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Un recorrido por las tiendas de La Habana donde la inflación roza el 100% interanual

Inflación

Los precios en la vida real no corresponden al aumento del 12% anunciado por el Gobierno cubano

La tienda en dólares Casalinda es cada vez más usada por muchos habaneros como termómetro del costo de la vida. / 14ymedio
Juan Diego Rodríguez

22 de marzo 2026 - 16:34

La Habana/La inflación interanual en el mercado formal cubano se situó en febrero en el 12,33%, una ligera caída frente al 12,52% de enero, según informó la Oficina Nacional de Estadística e Información (Onei). El dato oficial registró además una variación mensual del 2,58%, impulsada sobre todo por el transporte, los restaurantes y hoteles, los servicios de la vivienda y los alimentos y bebidas no alcohólicas. En esta última categoría, la más cercana al consumo diario de los hogares, la subida interanual fue del 14,34%, mientras que entre enero y febrero avanzó un 3,43%.

En las estadísticas, la cifra apunta a una leve moderación. En los bolsillos de los cubanos, sin embargo, la sensación sigue siendo otra. Para la mayoría, el costo de la vida no se mide en las desabastecidas tiendas estatales en moneda nacional ni en los circuitos formales que recoge la estadística oficial, sino en los negocios en dólares, todos propiedad del Gobierno, y en una cadena de compras pequeñas, urgentes y fragmentadas que hay que resolver en el mercado informal, en las mipymes, en las carretillas, con revendedores o a través de plataformas de mensajería. Allí, donde aparece lo que falta o lo que no se consigue con regularidad, la inflación se siente con más crudeza y golpea sobre todo a quienes dependen de un salario o una pensión rezagados.

La inflación también se cuenta en objetos concretos, de uso diario, que condensan la angustia doméstica. Este diario pudo comprobar sobre el terreno que la lata de puré de tomate subió de 380 a 440 pesos en apenas dos meses, un alza del 15,8%. La leche condensada pasó de 400 a 450 pesos, un 12,5% más en el mismo período. Más drástico fue el salto del detergente en paquete de 500 gramos, que pasó de 250 a 500 pesos: exactamente el doble. No son lujos, sino productos corrientes que permiten medir la inflación allí donde más duele.

Para entender la dimensión real de estos precios, hay que mirar también la pérdida de valor de la moneda nacional frente al dólar. / 14ymedio

En la tienda en dólares Casalinda, cada vez más usada por muchos habaneros como termómetro del costo de la vida, la libra de arroz se vendía este fin de semana a 1,85 dólares. El detergente de 500 gramos costaba 1,20; el líquido de un litro, 2,70; los coditos de 400 gramos, 1,70; y la harina de trigo de un kilo, 1,55.

Las lentejas de 340 gramos marcaban también 1,55 dólares; las judías, 2,30; los frijoles negros, 2,15; la leche condensada, 1,60 la lata; la mortadela clásica de 500 gramos, 3,10; el jamón de pechuga de pollo, 5,20, y el paquete de cuatro rollos de papel sanitario, 1,40.

Para entender la dimensión real de estos precios en el bolsillo de un cubano que cobra en pesos, hay que mirar también la pérdida de valor de la moneda nacional frente al dólar. Según las referencias de El Toque, en febrero de 2025 la tasa representativa del mercado informal rondaba los 340 CUP por dólar, mientras que en febrero de 2026 la divisa ya se movía en torno a los 500 CUP e incluso rebasó ese umbral a mediados de mes. Es decir, en apenas un año, comprar un dólar pasó a costar alrededor de 160 pesos más para quien solo ingresa moneda nacional.

Incluso si se toma como referencia la tasa oficial, la distancia sigue siendo enorme: en febrero de 2025 la población cambiaba con una referencia estatal de 120 pesos por dólar, muy por debajo de la tasa flotante oficial implantada después, que ya situaba la divisa cerca de los 478 CUP.

En los bolsillos de los cubanos, sin embargo, la sensación sigue siendo otra. / 14ymedio

La propia metodología de la Onei deja zonas oscuras. El organismo explica que el índice se construye a partir de una canasta de 298 artículos y de precios recogidos en establecimientos estatales, no estatales y agropecuarios. Economistas independientes, sin embargo, llevan años advirtiendo que esa medición subestima el verdadero aumento del costo de la vida en un país donde buena parte del consumo cotidiano ocurre fuera de los canales oficiales.

Pedro Monreal lo resumió este sábado con claridad: “El análisis de inflación en Cuba debe partir de la discutible confiabilidad de su medición oficial. No pocos economistas consideramos que la estadística oficial subvalora la inflación”. También señaló que, aunque la medición interanual apunta a una “moderada tendencia a la baja” iniciada en noviembre de 2025, las cifras de febrero siguen mostrando crecimientos mensuales e interanuales “relativamente altos”, en un contexto de caída del PIB y crisis prolongada.

El golpe más visible de febrero estuvo en el transporte. Según la Onei, esta división tuvo un efecto mensual de 30,43 sobre el índice general y registró un incremento mensual del 8,78%. Monreal subrayó que se trató del mayor aumento mensual del índice oficial en los últimos 12 meses y del quinto más alto de los últimos dos años, “principalmente por el inusual aumento del efecto del transporte en el índice total de precios”. Entre las modalidades que más se dispararon estuvieron el taxi interurbano, con un alza mensual del 56,26%, y el “otro tipo de transporte interurbano (camión, camioneta, etc.)”, con un salto del 62,01%.

El costo de la vida no se mide en las desabastecidas tiendas estatales en moneda nacional, sino en los negocios en dólares. / 14ymedio

Monreal advirtió además de que el rezago de salarios y pensiones respecto a la inflación funciona para el Gobierno como una herramienta antiinflacionaria, pero con un efecto recesivo inevitable. En otras palabras, contener la demanda a costa del empobrecimiento de la población no resuelve el problema de fondo. A ello se suman, según el economista, una política monetaria laxa, la emisión sin respaldo y el desbalance crónico entre oferta y demanda.

Con una economía que, según el Centro de Estudios de la Economía Cubana, acumula una contracción superior al 15% desde 2020, el 12,33% oficial de febrero parece menos una señal de alivio que una nueva confirmación de la crisis. Porque en Cuba la inflación no se vive como un porcentaje, se mide en el pomo de aceite que no aparece, en el pasaje que se encarece, en la comida que se estira y en un salario que, cada mes, alcanza para menos.

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