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La zona chic de Matanzas es hoy apenas un recuerdo

Cuba

El declive de Varadero y el covid acabaron con el sueño de la "Atenas de Cuba" de convertirse en un "Miami Beach criollo"

En la ciudad se contruyó un parque con un inmenso letrero, pero nadie va, ni para hacerse selfis. / 14ymedio
Pablo Padilla Cruz

30 de agosto 2025 - 08:39

Matanzas/Matanzas ostenta en su nombre dos títulos que la marcan, el de “Atenas de Cuba”, ganado siglos atrás como cuna de poetas y artistas, y el de “ciudad de los puentes”, gracias a las decenas de estructuras que cruzan los ríos Yumurí y San Juan.

Con la llegada del nuevo siglo, sin embargo, comenzó a circular otro sobrenombre menos halagador: “la ciudad dormida”. La falta de vida nocturna y de espacios céntricos de recreación la sumieron en un silencio que muchos atribuían a la cercanía de Varadero, ese imán turístico que absorbía todas las inversiones y proyectos.

No fue hasta 2016 que se intentó revertir la inercia. Primero con la habilitación del paseo de Narváez, convertido en boulevard, y poco después con un proyecto más ambicioso: la transformación del barrio de La Playa, sobre todo la zona de Peñas Altas. El plan prometía casi dos kilómetros de bares, restaurantes, centros comerciales y discotecas intercalados con residencias –en su mayoría de lujo– y acceso a las playas. Una especie de “Miami Beach criollo” en versión matancera.

Los comercios están desabastecidos y los menús se empobrecieron. / 14ymedio

Durante un tiempo funcionó. Familias enteras encontraban allí un respiro tras la semana laboral. Andrés, conocido como El Piti, lo recuerda así: “Yo trabajaba como seguridad en Varadero. Había más dinero circulando que ahora, y los domingos salíamos en grupo a disfrutar. Nunca había visto tanto movimiento en el barrio”.

La ilusión duró poco. Los comercios empezaron a desabastecerse, los menús se empobrecieron y varios locales fueron sometidos a remodelaciones dudosas. La pizzería Bellamar, por ejemplo, cerró para una segunda reforma en menos de una década. Marielis, empleada allí por más de quince años, sospecha que aquellas obras respondían más a intereses de directivos y contratistas que a las necesidades del público.

“Perdimos una buena etapa por esa remodelación absurda”, recuerda Andrés. “Montaron un bar que no tenía sentido. Solo abría una vez a la semana, con cerveza dispensada y chicharritas. Después llegó la pandemia y nunca más levantamos cabeza”, añadió.

El deterioro se repitió en otros puntos: la tienda Caracol, el servicentro Bellamar, el centro comercial La Sirenita –con su café aún inactivo– y hasta el antiguo Dimar, sometido a varias remodelaciones y hoy en manos privadas.

El deterioro de los locales llegó hasta la tienda Caracol. / 14ymedio

Irene de la Caridad, vecina de la zona, revive con nostalgia aquellos años: “Los sábados y domingos la farándula matancera se reunía en el parqueo de La Sirenita antes de ir a las discotecas. Ahora hicieron un parque con un inmenso letrero con el nombre de la ciudad, pero nadie va, ni para hacerse selfis. Con el calor y las losas que pusieron, uno se queda ciego con el reflejo del sol. Extraño sentarme en el café de La Sirenita, tomarme un refresco frente a la bahía. Elegía entre la terraza o el aire acondicionado del bar... aunque ahora no sé con qué electricidad funcionaría”.

El golpe definitivo lo dio la pandemia de covid. A eso se sumó el desinterés del comercio estatal, remodelaciones sin sentido y la llegada de inversores privados que gestionan locales a precios prohibitivos. En la cafetería de la Playa Allende, por ejemplo, un refresco cuesta 300 pesos y una cerveza 350.

Lo que en su momento fue “la zona chic” de Matanzas es hoy apenas un recuerdo. Puede que la ciudad ya no sea tan “dormida” como antes, pero, como sentencia Irene, “en las tardes y noches te aburres... ponle a eso el cuño”.

En la cafetería de la Playa Allende un refresco cuesta 300 pesos y una cerveza 350. / 14ymedio
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