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Ultra, de tienda por departamentos a urinario por abandono

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El comercio fue pionero en la venta en dólares durante los años 90, pero hoy sus portales sirven de refugio nocturno y baño improvisado en Centro Habana

La suciedad y el abandono sacuden una tienda que un día estuvo entre las más cotizadas. / 14ymedio
Natalia López Moya

02 de junio 2026 - 06:07

La Habana/Hubo un tiempo en que acercarse a la tienda Ultra significaba prepararse para entrar en otro clima. Bastaba llegar a la puerta para sentir la bocanada de aire acondicionado escapando hacia la acera, una ráfaga fresca que contrastaba con el calor pegajoso de La Habana. En los años 90, cuando la dolarización comenzó a transformar el comercio cubano, Ultra fue uno de los primeros grandes establecimientos de la capital que empezó a vender en dólares estadounidenses. Sus amplios salones y sus departamentos especializados la convirtieron en una referencia para quienes buscaban desde ropa hasta electrodomésticos en una época marcada por la escasez.

Hoy, sin embargo, el portal de la antigua tienda ofrece una experiencia muy distinta. Ya no salen corrientes de aire frío desde el interior, sino un olor acre que obliga a acelerar el paso. Donde antes se formaban colas de compradores, ahora discurre un pequeño riachuelo de orine que nace cerca de la entrada principal y se extiende sobre el piso de granito. La imagen tiene algo de metáfora nacional: el aroma limpio desapareció hace mucho y lo que queda es un flujo constante de abandono.

Las vidrieras rotas, tapadas con tablones y cubiertas de grafitis, apenas logran ocultar el deterioro. Detrás de los cristales polvorientos todavía sobreviven algunos vinilos publicitarios que anuncian embutidos y pollo. Parecen mensajes llegados de otra época, como si alguien hubiera congelado el instante final antes del cierre definitivo. La humedad ha dejado manchas oscuras, los marcos muestran señales de desgaste y las tupiciones de aguas albañales que durante años afectaron el inmueble terminaron por acelerar un deterioro que ya parecía inevitable.

Detrás de los cristales polvorientos todavía sobreviven algunos vinilos publicitarios que anuncian embutidos y pollo. Parecen mensajes llegados de otra época

En la acera, los transeúntes pasan junto a la escena con la naturalidad de quien ha aprendido a convivir con la decadencia. Una joven se abanica mientras avanza por el portal. Otra persona sortea el charco sin siquiera mirar hacia abajo. Nadie parece sorprenderse de que uno de los comercios más emblemáticos de la ciudad haya terminado convertido en baño improvisado. En una urbe donde la infraestructura pública se desmorona a la vista de todos, incluso las ruinas más ilustres acaban normalizándose.

La suerte de Ultra comenzó a torcerse mucho antes del cierre. Mientras surgían nuevos establecimientos y cambiaban las prioridades comerciales del país, el edificio fue quedando rezagado. La estocada final llegó cuando la más reciente ola de dolarización seleccionó a otros mercados para vender en moneda extranjera. 

Al caer la noche, la historia adquiere otro matiz. Algunas personas sin hogar encuentran refugio bajo sus portales. Donde antes los clientes recorrían departamentos iluminados y examinaban mercancías novedosas, ahora otros extienden cartones para dormir. El inmueble sigue ofreciendo cobijo, aunque de una forma muy distinta a la que imaginaron sus constructores.

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