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El “y yo más” del castrismo cada 11 de septiembre

11S

Bruno Rodríguez presume de un “historial limpio” en materia de terrorismo que no resiste un paseo por los archivos 

La propaganda cubana utiliza cada año el 11S para presentarse como "el país que más ataques terroristas ha recibido durante más tiempo”. / Wikimedia Commons
Yunior García Aguilera

11 de septiembre 2026 - 16:40

Madrid/Este 11 de septiembre, cuando se cumplen 25 años de los atentados que dejaron casi 3.000 muertos en Estados Unidos, la prensa oficial cubana volvió a practicar una de sus especialidades, el “y yo más”. La coreografía, repetida hasta el cansancio, arranca con el pésame, enseguida llega el “pero” y, a los pocos párrafos, Cuba ya disputa el primer puesto entre las mayores víctimas del terrorismo desde los tiempos de Caín y Abel.

Prensa Latina recordó las Torres Gemelas, pero enseguida saltó a Salvador Allende, al diplomático cubano Félix García Rodríguez, asesinado en Nueva York el 11 de septiembre de 1980, y a las culpas de Washington. Granma habló de “la larga sombra del terrorismo contra Cuba”, mientras Miguel Díaz-Canel aprovechó la fecha para calificar las sanciones estadounidenses de “terrorismo de Estado”.

Bruno Rodríguez Parrilla aportó la versión diplomática del mismo ejercicio. El canciller recordó los “trágicos y lamentables actos terroristas” de 2001 y, en el párrafo siguiente, llevó la mirada hacia la Isla. Cuba, escribió, ha sido “víctima durante más de seis décadas del terrorismo” y mantiene un rechazo “firme e invariable” a todas sus formas. Meses antes había ido todavía más lejos al proclamar que el país posee “un historial limpio contra el terrorismo, el crimen internacional organizado y la violencia”. La frase merece enmarcarse.

En 1958, cuando la Revolución todavía no gobernaba, ya existía dentro del Movimiento 26 de Julio una estructura llamada, sin demasiada preocupación por los eufemismos, Acción y Sabotaje

Hace seis años, Granma ya había redactado otro titular sin que le temblara el cursor. “Cuba, el país que más ataques terroristas ha recibido durante más tiempo”. Ni siquiera usaron el típico “modestia aparte” para presentarse como “uno de los más” castigados. No. Son los campeones absolutos, la medalla de oro del sufrimiento histórico. Uno espera a continuación el resto de la clasificación, Afganistán segundo, Irak con el bronce, quizá Colombia peleando un diploma olímpico. Pero el estudio comparativo nunca aparece. Ni una sola estadística internacional ni una tabla que permita comprobar el superlativo. La final ya venía arreglada por los guionistas del Comité Central.

Las cifras que utiliza La Habana proceden de su propia contabilidad y agrupan bajo el terrorismo fenómenos muy distintos, desde atentados y sabotajes hasta incursiones armadas y episodios de confrontación militar. Cuba ha sufrido terrorismo real y sus víctimas no necesitan exageraciones para existir. Lo difícil de sostener es que ningún otro país lo haya padecido más o durante más tiempo, sobre todo cuando las bases internacionales colocan desde hace décadas a Afganistán, Irak, Pakistán, Nigeria o Siria en magnitudes que hacen parecer bastante provinciana la competición organizada por Granma.

Pero aceptemos por un momento la definición generosa de La Habana y apliquémosla también hacia atrás. En 1958, cuando la Revolución todavía no gobernaba, ya existía dentro del Movimiento 26 de Julio una estructura llamada, sin demasiada preocupación por los eufemismos, Acción y Sabotaje. Hubo bombas, atentados y secuestros. El 26 de junio de aquel año, tropas de Raúl Castro retuvieron a diez estadounidenses y dos canadienses de una compañía minera en Oriente. Al día siguiente secuestraron a otros 24 militares estadounidenses que se encontraban de permiso fuera de la Base Naval de Guantánamo. La operación terminó involucrando a decenas de extranjeros.

El 13 de julio de 1994, embarcaciones estatales persiguieron y embistieron en la bahía de La Habana al remolcador 13 de Marzo, en el que decenas de personas intentaban huir de Cuba. Murieron 41, entre ellas diez niños

También estuvo la llamada Noche de las Cien Bombas, en noviembre de 1957, cuando el aparato clandestino del Movimiento 26 de Julio hizo estallar numerosos artefactos en La Habana. Décadas más tarde, métodos semejantes empleados contra el nuevo poder recibirían una denominación bastante menos romántica.

