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La fría solidaridad de Cuba con una Venezuela que ya no es la de Maduro

Terremotos

Familiares confirmaron la muerte de la cubana Vanessa Martínez, mientras el Ministerio de Exteriores de la Isla niega la existencia de fallecidos, heridos o desaparecidos

Vanessa Martínez, de 15 años y natural de Melena del Sur, Mayabeque, murió bajo los escombros tras los terremotos que sacudieron Venezuela. / Martí Noticias
14ymedio

28 de junio 2026 - 09:04

La Habana/La muerte de la niña cubana Vanessa Martínez bajo los escombros en Venezuela dejó en evidencia este sábado la distancia entre los reportes de las familias y la versión del Ministerio de Relaciones Exteriores de la Isla. Horas antes de conocerse el hallazgo del cuerpo de la joven, la cancillería había asegurado que no tenía informes oficiales de ciudadanos cubanos fallecidos, heridos o desaparecidos tras los terremotos.

Los familiares de Martínez, natural de Melena del Sur, en Mayabeque, confirmaron también que su hermano Dayan continuaba sin ser localizado. Ambos estaban en el estado de La Guaira, el territorio más devastado por los dos sismos de magnitudes 7,2 y 7,5 que golpearon el norte de Venezuela el miércoles.

La información familiar contrastó con las palabras de Ana Teresita González Fraga, directora general de Asuntos Consulares y Cubanos Residentes en el Exterior. La funcionaria afirmó que, “hasta el momento”, no había “reportes oficiales de connacionales heridos, fallecidos o desaparecidos”.

En contraste, la prensa independiente ha dado información sobre cerca de 30 cubanos desaparecidos y ha publicado fichas de búsqueda, muchas de ellas acompañadas de fotografías, edades y últimas ubicaciones conocidas, principalmente en Caraballeda, Catia La Mar y otros puntos de La Guaira.

El último balance divulgado este domingo por el Gobierno de Venezuela eleva a 1.430 los fallecidos y 3.238 los heridos por los terremotos

El comunicado oficial puso también de manifiesto una respuesta consular lenta. Tres días después de la catástrofe, la Cancillería todavía no ha publicado un registro propio sobre cuántos colaboradores y ciudadanos de la Isla se encuentran en las zonas afectadas. Tampoco ha dicho cuántas familias se han comunicado con sus oficinas ni qué gestiones realiza en hospitales, refugios y morgues venezolanos.

El último balance divulgado este domingo por el Gobierno de Venezuela eleva a 1.430 los fallecidos y 3.238 los heridos por los terremotos del 24 de junio. Las cifras siguen siendo provisionales, porque las labores de búsqueda continúan en La Guaira y varios sectores de Caracas, donde numerosas personas permanecen sin localizar. Las autoridades informaron además del rescate con vida de 33 personas durante el sábado.

Frente a la magnitud de la tragedia, la reacción cubana ha sido mucho menos visible que la movilización internacional. Más de una decena de países han enviado especialistas, perros entrenados, hospitales de campaña, equipos médicos, maquinaria y cargamentos de alimentos. Venezuela ha recibido a unos 1.600 rescatistas extranjeros. Estados Unidos movilizó equipos de búsqueda y anunció 150 millones de dólares en asistencia, mientras México, Colombia, España, Alemania, Francia, Suiza, India y otros países aportaron recursos y personal.

Miguel Díaz-Canel tardó alrededor de 12 horas en enviar sus condolencias después de los terremotos

La Habana, en cambio, ha presentado como su principal contribución el trabajo de los profesionales sanitarios que ya se encontraban en Venezuela antes de los terremotos. “Cuba no tuvo que llegar, Cuba estaba allí”, afirmó este sábado una publicación de la Agencia Cubana de Noticias, que intenta convertir ese despliegue previo en la principal prueba de ayuda cubana. Ante la ausencia de acciones desde la Isla, la prensa estatal reivindica como ayuda la estructura sanitaria desplegada previamente mediante los convenios entre ambos gobiernos. El texto no precisa, sin embargo, cuántos médicos fueron movilizados, en qué lugares trabajan ni cuántos damnificados han atendido.

Incluso al abordar la tragedia, la propaganda oficial no abandona el conflicto abierto tras el 3 de enero. Un texto publicado en Sierra Maestra describe a Venezuela como un país “herido” y con su “jefe máximo secuestrado en Estados Unidos”, una manera de colocar los terremotos bajo la sombra de la captura de Nicolás Maduro y presentar la actuación cubana como una prolongación de su lealtad política al chavismo.

El único anuncio claro hasta el momento es el futuro envío de un equipo forense integrado por médicos legistas, tanatólogos y antropólogos para colaborar en la identificación de los cadáveres. Uno de sus integrantes, el matancero Yoel Monzón González, reconoció que existe “un número elevado” de desaparecidos y que muchas familias todavía desconocen si sus allegados murieron o continúan con vida.

Cuba sigue hablando del “pueblo hermano” y exhibe a sus médicos como prueba de solidaridad, pero ya no aparece en primera línea de la movilización solidaria internacional

También llamó la atención la demora de Miguel Díaz-Canel. El gobernante tardó alrededor de 12 horas en enviar sus condolencias después de los terremotos. Su mensaje fue breve y mencionó la movilización del personal sanitario cubano. El canciller Bruno Rodríguez había reaccionado antes, aunque tampoco anunció ayuda adicional. La respuesta resulta especialmente contenida si se compara con la ofensiva política desplegada por La Habana tras la captura de Maduro. El 3 de enero, Díaz-Canel condenó inmediatamente la operación estadounidense, encabezó actos de protesta y convirtió el episodio en una cuestión de seguridad nacional para Cuba.

La caída del gobernante venezolano alteró una relación presentada durante más de dos décadas como una alianza indestructible. La muerte de 32 militares y agentes cubanos encargados de proteger a Maduro demostró, además, que La Habana había mentido durante años al negar la presencia de tropas o efectivos de seguridad en Venezuela. Aquella mentira obliga ahora a recibir con cautela cualquier declaración oficial sobre la presencia o la situación de ciudadanos cubanos en ese país.

Desde entonces, la influencia de La Habana dentro del aparato venezolano se ha reducido y Caracas comenzó a acercarse a Washington. La relación no se ha roto, pero ya no conserva la confianza ni el alcance político, militar y económico que tuvo bajo Hugo Chávez y Maduro.

Ese cambio ayuda a explicar la diferencia entre la retórica y los hechos. Cuba sigue hablando del “pueblo hermano” y exhibe a sus médicos como prueba de solidaridad, pero ya no aparece en primera línea de la movilización solidaria internacional. Su prioridad parece concentrarse en proteger las misiones oficiales que conserva y administrar con desdén la información sobre los demás cubanos residentes en Venezuela.

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