Colombia, una nación partida en dos
Análisis
Abelardo de la Espriella hereda un país fracturado y con enormes problemas que dejará la actual administración
Bogotá/Gustavo Petro deja un país más dividido que aquel que recibió cuatro años atrás. El próximo 7 de agosto el presidente Petro tendrá que entregar el poder a su sucesor, el presidente electo este domingo, Abelardo de la Espriella.
Más que un jefe de Estado, Petro ha sido un agitador de la lucha de clases, un activista de sus causas o como dijo en días recientes quien fuera su director en la cuestionada Unidad Nacional de Gestión del Riesgo de Desastres, Carlos Carrillo, el mismo que advirtió la semana pasada de que se incendiará el país y habrá un estallido social si la derecha se impone, “Petro nunca dejó de pensar como un comandante guerrillero, Petro es una persona que ni en la Alcaldía (de Bogotá), ni en el Senado, ni en la Presidencia, dejó de pensar como un comandante del M-19. Él piensa y actúa como un comandante del M-19 siendo presidente de Colombia”.
La observación de Carrillo se produjo en medio de un diálogo en el que trataba de minimizar el temor o escepticismo hacia Iván Cepeda y lo promovía como un demócrata, pacifista y moderado, en su criterio injustamente tratado al vincularlo con la guerrilla, frente a un Petro más combativo que no ha dejado de comportarse como comandante guerrillero. La afirmación de Carrillo sobre Petro se vio corroborada, una vez más, con las banderas de la extinta guerrilla M-19 ondeando esta misma semana durante un acto público del presidente en Cali y cuyo vídeo fue difundido por el mandatario en sus redes sociales.
“Petro nunca dejó de pensar como un comandante guerrillero"
En estas semanas de campaña y agitación electoral el oficialismo se apropió de conceptos como “pueblo”, “vida” o “decencia” para promover a su candidato y descalificar al candidato de derecha y a sus electores. Analistas “progresistas”, con mucha presencia en la prensa local e internacional, alertaron constantemente sobre el riesgo que suponía el candidato y outsider de derecha para la democracia y la institucionalidad colombianas, pero minimizaron los riesgos para la democracia y la institucionalidad con Cepeda. Incluso, tras la primera vuelta, algunos no se han privado de enrostrarle a De la Espriella el concepto de “fascista”.
El editor venezolano Daniel Duquenal enlazaba una nota de France 24 la semana pasada como “ejemplo de mal periodismo y de la tendencia de izquierda de @France24_es (como EFE en España). Independientemente de las propuestas de los dos candidatos (una mala y la otra hipócrita), al texto solo falta agregarle ‘vota por Cepeda’. Tener que escoger entre Chávez y Bukele es un horror sin que la zurderia arrogante europea se dé cuenta del asunto”.
De la Espriella ha sido un abogado polémico (se lo ha criticado por tener clientes mafiosos y criminales, entre ellos Álex Saab, el presunto testaferro de Nicolás Maduro) y un candidato excesivo y extravagante, pero en las entrevistas de la última semana y en su discurso de este domingo en la noche ha prometido acatar, respetar y defender la Constitución.
Tan apretada victoria no concede un cheque en blanco al vencedor quien tendrá la difícil tarea de gobernar un país con enormes problemas que dejará la actual administración
Cepeda, a menudo presentado como un candidato progresista y de izquierda moderada, un filósofo y el hombre que apuesta a la paz, mantiene una ideología radical y una visión estatista, tras su derrota en primera vuelta desistió, por ahora, de una Constituyente.
Iván Cepeda tampoco se ha privado de rendir honores a los autócratas Fidel Castro y Hugo Chávez. De hecho, esta semana admitió que ha habido momentos autoritarios en esos países, pero nunca las ha definido como dictaduras. La izquierda colombiana todavía no lo sabe, no quiere saberlo, se resiste a admitirlo, tampoco se ha enterado del fraude electoral en Venezuela.
En cualquier caso, es una buena noticia que la demencial campaña presidencial en Colombia haya terminado. Tan apretada victoria no concede un cheque en blanco al vencedor quien tendrá la difícil tarea de gobernar un país profundamente dividido, fracturado y con enormes problemas que dejará la actual administración.