En San José de las Lajas, hasta la sed depende de que regrese la corriente
Apagones
Los apagones de más de 20 horas golpean cafeterías y bares del municipio mayabequense, donde encontrar una bebida fría se ha vuelto una rareza
San José de las Lajas (Mayabeque)/El sol del mediodía cae con fuerza sobre San José de las Lajas, pero el calor no es lo único que pesa a esa hora. También se siente la sed. En el portal de la Casa del Perro Caliente, un pequeño local gastronómico perteneciente a la Empresa Provincial de Comercio, Elsa intenta tomarse un refresco instantáneo para poder digerir una pizza mal elaborada. El líquido sale de una juguera desconectada de la corriente y lo que debería ser un alivio termina siendo apenas una bebida amarga y tibia.
"Es muy difícil tomarse algo frío en cualquier parte del pueblo, sobre todo para quien no puede frecuentar lugares caros", comenta la anciana a 14ymedio mientras deja el vaso sobre el mostrador. En el establecimiento, el nombre del negocio parece haberse vuelto literal: las bebidas enlatadas están calientes, como si también fueran parte del menú de la salchicha con pan.
En tiempos normales, una bebida fría es algo cotidiano. Pero en la actual crisis energética que atraviesa Cuba, conseguirla se ha convertido en una pequeña odisea. En San José de las Lajas, donde los apagones pueden extenderse durante 20 horas o más, los refrigeradores pasan la mayor parte del día apagados y las bebidas pierden cualquier rastro de frescura antes de llegar al cliente.
Según Elsa, el problema no se limita a los locales estatales. "Hasta en las mipymes y en los negocios particulares hay que comprar los líquidos calientes. Los dueños están dejando los freezer solo para guardar los cárnicos que se pueden echar a perder", explica. Para muchos emprendedores la prioridad es salvar la carne o el pollo antes que enfriar refrescos o cervezas.
La consecuencia es evidente: una bebida helada se ha convertido en un lujo. "Para tomarse algo frío hay que tener en la cartera cuando mínimo 250 pesos y tener mucha suerte", dice la jubilada. Luego mira hacia la calle como si buscara un alivio que no llega. "Ahora mismo daría cualquier cosa por tomarme un vaso de agua con hielo".
En el centro de la ciudad, la búsqueda de un refresco tiene algo de expedición improbable. No se trata de un desierto africano, sino de una ciudad que se paraliza durante los interminables apagones. Las cafeterías abren con ventiladores detenidos, refrigeradores apagados y dependientes que se encogen de hombros cuando alguien pregunta por hielo.
El problema supera la capacidad de gestión de emprendedores, administradores y empleados. Basta que el local no tenga planta eléctrica o que falte combustible para hacerla funcionar, y los clientes quedan condenados a pagar una bebida caliente o a marcharse con la sed intacta.
"Estoy tratando de mantener la nevera lo más fría posible poniendo en el fondo pomos con hielo que traigo de mi casa"
Cerca del boulevard, en una pequeña cafetería privada, Iroel intenta librar su propia batalla contra la temperatura. "Estoy tratando de mantener la nevera lo más fría posible poniendo en el fondo pomos con hielo que traigo de mi casa", explica mientras acomoda varias latas de refresco en el interior del equipo.
El método es rudimentario, pero funciona durante unas horas. "No es lo óptimo, pero al menos así las bebidas se mantienen frescas gran parte de la mañana", dice. Sin embargo, cuando el hielo se derrite o el calor arrecia, el truco pierde eficacia.
Las consecuencias se sienten en las ventas. "Actualmente no se está vendiendo ni una caja de cerveza diaria", admite el joven comerciante. Antes, en días de calor intenso, la demanda podía superar la oferta. Ahora ocurre lo contrario. "Poniéndome en el lugar del cliente, yo tampoco pagaría 300 pesos por una Mayabe que no esté bien fría".
La crisis también ha vaciado las cartas de los bares. Donde antes podían pedirse mojitos o piñas coladas, ahora solo queda el ron servido en vasos simples. Sin hielo, sin licuadora y sin refrigeración, la coctelería ha desaparecido de muchos establecimientos.
En los portales del restaurante El Chino, una barra improvisada con taburetes de bambú parece preparada más para una fotografía que para el disfrute del cliente. Las botellas alineadas detrás del mostrador permanecen casi intactas.
"Quería tomarme un cubalibre", cuenta Marco Antonio, que observa el lugar con cierto desencanto. "Pero dice el cantinero que no puede hacer ningún cóctel, porque no hay corriente ni batidora ni hielo". El visitante asegura que no venía a San José de las Lajas desde 2019 y que el deterioro en los servicios lo ha sorprendido.
"Tengo entendido que este local está arrendado", añade. "Sin embargo, continúa dando la impresión de que está en las incompetentes manos del gobierno".
La escena se repite a lo largo de la Avenida 40, donde los bares permanecen en penumbra incluso en pleno día. En algunos mostradores se exhiben botellas de ron y cerveza, pero la falta de refrigeración espanta a los clientes.
"No hay agua fría embotellada ni siquiera en las tiendas por dólares", se queja un médico intensivista que ahora reside en México y que se encuentra de visita en la Isla. Ha caminado varias cuadras buscando algo para hidratarse.
"Lo único que encuentro en los bares es oscuridad y a los dependientes que ya no tienen explicación para dar", comenta.
Aunque ha seguido las noticias sobre la situación en Cuba, el doctor admite que no imaginaba hasta qué punto la crisis energética afectaba la vida cotidiana. "Ya no se trata de tener o no tener dinero en el bolsillo", reflexiona. "Es que cuando quieres tomar algo para refrescarte, está caliente o no lo hay".