Cada vez más cubanos de la diáspora escogen otras islas del Caribe para reunirse con sus familias
Turismo
“Las últimas veces, he comprado a mis padres pasajes con hotel incluido a Dominicana. Ellos descansan y yo también”, cuenta Lidia desde Madrid
Madrid/“¿Conocen a alguien que viaje pronto a Cuba? Necesito mandar con urgencia unos medicamentos oncológicos a mi padre”. Ruegos como este, multiplicados en las redes sociales y grupos de WhatsApp, ponen carne y hueso a la realidad que arrojan los números: la Isla no solo se va quedando sin turistas, sino que los propios emigrados ya no quieren ir de visita a su país.
A Roberto, el emisor de ese mensaje, quien vive desde hace diez años en Madrid, cada vez le cuesta más enviar las medicinas que necesita cada mes su padre. “Según especialistas amigos de aquí, lo diagnosticaron correctamente”, refiere a 14ymedio, “pero no lo pudieron operar por falta de medios y fueron muy claros en la clínica: ‘no tenemos esas pastillas, se las van a tener que mandar desde fuera’”. Al principio, no le fue difícil. “Yo enviaba paquetes con agencias de reparto, que usaban a mulas y te cobraban un precio razonable”, cuenta. “Pero estas agencias, que antes te garantizaban una entrega en una semana, no te la garantizan ahora mismo hasta 60 días y te cobran muchísimo. Luego tienes que pagar un plus por llevar el medicamento a domicilio y ese plus, para que te hagas una idea, es más caro que el propio envío que se hace desde España”.
Durante 2025 las llegadas internacionales al Caribe crecieron un 2,5% respecto de 2024, hasta alcanzar los 35 millones de visitantes
En su caso, ha encontrado solución este agosto en Marta, una española que no conocía la Isla y –“aventurera”, como ella dice– quiso hacerlo precisamente ahora. La joven se sorprendió de todos los pedidos que le llegaron de cubanos residentes en Europa. Tantos, que tuvo que comprar una maleta grande solo para llevar encargos. “Sobre todo medicinas, pero llevo hasta una planta solar”, contaba antes de embarcar. Ella formará parte de la próxima y cada vez más mermada lista de viajeros internacionales, que en junio marcó un nuevo récord negativo. Apenas llegaron 28.100 de ellos, casi la mitad de ellos (13.194), cubanos en el exterior, aunque incluso sus números han bajado drásticamente. La cifra de junio es menor que en los dos meses anteriores y, aún peor, menor que en junio de 2021 (35.795), cuando Cuba sufrió el mayor embate del covid-19.
Todo esto, mientras la región del Caribe no para de crecer. Como indican los datos de la Organización del Turismo del Caribe (OTC o CTO, por sus siglas en inglés), durante 2025 las llegadas internacionales a la región crecieron un 2,5% respecto de 2024, hasta alcanzar los 35 millones de visitantes. De acuerdo con el organismo, la tendencia siguió durante el primer trimestre de este año, “en medio de una mayor inestabilidad e incertidumbre a nivel mundial, derivadas de la importante escalada militar contra Venezuela el 4 de enero y de la guerra en Irán, que se prolonga desde febrero y que elevó los precios del combustible, incrementando los costos, incluidos los de viajes y transporte, en todo el mundo”. Los visitantes que pernoctaron en la región, prosigue la CTO, superaron la cifra de 2019 –la referencia por ser antes del coronavirus– en un 9,6%.
La Organización no alude, sin embargo, a Cuba, que no se ha recuperado desde el coronavirus y cuya situación está tocando fondo precisamente desde el bloqueo petrolero y las presiones de Estados Unidos tras su intervención en Caracas , en enero, para capturar a Nicolás Maduro.
“Todo ha ido en decadencia en Cuba, pero en decadencia a un ritmo vertiginoso, y el país no volvió a levantar cabeza nunca”
“Hasta los cubanos prefieren ir a cualquier otro país del Caribe”, dice Lidia, quien vive en Madrid y solía ir a la Isla al menos una vez al año para ver a su familia. “Las últimas veces, he comprado a mis padres pasajes con hotel incluido a Dominicana”, cuenta. “Ellos descansan y yo también”.
Solo una cuestión de vida o muerte parece ser lo único que mueve a los cubanos emigrados a poner un pie en su país. Es el caso de Javier: residente en Barcelona, ha tenido que ir dos veces en meses recientes, una a enterrar a su padre –no llegó a despedirse de él– y otra, en sus palabras, “a coordinar la sobrevivencia” de su madre, “que se ha quedado sola”.
Roberto, por su parte, no tiene ninguna intención por el momento, a pesar del tratamiento de su padre, y de que los abuelos ni siquiera conocen a su nieta, casi de tres años. Su relato es el ejemplo de un lustro de decadencia para los viajes a la Isla. “La crisis energética a raíz de lo de Venezuela ha sido lo definitivo”, indica, “pero esto cada vez ha ido peor desde la pandemia”. Él mismo, asegura, visitaba Cuba una vez al año antes del covid. Después de la pandemia, solo lo hizo una vez. Lo alojaron en un hotel inferior al que había pagado en los Cayos, sin devolverle el dinero que previamente había pagado, y junto a su esposa sufrió una gastroenteritis.
Después de aquella experiencia, la última vez que quiso visitar a su familia, hace dos años, llegó “el problema de los mosquitos”. El dengue y el chikunguña hicieron mella en sus allegados, como en tantos miles de connacionales. “Mis padres lo pasaron, mis suegros lo pasaron, mi hermano lo pasó, y con una bebé recién nacida no nos íbamos a arriesgar”.
El remate, desde luego, son la falta de luz y de agua, pero también, dice, la delincuencia creciente. “En casa de mis suegros, en el campo, están entrando a robar diariamente, hasta el punto que tienen que hacer guardia todas las noches”. A los ancianos no les quedan carneros –“ahí mismo se los mataron”– y los pollos que nacen de sus gallinas no duran mucho. “Son gente del barrio, gente que ellos conocen, ¿cómo nos vamos a quedar ahí con una niña pequeña?”. En la periferia habanera, exclama, “en una zona que hace menos de diez años era un paraíso para vivir”.
Roberto califica así los años post-pandemia: “Todo ha ido en decadencia en Cuba, pero en decadencia a un ritmo vertiginoso, y el país no volvió a levantar cabeza nunca”. Y concluye: “No conozco a ningún cubano fuera de Cuba que añore volver a Cuba. La gente está tan disgustada, tan traumatizada, tan dolida, que no quiere volver, no quiere saber nada. Los únicos, quizá, personas mayores que no terminan de adaptarse a un mundo nuevo, pero fuera de ahí, lo digo sinceramente: viajar a Cuba no es el sueño de ningún cubano”.