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Lavadoras en dólares para una ciudad que sigue lavando a mano

Matanzas

La nueva tienda de Copextel vende electrodomésticos en moneda extranjera en una Matanzas golpeada por los apagones 

En una provincia donde los apagones pueden prolongarse durante 40 o hasta 50 horas consecutivas, el Estado apuesta por vender electrodomésticos. / 14ymedio
Julio César Contreras

12 de julio 2026 - 14:03

Matanzas/La primera sensación al cruzar la puerta es la del silencio. No hay la música estridente de las tiendas privadas ni el ir y venir de clientes que caracteriza a los comercios más concurridos de la ciudad de Matanzas. Solo unos pocos visitantes recorren con calma un salón amplio, impecable, donde refrigeradores, lavadoras automáticas, televisores, ventiladores y ollas arroceras descansan como piezas de exposición. Al fondo, una fotografía de Fidel Castro observa la escena desde la pared. Bajo esa mirada, los precios aparecen en dólares.

La nueva tienda inaugurada por Copextel, dentro de la propia sede de la empresa en la Calzada de San Luis, vuelve a ensanchar una de las fronteras más visibles de la Cuba actual: la que separa a quienes reciben remesas o tienen acceso a divisas de quienes sobreviven únicamente con un salario pagado en pesos cubanos.

El contraste resulta inevitable. En una provincia donde los apagones pueden prolongarse durante 40 o hasta 50 horas consecutivas, el Estado apuesta por vender electrodomésticos modernos, equipos electrónicos y soluciones energéticas que solo una minoría puede pagar. La mayoría de los matanceros sigue calculando cuántas horas de corriente tendrá esa semana, mientras contempla vitrinas llenas de equipos pensados para un país que parece existir solo dentro de este salón climatizado.

"Yo tenía apenas 90 pesos en la cartera. Ni trabajando dos años podría reunir ese dinero". / 14ymedio

"Esa opción no es para nosotros, los pobres", resume Arasay mientras, de regreso en su casa, restriega a mano la ropa de sus hijos en una batea de plástico.

La instructora de arte llegó hasta la tienda porque una amiga residente en el extranjero quería conocer el precio de un panel solar para comprárselo a sus padres ancianos. Sin embargo, la misión terminó antes de empezar.

"Me dijeron que ya no quedaban paneles y que tampoco sabían cuándo volverían a entrar", cuenta. La respuesta le recordó uno de los viejos males del comercio estatal cubano: abrir una tienda no garantiza tener mercancía.

Mientras caminaba entre las lavadoras automáticas, Arasay no pudo evitar detenerse frente a una cuyo precio rondaba los 210 dólares. Sacó el teléfono y le tomó una fotografía para enseñársela a su esposo. Era la única forma de llevársela.

"Yo tenía apenas 90 pesos en la cartera. Ni trabajando dos años podría reunir ese dinero", lamenta. "Dicen que estas tiendas son para mejorar la calidad de vida del pueblo, pero yo sigo lavando la ropa a mano".

"Dicen que estas tiendas son para mejorar la calidad de vida del pueblo, pero yo sigo lavando la ropa a mano". / 14ymedio

Las etiquetas muestran cifras que, en algunos casos, superan las que cobran los vendedores particulares. Un ventilador de pedestal puede adquirirse por 85 dólares y algunos pequeños electrodomésticos alcanzan las tres cifras.

Carlos, un emprendedor matancero que también visitó recientemente el establecimiento, cree que el proyecto busca sobre todo captar divisas para sostener a Copextel.

"Me llama la atención que hayan montado la tienda dentro de la empresa y no en alguna zona comercial de la ciudad. No parece un lugar pensado para atraer al público. Más bien transmite la sensación de que quien sabe que existe viene a buscar algo específico", opina.

A su juicio, la competencia con los vendedores privados todavía deja mucho que desear.

"Las empresas estatales siguen sin entender que vender también significa informar, convencer y facilitar la compra." / 14ymedio

"El particular te vende la lavadora y muchas veces te la lleva hasta la puerta de tu casa. Aquí no existe ese servicio. Al final tienes que alquilar un transporte para mover un equipo pesado y ese gasto termina anulando cualquier diferencia de precio."

La atención al cliente tampoco parece haber escapado de los viejos hábitos burocráticos. Cuando Carlos preguntó cuánto tiempo de garantía tenían los equipos, la empleada que lo atendía no supo responderle.

"Me dijo que la única que conocía esa información era la gerente y que había que esperar a que regresara. Yo no podía perder toda la mañana por un dato tan básico", recuerda. "Las empresas estatales siguen sin entender que vender también significa informar, convencer y facilitar la compra."

Mientras tanto, el salón permanece casi vacío. Las vitrinas lucen ordenadas y las pantallas negras de varios televisores reflejan a los escasos visitantes. Fuera del edificio, Matanzas vuelve a parecerse a la ciudad de siempre. El calor cae sobre el asfalto, los vecinos hablan del próximo apagón y las bateas continúan sustituyendo a las lavadoras automáticas.  

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