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"Bien fríos", el nuevo lujo cubano

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En una Habana castigada por apagones de más de 24 horas, ofrecer una bebida refrigerada se ha convertido en un oasis comercial

Antes los carteles anunciaban "ofertas", "combos" o "novedades". Ahora basta con escribir "bien fríos" para atraer clientes. / 14ymedio
Natalia López Moya

17 de julio 2026 - 10:29

La Habana/A media mañana, la zona de Ayestarán donde abre la dulcería Choco Alexo parece una isla en medio del desierto. Mientras la mayoría de los comercios del barrio mantienen las neveras apagadas después de más de 24 horas sin electricidad, un cartel escrito a mano cuelga sobre la entrada con un mensaje que hace apenas unos años habría resultado innecesario: "Líquidos variados, bien fríos".

No anuncia una oferta ni una rebaja. Promete algo mucho más escaso.

En la Cuba de los apagones interminables, una bebida fría se ha convertido en un lujo cotidiano. Lo que antes era un detalle sin importancia, una cerveza recién sacada del refrigerador, un refresco que empañara el cristal de la botella o un vaso de agua con hielo, ahora es motivo suficiente para detenerse frente a un establecimiento y entrar a preguntar si todavía queda algo fresco.

Comprar un paquete de cuartos de pollo implica tocar en varios lugares el nailon para comprobar si la carne mantiene la firmeza o si ya comenzó a descongelarse, dejando escapar ese líquido pegajoso que termina empapando la bolsa y las manos. Lo mismo ocurre con las salchichas, las hamburguesas, el picadillo y ni hablar del helado.

Los dueños calculan cada minuto de funcionamiento de los refrigeradores para no agotar las baterías o el combustible de las plantas eléctricas

En muchas cafeterías privadas, el café sigue saliendo caliente porque basta un fogón de gas para prepararlo, pero pedir un refresco que no esté a temperatura ambiente se ha convertido casi en un acto de optimismo. Los dueños calculan cada minuto de funcionamiento de los refrigeradores para no agotar las baterías o el combustible de las plantas eléctricas. Otros, simplemente, han renunciado a ofrecer productos que necesiten mantenerse a baja temperatura.

La escasez ha cambiado incluso el lenguaje comercial. Antes los carteles anunciaban "ofertas", "combos" o "novedades". Ahora basta con escribir "bien fríos" para atraer clientes. Lo extraordinario ya no es el producto, sino la temperatura a la que logra conservarse.

La crisis energética ha ido calentando, literalmente, la vida cotidiana.

En otro barrio, lejos de la calle Ayestarán, un grupo de muchachos terminaba un partido de fútbol callejero bajo un sol implacable. Sudados, con las camisetas pegadas al cuerpo y las rodillas llenas de polvo, uno de los niños lanzó un grito que resonó por toda la cuadra. "¡Quiero un vasito de agua con hielo!". No pidió un refresco importado, ni una malta, ni una bebida energizante. Solo agua. Agua con hielo. Lo dijo con un tono tan desgarrado que varias personas levantaron la vista desde sus portales. 

Nadie respondió. Todos sabían que aquel deseo tan modesto podía resultar tan difícil de cumplir como cualquier otro lujo.

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