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El teatro cubano intenta sobrevivir entre apagones y escenarios improvisados

Teatro

El Bertolt Brecht mantiene funciones en un pasillo, con la luz del sol, mientras el éxodo de artistas y la falta de público agravan la crisis de las artes escénicas

La sala Tito Junco –ubicada en el complejo cultural–, como otras instalaciones culturales cubanas, ha tenido que adaptarse a una realidad marcada por los apagones. / 14ymedio
Darío Hernández

15 de agosto 2026 - 13:50

La Habana/El escenario ya no es un escenario. En el Centro Cultural Bertolt Brecht, uno de los pocos espacios teatrales que mantiene funciones en las actuales condiciones, una obra se representa en el pasillo de entrada, detrás de unas lonas negras y sobre una estructura de madera improvisada. La luz de los reflectores ha sido sustituida por la luz del día y el sonido depende de una pequeña bocina manejada desde un teléfono móvil.

14ymedio asistió a una de las representaciones de No se elige ser un héroe, una adaptación de la obra del español David Desola dirigida por Alfredo Reyes. El montaje reúne a Raysman Leyet, Elizabeth Nande, Orlando Hernández, Susel Benavides, Tania Rojas y Lisvan Marino.

La sala Tito Junco –ubicada en el complejo cultural–, como otras instalaciones culturales cubanas, ha tenido que adaptarse a una realidad marcada por los apagones, el deterioro de la infraestructura, el colapso del transporte público y la falta de recursos. El resultado es un teatro de mínimos, con pocos espectadores, calor, abanicos y, desde la calle, el ruido de los automóviles que compite con la proyección vocal de los actores.

La crisis del teatro cubano va mucho más allá de los problemas técnicos. / 14ymedio

La precariedad, sin embargo, no parece haber eliminado la voluntad de hacer teatro. El público que llegó hasta el Brecht agradeció precisamente ese empeño. “Que actualmente haya todavía gente creando, dispuesta a aportar o, como dice uno de los leitmotiv de la obra, que se interese por su sonrisa, es de agradecer”, señaló una espectadora sin dejar de mover su abanico.

La crisis del teatro cubano va mucho más allá de los problemas técnicos. Los bajos salarios que reciben los trabajadores de la cultura, la censura, la pérdida de poder adquisitivo y el éxodo sostenido de talentos han dejado a numerosas compañías sin parte de sus intérpretes y creadores habituales. La emigración ha afectado a actores, directores, dramaturgos, técnicos y otros profesionales indispensables para sostener una puesta en escena de buena calidad.

A ello se suma una disminución de los espectadores. El transporte cada vez es más caro y escaso, los apagones y las dificultades económicas hacen que acudir a un teatro sea, para muchas familias, un gasto prescindible, a lo que se suma la inseguridad que ha recortado la salidas a la calle, especialmente en horario nocturno.

Las prolongaciones de temporadas se han convertido en algo frecuente en un circuito teatral golpeado por cancelaciones y cambios constantes de programación. / 14ymedio

Un asistente contó que hace aproximadamente un mes acudió al Teatro Raquel Revuelta y solo estaban él y su pareja entre el público. “El elenco era más numeroso que los espectadores”, recordó. La función finalmente no se realizó. Los responsables argumentaron que no había corriente y que el calor hacía imposible la representación.

“Ellos dijeron que, aunque fuéramos uno, se hacía la obra. Pero yo tampoco les iba a pedir que hicieran toda la puesta en escena solo para nosotros”, relató.

En el Bertolt Brecht, pese a todo, la función continuó. Incluso una obra inicialmente programada para los sábados y domingos de julio fue extendida durante agosto. Las prolongaciones de temporadas se han convertido en algo frecuente en un circuito teatral golpeado por cancelaciones y cambios constantes de programación.

“A más de una obra he ido y ha sido cancelada”, explicó un visitante habitual de los teatros habaneros. Las razones pueden ser los apagones, la caída del sistema eléctrico nacional, problemas con el suministro de agua o, en algunos casos, la escasa asistencia.

“Es una obra cargada de crítica hacia el sistema y hacia los oportunistas, los que ahora se venden al mejor postor y se olvidaron de sus ideales a la primera”. / 14ymedio

No se elige ser un héroe ofrece además una particular paradoja. La puesta en escena es de factura modesta y sobre las tablas no aparecen algunas de las figuras más reconocidas que durante décadas dieron prestigio al teatro cubano. Pero el texto consigue abrir un espacio para múltiples lecturas.

La obra cuenta la reunión de varios hermanos, hijos de un mismo padre y de madres diferentes, después de la muerte de su progenitor, fallecido al intentar salvar a una niña de caer por un acantilado. A partir de ese hecho, una empresa utiliza la imagen del hombre para una campaña de recaudación de fondos, lo que obliga a sus hijos a enfrentarse a viejos rencores y miserias.

Para algunos espectadores, la historia puede leerse también como una alegoría de quienes abandonaron sus ideales y se acomodaron a las circunstancias. “Es una obra cargada de crítica hacia el sistema y hacia los oportunistas, los que ahora se venden al mejor postor y se olvidaron de sus ideales a la primera”, interpretó uno de ellos.

Quizás esa capacidad de encontrar nuevos significados sea parte de lo que mantiene vivo al teatro cubano. En un país donde cada vez resulta más difícil pagar un salario digno, sostener una infraestructura cultural o reunir un elenco completo, todavía hay actores que salen a escena. Y, aunque los montajes sean cada vez más austeros, el público que consigue llegar parece agradecer, sobre todo, que los artistas se resistan a renunciar. Frente al abandono y las dificultades, siguen empeñados en mantener abierto el telón. 

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