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“No tenemos fecha todavía”: La Isla de la Juventud sigue incomunicada dos días después por daños en sus enlaces marítimos

Comunicaciones

El municipio especial queda como una isla dentro de otra, sin móviles y con llamadas fijas solo locales 

La Isla de la Juventud vuelve a descubrir la dimensión literal de su doble insularidad.  / Facebook/ Isla de la Juventud
14ymedio

10 de septiembre 2026 - 13:41

La Habana/Dos días después de que quedaran dañadas las dos principales vías de telecomunicaciones que unen la Isla de la Juventud con el resto de Cuba, el municipio especial continúa prácticamente incomunicado. Los teléfonos móviles permanecen sin servicio y las líneas fijas que funcionan solo permiten llamadas locales, mientras el monopolio estatal de las telecomunicaciones, Etecsa, no ha explicado todavía qué ocurrió ni cuándo espera restablecer completamente la conexión.

La incertidumbre alcanza incluso a quienes llaman directamente a la empresa en busca de información. Este diario contactó este jueves con el servicio de atención de Etecsa para preguntar cuándo se restablecerían las comunicaciones con la Isla de la Juventud. “No tenemos fecha todavía, manténgase comunicado por los canales oficiales”, respondió una operadora.

La avería convierte al territorio en una isla dentro de otra isla, esta vez también digitalmente. Sus habitantes pueden comunicarse entre ellos por las líneas fijas que continúan operativas, pero no llamar al resto del país. Tampoco disponen de telefonía móvil y el acceso a internet ha quedado interrumpido. 

La desconexión llegó, además, después de que las autoridades locales se jactaran de una modesta ampliación del acceso a internet. El Portal del Ciudadano de la Isla de la Juventud celebró la instalación de una nueva zona Wi-Fi en Nueva Gerona, en un parque junto a la rotonda de la calle 41, como una manera de “aumentar las opciones de conectividad a internet para los pineros”. Poco después, la avería dejó sin servicio móvil a todo el territorio.

La empresa se limitó a precisar que son “enlaces marítimos” y que sus especialistas trabajan junto con empleados de Geocuba para repararlos en “condiciones complejas”

Etecsa informó este martes que habían sufrido daños “las dos vías principales de conexión” del municipio especial con la red nacional. La empresa se limitó a precisar que son “enlaces marítimos” y que sus especialistas trabajan junto con empleados de Geocuba para repararlos en “condiciones complejas”. El monopolio estatal afirmó haber habilitado conexiones alternativas para mantener comunicadas a las autoridades locales, pero no anunció ninguna solución similar para la población.

La situación ha provocado también críticas en redes sociales. “Si hay afectación y el problema es aún mayor, ¿cuáles son las alternativas para este tipo de problemas? Pues no las hay, así de simple, porque solo basan las telecomunicaciones en un solo tipo de infraestructura”, escribió en Facebook Arian Cáceres, quien reclamó que se autorice a la población el uso de otras formas de acceso a las comunicaciones. “Esa sí es una alternativa”, añadió.

Buena parte de las quejas que se multiplican en redes sociales proceden de cubanos residentes en el extranjero o fuera de la Isla de la Juventud y que, de un momento a otro, perdieron la comunicación con sus familiares. Son ellos quienes preguntan con mayor insistencia cuándo volverán las llamadas y el acceso a internet, ante la imposibilidad de saber siquiera cómo se encuentran sus parientes.

El aislamiento resulta todavía más paradójico porque tampoco el resto de Cuba disfruta precisamente de buenas comunicaciones. Los cortes de electricidad se han convertido en cortes de internet y telefonía en numerosos territorios. Etecsa ha reconocido que las fallas eléctricas y las dificultades con los grupos electrógenos que respaldan sus instalaciones provocan cada vez mayores afectaciones en la red móvil.

En 2008, Etecsa enlazó la Isla de la Juventud con la red nacional mediante un cable submarino de fibra óptica

La actual desconexión contrasta además con lo ocurrido hace exactamente 18 años. En 2008, Etecsa enlazó la Isla de la Juventud con la red nacional mediante un cable submarino de fibra óptica. La infraestructura entró en funcionamiento prácticamente a las puertas del huracán Gustav, que golpeó el territorio el 30 de agosto de aquel año con categoría 4 y vientos superiores a los 200 kilómetros por hora.

Gustav arrasó la Isla. Derribó postes, torres de comunicaciones, viviendas y redes eléctricas, y dejó una devastación que las propias autoridades compararon entonces con una explosión nuclear. Sin embargo, la nueva fibra permitió mantener el enlace con el resto del país en medio del desastre. La prensa oficial celebró el éxito con un inequívoco “La comunicación nunca falló”. 

Ahora no ha hecho falta un Gustav. Sin ciclón sobre el Golfo de Batabanó ni un fenómeno meteorológico comparable, las dos vías marítimas principales han quedado dañadas. La empresa no ha explicado cómo ocurrió, si ambas averías tienen el mismo origen ni qué clase de redundancia existe entre las conexiones. 

Ambos episodios dejan una fotografía inquietante de la vulnerabilidad de unas infraestructuras que deberían ser estratégicas

La fragilidad de las comunicaciones se suma a otro golpe reciente contra una infraestructura esencial del municipio especial. La semana pasada se conoció que desconocidos habían robado todos los equipos de la estación sismológica de la Isla de la Juventud, inaugurada en 2024 y vinculada al sistema de vigilancia de terremotos y tsunamis de Cuba y el Caribe.

Los ladrones se llevaron los paneles solares, las baterías, el sismómetro, el digitalizador y el resto del equipamiento. “No dejaron nada”, lamentó Enrique Arango Arias, jefe del Servicio Sismológico Nacional, quien llegó a pedir que el hecho no fuera considerado un simple robo sino un sabotaje por las consecuencias para un sistema de alerta de importancia nacional.

No existe hasta ahora ningún elemento que vincule aquel saqueo con la actual avería de telecomunicaciones. Ambos episodios, sin embargo, dejan una fotografía inquietante de la vulnerabilidad de unas infraestructuras que deberían ser estratégicas.

Dieciocho años después de que la prensa oficial celebrara que ni Gustav había conseguido cortar las comunicaciones, la Isla de la Juventud vuelve a descubrir la dimensión literal de su doble insularidad. 

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