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Sin visos de solución en la guerra entre Rusia y Ucrania, la más sangrienta desde la Segunda Guerra Mundial

Europa

Putin sostiene que el plan acordado con EE UU y rechazado por la UE y Kiev es la única opción de poner fin al conflicto

Los civiles ucranianos muertos se calculan en más de 15.500. / EFE/ Miguel Gutiérrez
José Manuel Sanz (EFE)

05 de junio 2026 - 06:14

San Petersburgo/Entrando ya en su quinto año, el conflicto entre Rusia y Ucrania, el que más víctimas ha causado en Europa desde la Segunda Guerra Mundial, no tiene visos de solución y quien lo desencadenó, el presidente ruso Vladimir Putin, no se plantea un alto el fuego, sino todo lo contrario.

"Las fuerzas rusas avanzan cada día, y cada día se hacen con el control de nuevas localidades (...) Naturalmente, en esas condiciones la parte ucraniana querría que nosotros detuviéramos el avance de nuestras tropas", argumentó Putin durante un encuentro con representantes de las principales agencias de noticias mundiales, entre ellas EFE, en el Palacio de Constantino en las afueras de la ciudad de San Petersburgo.

Esta reacción contrasta con lo que está siendo la evolución de otros sangrientos conflictos contemporáneos, como el que enfrenta a Israel con Hamas e Hizbulá, y el que Washington y Tel Aviv libran contra Irán. En ambos casos han sido posibles momentos de desescalada para negociar, incluso treguas duraderas, pese a los abismos que separan a las partes.

"Para empezar las negociaciones no hay necesidad de cesar las acciones militares", dejó claro el presidente ruso.

"Para empezar las negociaciones no hay necesidad de cesar las acciones militares", dejó claro el presidente ruso

La nueva estrategia adoptada por Ucrania, con exitosos ataques de drones y misiles contra las instalaciones petrolíferas en el interior de Rusia, los centros logísticos y las líneas de abastecimiento, lejos de hacer dudar al Kremlin del éxito de lo que iba a ser una ‘operación relámpago’, y propiciar la búsqueda ya de una solución, está provocando la reacción contraria: mortíferos bombardeos indiscriminados contra objetivos civiles ucranianos y una escalada destructiva. En Ucrania se calculan en unos 600.000 los muertos, entre militares –la mayor parte– y civiles.

Antes del encuentro de San Petersburgo, un diplomático ruso aseguraba a EFE que la población rusa se pregunta cuándo acabarán los bombardeos ucranianos, "pero no porque los rusos deseen un alto el fuego, sino porque no entienden que no recurramos a toda nuestra fuerza para ponerle fin al conflicto de una vez por todas".

Para el jefe del Estado ruso el único ‘plan de paz’ viable sigue siendo el que acordó, sin europeos ni ucranianos, con el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, en la cumbre bilateral de Anchorage (Alaska), hace algo menos de un año, y que tanto Kiev como la Unión Europea (UE) han rechazado.

Especialmente dura es la exigencia de que el Ejército ucraniano se retire de todo el territorio que todavía ocupa en la región del Dombás, como paso previo a cualquier cese eventual de las hostilidades y la negociación.

"La Unión Europea podría jugar un papel positivo, pero no con suministros de armas, sino con intentos de convencer a las autoridades en Kiev de que acepten los compromisos de los que hablamos en Anchorage", subrayó Putin.

"La Unión Europea podría jugar un papel positivo, pero no con suministros de armas, sino con intentos de convencer a las autoridades en Kiev"

Según su razonamiento, en realidad, es el liderazgo ucraniano el que no quiere la paz, porque "si se lograra la paz, la lucha política, la lucha por el poder en Kiev y la mala situación económica se agudizarían. Mi impresión –insistió Putin– es que las autoridades (ucranianas) no están interesadas en un real cese de las acciones militares".

A pesar de las enormes bajas sufridas por Rusia en Ucrania (se calcula que entre 352.000 muertos según el medio independiente ruso Meduza, y 500.000 según los servicios de inteligencia británicos), el Kremlin espera todavía ocupar militarmente la totalidad del Dombás, principal frente de guerra en estos 12 años de conflicto.

Según los analistas, ocupar esta región clave le abriría a Rusia la puerta hacia la toma de la capital, Kiev, y del resto del país.

Entre marzo de 2014 y octubre de 2022, Rusia ya se anexionó formalmente cinco territorios ucranianos –Crimea, Lugansk, Donetsk, Jersón y Zaporiyia-– esto es, alrededor del 20%, a pesar de que, salvo en los dos primeros casos, todavía no ha conseguido ocupar completamente la región en disputa.

Para Kiev, la suerte de la guerra depende en gran medida de que esa muralla estratégica, el Donetsk aguante

Especialmente crítica es la región de Donetsk, en cuya parte más occidental Ucrania ha erigido un cinturón fortificado entre las poblaciones de Sloviansk, Kramatorsk y Kostiantínivka que ha resistido hasta ahora sucesivas oleadas de ataques.

Para Kiev, la suerte de la guerra depende en gran medida de que esa muralla estratégica aguante y el frente pueda permanecer congelado en ese eje, porque el terreno al oeste, más llano, es mucho menos favorable para la defensa y la acción de sus letales drones.

A pesar de las afirmaciones del presidente ruso, numerosos testimonios coinciden en que el mando de Ucrania está consiguiendo poner en serias dificultades al ejército ruso en el este.

Según el Instituto para el Estudio de la Guerra (ISW), los avances rusos en el Donbás registran, de hecho, desde principios de 2026 una ininterrumpida desaceleración.

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