Un ‘transformer’ contra los apagones en Luyanó
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Lo que en otro lugar podría verse como una sofisticación ecológica, en Cuba responde a una necesidad mucho más urgente
La Habana/“Parece un robot Transformer”, dice un niño al pasar frente al insólito vehículo estacionado en una calle de Luyanó, en La Habana. Hay que mirarlo dos veces para entender qué es: un triciclo eléctrico negro, de los que cada vez circulan más por la capital, lleva sobre la parte trasera una enorme estructura metálica coronada por un panel solar.
La comparación infantil no es exagerada. Con el panel elevado hacia el cielo, el vehículo parece haber desplegado unas alas mecánicas, como si estuviera a punto de transformarse. A quienes peinan algunas canas, la escena puede recordarles otra serie de dibujos animados: El desafío de los Gobots. Pero no es que el futuro haya aterrizado de pronto en este barrio habanero. Es, más bien, una imagen del colapso.
Ante la imposibilidad de confiar en un enchufe y en una red eléctrica que cada día pasa largas horas fuera de servicio, el propietario del triciclo busca la electricidad directamente en el sol. Lo que en otro lugar podría verse como una sofisticación ecológica aquí tiene un sentido mucho más urgente. No se trata de reducir la huella de carbono, sino de conseguir que el vehículo vuelva a moverse.
El niño, en cambio, todavía puede verlo como una máquina salida de la pantalla del televisor que ya casi nunca puede encender
El Gobierno presenta la energía solar como parte de la modernización del sistema eléctrico nacional. Mientras tanto, los cubanos improvisan soluciones por su cuenta para sobrevivir a su acelerado deterioro. Paneles en los techos, baterías, pequeñas estaciones portátiles, inversores y cualquier dispositivo capaz de almacenar unos cuantos kilovatios se han convertido en objetos de altísima demanda, pero también en artículos de lujo.
También ha cambiado el paisaje urbano. A las fachadas descascaradas y los cables enredados sobre las calles se han sumado ahora los rectángulos azules o negros de los paneles solares. Algunos alimentan viviendas; otros, pequeños negocios. Este, en Luyanó, sirve de solinera privada para un triciclo.
Alrededor, la ciudad sigue mostrando su decadencia. Una casa con manchas de humedad, rejas oxidadas, paredes rotas y un poste de madera cruzado por cables componen el decorado. A pocos metros, una motocicleta espera junto a la acera y una mujer continúa su camino sin prestar demasiada atención al extraño artefacto.
El niño, en cambio, todavía puede verlo como una máquina salida de la pantalla del televisor que ya casi nunca puede encender. Un Transformer en mitad de Luyanó. Solo que este no viene a salvar el planeta ni pertenece a una civilización tecnológica imaginaria. Su misión es mucho más elemental: conseguir energía. En la Cuba de los apagones, hasta los robots son artefactos de supervivencia.