El expediente tiene después un capítulo escrito directamente desde el Estado. El 13 de julio de 1994, embarcaciones estatales persiguieron y embistieron en la bahía de La Habana al remolcador 13 de Marzo, en el que decenas de personas intentaban huir de Cuba. Murieron 41, entre ellas diez niños. La Comisión Interamericana de Derechos Humanos atribuyó responsabilidad al Estado cubano.

Menos de dos años después, el 24 de febrero de 1996, cazas MiG de la Fuerza Aérea cubana derribaron dos avionetas civiles de Hermanos al Rescate. Murieron Carlos Costa, Armando Alejandre, Mario de la Peña y Pablo Morales. La Organización de Aviación Civil Internacional concluyó que las aeronaves fueron abatidas fuera del espacio aéreo cubano. Cuesta encajar ambos episodios en la impecable biografía antiterrorista que ahora reivindica Bruno Rodríguez.

Fuera de la Isla, el historial tampoco permanece inmaculado. En mayo de 1967, cuatro militares cubanos desembarcaron cerca de Machurucuto, en Venezuela, junto a guerrilleros que pretendían reforzar la insurgencia contra un Gobierno elegido democráticamente. Documentos desclasificados de Estados Unidos describieron el episodio como una nueva prueba del patrocinio de La Habana a la subversión. Fidel Castro, lejos de ocultar su simpatía por aquellas operaciones, reivindicó públicamente el “deber moral revolucionario” de ayudar a las guerrillas latinoamericanas.

Durante décadas vivió en Cuba Joanne Chesimard, conocida como Assata Shakur, condenada por el asesinato del policía de Nueva Jersey Werner Foerster y convertida en la primera mujer incluida por el FBI en su lista de terroristas más buscados

Ahora cambiemos por un instante las banderas. Imaginemos a cuatro militares estadounidenses desembarcando clandestinamente en una playa cubana con armas y guerrilleros dispuestos a derrocar a Fidel Castro. Ni siquiera hace falta escribir el titular de Granma. Todos sabemos cuál habría sido la palabra principal.

Colombia ofrece otro capítulo. El M-19, que en 1980 tomó la Embajada de República Dominicana en Bogotá y mantuvo secuestrados durante 61 días a numerosos diplomáticos, tuvo una relación documentada con Cuba. Informes de inteligencia estadounidenses estimaron que cerca de 200 miembros de la organización recibieron entrenamiento en la Isla antes de regresar a Colombia. También existen documentos que vinculan a funcionarios cubanos con operaciones de traslado de armas destinadas al grupo.

El diccionario volvía a hacer maravillas. Cuando los enemigos de La Habana secuestraban personas, eran terroristas. Cuando lo hacían guerrillas amigas, podían ser combatientes revolucionarios.

Y luego está el refugio. Durante décadas vivió en Cuba Joanne Chesimard, conocida como Assata Shakur, condenada por el asesinato del policía de Nueva Jersey Werner Foerster y convertida en la primera mujer incluida por el FBI en su lista de terroristas más buscados. Fidel Castro le concedió asilo y allí permaneció hasta su muerte en La Habana, en septiembre de 2025.

“Si nos dedicamos al terrorismo, con toda seguridad que seríamos eficientes”

También encontró refugio en la Isla William Morales, fabricante de explosivos de las FALN puertorriqueñas. Y otros fugitivos reclamados en Estados Unidos por asesinatos, secuestros o violencia política fueron acogidos durante años por un Gobierno que denuncia como complicidad cualquier protección estadounidense a enemigos violentos del castrismo.

Nada de esto convierte en imaginarias las bombas contra hoteles cubanos, la voladura del vuelo 455 de Cubana –aún sin aclarar del todo– o el asesinato de Félix García. Fueron actos de terrorismo y sus víctimas merecen ser recordadas sin matices interesados. Lo que resulta más difícil es conservar intacto aquel “historial limpio”.

Tal vez por eso, entre todas las citas que ha producido la Revolución sobre el tema, ninguna resulte tan útil como una del propio Fidel Castro. La pronunció el 6 de junio de 1976, durante un acto por el aniversario del Ministerio del Interior. “Si nos dedicamos al terrorismo, con toda seguridad que seríamos eficientes”. Después aseguró, con sonrisa pícara, que la Revolución nunca lo había practicado. Y añadió “No quiere decir que renunciemos a ello, ¡lo advertimos!”.

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