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Prohibido asistir al parto

A pesar de que el reglamento de hospitales no incluye limitaciones para que un padre acompañe a una mujer durante el parto y la fase de recuperación, en la práctica no se permite

Las estrictas regulaciones para la entrada de hombres a los hospitales maternos cubanos limitan la asistencia de los padres al parto. (Cadena Agramonte)
Ricardo Fernández

08 de febrero 2019 - 21:05

Camagüey/Las estrictas regulaciones para la entrada de hombres a los hospitales maternos cubanos desbarataron el plan que los nuevos padres habían imaginado: ella, todavía agotada por el parto pero feliz, mientras él tomaba la primera foto del bebé para mostrar a la familia.

A pesar de que el reglamento general de hospitales, vigente desde 2007, no incluye limitaciones para que un padre acompañe a una mujer durante el parto y la fase de recuperación, en los centros maternos del país solo se permite a los hombres acceder, durante una hora diaria, a los cuartos donde descansan las madres tras dar a luz.

A las afueras del Hospital Universitario Gineco-obstétrico Provincial de Camagüey, los padres se aglomeraban esta semana para entrar a la visita, prevista entre cinco y seis de la tarde. Algunos no conocían todavía a su bebé y, en sus conversaciones, las quejas por las restricciones de acceso se mezclaban con las frases de felicidad por el nuevo hijo.

"La estancia de los padres dentro de los salones de parto está totalmente prohibida y el acceso a las salas [habitaciones] solo se permite en este horario de visitas", repetía el personal de seguridad. Mientras la espera se alargaba, algunos hombres contaban detalles que les habían llegado por teléfono. "Dicen que nació con una mata de pelo", comentaba uno lleno de orgullo. "Me contaron que la niña es igualita a su hermana mayor", agregó otro.

"Aplicamos la lógica. Este es un hospital de mujeres en el que tenemos que respetar la privacidad de las madres", explicó a 14ymedio, bajo condición de anonimato, una enfermera del centro. "Las salas a donde van las mujeres tras parir son compartidas y los médicos tienen que curar la herida de la episiotomía por lo que necesitan proteger la intimidad de las pacientes", agrega.

Para Yilber Durán, un joven de Nuevitas que esperaba delante del hospital por conocer a su tercer bebé, estas normas son, cuando menos, "arbitrarias". La ausencia de transporte público después de las seis de la tarde desde Camagüey hacia los municipios del interior no le había permitido conocer a su bebé hasta ahora.

"Como solo puedo ver a mi esposa entre cinco y seis de la tarde, tuve que organizar con quién dejar a los otros niños para poder venir y quedarme en la ciudad después de visitarla, porque no tengo transporte propio para regresar a Nuevitas", explica a este diario. Durán pasó la noche en el recibidor del centro materno, dando cabezadas en un asiento, como otros padres en la misma situación.

Según cifras oficiales, en este hospital se practican casi el 80% de los partos de la provincia en la que se registran unos 6.000 nacimientos cada año. Las escenas de los padres esperando a las afueras o en el apretado lobby, conocido popularmente como La Cigüeña, se han vuelto comunes. A algunos se les ve temprano en la mañana tratando de buscar un servicio sanitario cerca del hospital y a otros con el cepillo de diente asomándose en un bolsillo.

"Quería cuidar a mi esposa cuando nació la niña. Es mi derecho como padre, pero por más que lo expliqué y lo exigí, no me lo permitieron", se queja Reinier Menéndez. "El colmo de la fobia contra los hombres es que en el Cuerpo de Guardia donde se hacen los trámites de ingreso no podemos pasar a la consulta y ni siquiera hay baños para nosotros", lamenta.

El Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) promueve la paternidad responsable y asegura que ésta implica "estar involucrado en todos los momentos clave del desarrollo" del hijo: "desde la planificación familiar, el embarazo y la salud prenatal, la preparación al parto, el nacimiento, la primera infancia, la niñez y la adolescencia, y para toda la vida".

"Aquí no pueden permanecer los hombres porque no existen condiciones para eso. No es un capricho de la institución, estamos defendiendo la privacidad de las mujeres", explicó a este diario una empleada de Atención a la Población en el hospital que solo se identificó como Miriam. "A partir de que la mujer entra a preparto tiene una acompañante femenina que la ayudará hasta que se va de alta", puntualizó.

Sin embargo, la situación se complica cuando la futura madre no tiene ningún familiar mujer o una amiga que pueda acompañarla en el proceso. En varios testimonios recogidos por este diario de casos en que las embarazadas no pudieron disponer de una compañía femenina, la administración del hospital no suavizó la restricción sobre el acceso de un acompañante hombre.

En una consulta telefónica con más de una decena de hospitales maternos de todo el país la respuesta fue invariablemente la misma. "Los padres no pueden entrar al parto por cuestiones de higiene y privacidad", "no se permite que los hombres acompañen a sus esposas durante la fase de preparto" y "no pueden permanecer en las habitaciones donde ellas son ubicadas tras parir".

A cientos de kilómetros de Camagüey, en La Habana, Ronald, de 34 años, acaba de vivir una experiencia similar. "Desde que mi esposa comenzó a tener las primeras consultas de embarazada le dijimos a la doctora la importancia de que yo pudiera estar en el parto", explica.

"Quería vivir la llegada de mi primer hijo", detalla. "Hasta conseguí un traje para entrar al salón y me preparé para ese momento". Cuando la esposa de Ronald comenzó a sentir las primeras contracciones y llegaron al hospital los planes se hicieron pedazos. "Nos dijeron que eso no se hace así en Cuba y que los hombres no pueden entrar al parto, fue una gran frustración".

En declaraciones a la prensa oficial el doctor Ramón Rivero Pino reconoce el problema: "Para muchos padres resulta frustrante el hecho de llegar al hospital acompañando a su esposa en el momento del parto" porque "sienten que toda la experiencia compartida, los buenos y malos ratos junto a su familia en función del hijo por venir se pierden (ante las restricciones de acceso para ellos)”.

"Las exigencias de la institución hospitalaria sitúan una barrera, un obstáculo que no permite dar continuidad a ese trabajo de tres que se vino realizando hasta ese momento", subraya Rivero.

En el caso de Ronald la frustración de no haber podido "asistir a ese momento tan especial" es aún mayor porque vio cómo dos de sus amigos lograron acceder a un salón de parto, "uno porque es doctor y el otro porque pagó para estar ahí".

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