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Un cómic para entender el auge de la ultraderecha ayer y hoy

Jason Lutes pone fin a la saga 'Berlín', que retrata la aparición del nazismo después de la Primera Guerra Mundial

La obra de Lutes se detiene en el punto donde muchos otros la hubiesen comenzado, con la llegada al poder de Adolf Hitler en 1933. (Drawn and Quarterly)
Daniel Delisau

11 de noviembre 2018 - 13:45

/Las Palmas de Gran Canaria/El día en que Adolf Hitler es declarado canciller de Alemania en 1933 el periodista Kurt Severing contempla el escaparate de una tienda. Al otro lado de la vitrina hay dos objetos en venta: una máquina de escribir y un revólver, pero nunca sabremos qué decidirá comprar o si sencillamente pasará de largo. El dibujante estadounidense Jason Lutes ha terminado de contar la historia de sus personajes de la saga Berlín en el punto donde muchos otros la hubieran empezado con los años de la Alemania nazi, el estallido de la Segunda Guerra Mundial y el Holocausto.

Tras 22 años de trabajo, Lutes ha puesto fin este 2018 a la serie que ha consolidado su carrera publicando Berlín: ciudad de Luz (Astiberri). Junto con Berlín: ciudad de piedras (2000) y Berlín: ciudad de humo (2008) este tomo compone el último de la trilogía con la que pretende retratar la vida de los habitantes de la capital alemana de finales de los años 20, donde las libertades que defendía el tambaleante régimen democrático de la República de Weimar convivían con la pobreza y la conflictividad social tras la Primera Guerra Mundial, y con el distante eco del nazismo de fondo.

Lo que en 1996 llevó a Lutes a publicar las primeras tiras de su cómic fue una necesidad espontánea e intuitiva por tratar de comprender cómo una ciudad que rivalizaba con París por su cosmopolitismo cayó en las garras de la xenofobia, y en la que solo unos pocos intuían la sombra que se cernía sobre ellos mientras la mayoría de la población permanecía absorta en sus asuntos cotidianos.

Kurt Severing y la estudiante de arte Marthe Müller son los protagonistas principales de Berlín, pero son solo dos habitantes más de una obra plagada de personajes secundarios (otros incluso fugaces), que en su conjunto completan la diversidad de la capital alemana de aquellos años. En el Berlín de 1928, año en el que Lutes decide iniciar su historia, los judíos todavía no habían huido para salvar sus vidas, la homosexualidad no era perseguida y músicos negros de jazz procedentes de Estados Unidos llegaban a la capital para animar las noches de los cabarets más libertinos.

Nada de lo anterior es fruto de la invención del autor. Uno de los puntos fuertes de esta obra es la de sustentarse en una amplísima bibliografía que imprime a cada viñeta no solo un gran detalle en el dibujo, sino también una profunda inmersión del lector en el ecosistema urbano que a veces recuerda a algunas escenas de Berlín: sinfonía de una gran ciudad, el documental de Walther Ruttman rodado en 1927.

Es en medio de estas calles vibrantes y convulsas por las que Kurt Severing transita mientras comunistas y nacionalsocialistas luchan entre ellos por controlar la ciudad. Los pasos de este reportero de ideas marxistas y simpatizante de Trotski no le llevan, sin embargo, a tomar partido por ninguno de los bandos.

"¿Ya se te cansaron las alas de sobrevolar el conflicto?", le increpa un antiguo amigo comunista durante un mitin que el protagonista cubre como reportero. Frente a la violencia física y a la hostilidad verbal de los extremos políticos, Lutes perfila a un personaje que también quiere cambiar el siniestro rumbo de su país, pero sin perder por el camino ni su criterio ni su individualidad.

Es en medio de las calles vibrantes y convulsas de Berlín por las que Kurt Severing transita mientras comunistas y nacionalsocialistas luchan entre ellos por controlar la ciudad

Marthe Müller, por el contrario, tendrá de la ciudad una visión mucho más introspectiva. Alejada de las grandes luchas políticas, la joven procedente de la aristocracia de Colonia encontrará en su trato con los demás no solo los recovecos por los que se entrecruzan los pequeños mundos de los berlineses, sino también una nueva mirada sobre sí misma que la vida en su pequeña ciudad natal le negaba.

Tal vez el mejor acierto del instinto de Lutes sea el haber llegado a la conclusión de que para comprender el auge del nazismo debía retratar a los berlineses tal y como eran, con sus preocupaciones, sus miedos, sus pasiones, sus momentos de alegría y sus odios, todos estos sentimientos envueltos en un contexto histórico desfavorable.

En las 600 páginas que abarcan los tres tomos la presencia de esvásticas nazis es anecdótica, incluso cuando deberían aparecer en las banderas, de las que solo se muestra el contorno circular sin el símbolo. Se trata de una omisión consciente del dibujante. "Intenté ver a los portadores del estandarte nazi como seres humanos que tomaban decisiones, no como una multitud que podía ser resumida en un símbolo", dijo en una entrevista a El Cultural.

Pero no todo son aciertos en la obra de Lutes. El apego del autor por los hechos a la hora de narrar, junto con la necesidad de querer mostrar la evolución de los personajes, le ha llevado a ser claramente tradicional en la manera de contar su historia, dejando pasar la oportunidad de innovar fusionando las palabras con las imágenes a través de sus personajes principales, mediante la visión artística de Marthe y la habilidad para narrar de Kurt.

"Tuve la idea de que a través de estos dos personajes exploraría la relación entre las imágenes y las palabras, es decir, los bloques de los que se componen los cómics en sí mismos. Afortunadamente, me interesé más en Marthe y Kurt como personas, y la exploración del medio por asociación se quedó por el camino", explicó en otra entrevista Lutes, quien encuentra coherencia en su trabajo viéndose a sí mismo más como un narrador de imágenes relativamente objetivas que como un artista expresivo.

Sin duda 2018 es un momento más propicio para leer Berlín que cuando Lutes comenzó a desarrollar su historia hace 22 años. Estos días el presidente de Francia, Emmanuel Macron, se encuentra inmerso en un maratoniano recorrido por el norte del país para conmemorar el centenario del fin de la Primera Guerra Mundial, y hace una semana aseguró que la Europa de hoy se asemeja a la del periodo de entreguerras.

Aunque la advertencia viene de quien venció en las elecciones de 2017 a la ultraderecha del Frente Nacional, los historiadores, alérgicos a la comparación, han tenido la necesidad de recordar que el actual auge del nacionalismo extremista tiene más que ver con ciclos históricos que con situaciones excepcionales. "El nacionalismo hoy se articula como una forma de protección de una situación socioeconómica, no como la defensa de una frontera", explicó a Efe la historiadora de La Sorbona Isabelle Davion.

En un pasaje del primer tomo de Berlín, Kurt Severing imagina que todas las páginas de la prensa diaria de la ciudad son como piedras que, colocadas con tino, sirven no para contener un flujo de agua, sino para reconducirlo, en alusión a la caótica situación política de Alemania. De la misma manera, las 600 páginas dibujadas por Lutes son para sus lectores un sólido pilar de piedras en el que apoyarse para tratar de comprender las similitudes y las diferencias del nuevo auge de la ultraderecha.

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