El fin del suministro de petróleo venezolano afecta las minas de níquel de Sherritt en Cuba

Cuba

Además, disminuye la producción de gas natural de la empresa canadiense que abastece a La Habana

Los surcos de contaminación creados por el ácido que se dispara a presión durante el proceso de minería dañan no solo el suelo sino también la atmósfera.
Sherritt necesita petróleo para poder trabajar las minas que opera en Moa, Holguín. / Sherritt International
14ymedio

12 de enero 2026 - 16:48

Madrid/La advertencia del presidente estadounidense, Donald Trump, de cortar el suministro de petróleo venezolano a Cuba –más que plausible tras la captura el pasado 3 de enero del mandatario Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores– amenaza con incrementar los problemas de Sherritt International en la Isla. El gigante canadiense necesita del combustible importado para poder trabajar las minas de níquel y cobalto que opera en Moa, Holguín, y que, de acuerdo a William Pitt, han sido la base económica de esa compañía.

“Una compañía que era la mejor inversión extranjera que ha tenido Cuba”, observa este empresario estadounidense, a cuya familia expropió el régimen múltiples propiedades mineras en 1960. Según explica Pitt a 14ymedio, aunque históricamente las plantas eléctricas y los pozos de gas asociados a Sherritt, que trabaja en cooperación con la estatal Energas, han producido “los más confiables y mejor manejados servicios energéticos” del país, esto ya no es así.

“Sherritt ha perdido tanto dinero que está sufriendo una revolución entre sus accionistas en Canadá”, asevera el empresario estadounidense, quien se refiere a la reciente sustitución de Leon Binedell como director ejecutivo (CEO) de la compañía, tan solo cuatro años después de su nombramiento, por “personal de otra compañía competitiva”. 

“Sherritt ha perdido tanto dinero que está sufriendo una revolución entre sus accionistas en Canadá”

Según se lee en un comunicado de Sherritt del pasado 8 de diciembre, en su lugar, de manera interina, queda Peter Hancock, “un ejecutivo experimentado de la industria minera, con más de 35 años de trayectoria en Glencore plc, donde estuvo al frente de operaciones mineras de níquel y participó en el desarrollo y comercialización de tecnologías de procesos”.

El texto corporativo se cuida de criticar al saliente Binedell, pero deja traslucir que las cosas no han sido fáciles los últimos tiempos: “Desde su nombramiento en junio de 2021, el Sr. Binedell ha guiado a Sherritt a través de uno de los períodos más desafiantes de su historia, supervisando avances en varias iniciativas estratégicas clave, entre ellas la expansión de la empresa conjunta Moa, la implementación del acuerdo de intercambio de cobalto, la optimización de la división de energía y la culminación de transacciones de deuda y capital realizadas a principios de este año”.

Justamente en su informe del año pasado, la multinacional canadiense ya alertaba de los riesgos de operar en Cuba, donde los apagones, la escasez de combustible, los desastres naturales y la pérdida de trabajadores amenazaban su rentabilidad. En el segundo trimestre de 2025, la compañía experimentó pérdidas multimillonarias –de los 51,4 millones de dólares del mismo período del año anterior a 43,7 millones–, una reducción drástica en la producción y recortes importantes en su fuerza laboral en Canadá, mientras las condiciones operativas en Cuba se deterioraban.

Como bien recuerda Pitt, sin electricidad, los cubanos dependen del gas para cocinar

El año pasado, fueron varias las ocasiones en que la planta de Energas y Sherritt de Boca de Jaruco (Mayabeque) quedó fuera de servicio por avería, afectando seriamente al sistema eléctrico nacional (SEN). Con una aportación habitual de entre 100 y 120 megavatios (MW), la térmica resulta vital para el SEN. De hecho, las dos centrales que la canadiense opera en Cuba, Boca de Jaruco y Varadero (en Matanzas), han sido piezas clave para devolver la electricidad a la Isla en los varios colapsos totales del sistema que ha sufrido desde finales de 2024.

Más allá de eso, como bien recuerda Pitt, sin electricidad, los cubanos dependen del gas para cocinar. En la mayor parte del país, el gas licuado de petróleo (GLP), comercializado a través de balitas, y en La Habana, adicionalmente, el gas natural que llega a la capital por tubería desde pozos que se encuentran al Este, cerca de Varadero, de Puerto Escondido y de Boca de Jaruco. Este último es producido íntegramente por Sherritt International, recalca el empresario.

Así pues, lo que sufra la canadiense lo sufrirán los habaneros, sobre todo los residentes en los municipios de Plaza de la Revolución, Cerro, Centro Habana, La Habana Vieja, Diez de Octubre, Playa y Marianao. “Sin gas de balitas ni gas de tuberías para cocinar, y sin electricidad para cocinar en cocinas eléctricas, los cubanos que tengan suficiente dinero podrán cocinar con carbón (si lo pueden encontrar pues no hay mucho), y si no lo encuentran carbón o no tienen dinero, con leña”, concluye Pitt.

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