos objetos en testimonios silenciosos de una de las experiencias más decisivas de la Cuba contemporánea: la migración.
Desde otro registro llega La música del Tacón en el Diario de la Marina: La Habana, Cuba (1844-1851), del periodista cultural Antonio Gómez Sotolongo. El volumen se adentra en la relación entre dos instituciones clave de la vida cultural habanera del siglo XIX: el Gran Teatro de Tacón y el histórico periódico Diario de la Marina.
Entre esos años el teatro acogió a algunas de las grandes luminarias de la escena musical y teatral internacional, mientras que el periódico reseñaba casi todo lo que ocurría en su escenario. Gómez Sotolongo reconstruye ese diálogo entre espectáculo, crítica y público para mostrar cómo se fue formando un gusto cultural que contribuyó a consolidar una identidad nacional. Más que una simple recopilación documental, el libro funciona como una ventana hacia la vida artística de una Habana cosmopolita y vibrante.
La poesía también tuvo su espacio este mes con Yuma, el poemario bilingüe del cubano Osvaldo Cleger. El cuaderno, descrito por el poeta José Félix León como una serie de “paquetes de versos contenidos y precisos”, explora la experiencia de la diáspora desde una perspectiva cultural más amplia.
Cleger, profesor de estudios culturales en el Instituto de Tecnología de Georgia, construye un libro que dialoga con la tradición antillana mientras observa la dispersión de la Isla por el mundo. Sus poemas funcionan como pequeñas ondas que se expanden desde el Caribe hacia otras geografías, reflejando una identidad en constante desplazamiento.
Incluso lejos de la Isla o al margen de sus instituciones culturales, los autores siguen encontrando maneras de contar sus historias
En narrativa breve destaca Los cofrades de Columbia Street, de Luis Marcelino Gómez, publicado por Ilíada Ediciones. Amir Valle ha subrayado la originalidad narrativa del autor y su capacidad para convertir la vida cotidiana en espejo literario de las contradicciones humanas. Los cuentos del volumen exploran miedos, frustraciones, esperanzas y miserias con una mirada incisiva que combina observación psicológica y tensión narrativa.
También en febrero apareció Inconsecuencias, de José Prats Sariol, publicado por Verbum. El libro reúne ensayos, artículos y reseñas escritos entre 2018 y 2025, organizados como un recorrido intelectual que se mueve entre la crítica literaria y la reflexión cultural. En sus páginas conviven Kafka, Virgilio Piñera, William Blake o Eliseo Diego, en un diálogo que confirma la erudición y la ironía características del autor.
Finalmente, el narrador Efraín Rodríguez Santana amplía su Trilogía de Quinta Avenida con la novela Nonadanadie, continuación de Mi último viaje en Lada. En esta entrega se profundiza en la vida de Cata, un personaje que se mueve dentro de una compleja trama de persecución y rivalidades en los pasillos de un Ministerio del Interior que parece regular la respiración del país. La novela explora las tensiones del poder dentro de un sistema obsesionado con el control absoluto.
Así, mientras en Cuba las editoriales oficiales publican cada vez menos títulos nuevos y muchos escritores han emigrado o publican desde el extranjero, la literatura cubana continúa expandiéndose en otros territorios. Los libros de febrero confirman que, incluso lejos de la Isla o al margen de sus instituciones culturales, los autores siguen encontrando maneras de contar sus historias.