Cuba requiere un verdadero ‘shock’ capitalista
Opinión
Es una fantasía creer que las nuevas medidas abren camino al modelo vietnamita o chino
Boston/Las 176 medidas anunciadas recientemente por el Gobierno de Cuba pretenden llevar a una liberalización de la economía con la supuesta privatización de empresas, apertura a la inversión y al comercio externo, reformas sobre la energía y la agricultura, apertura a la banca y agencias cambiarias entre otros muchos elementos.
Sin embargo, esto dista lejos de ser una verdadera liberalización de la economía ya que no se forma un marco creíble de condiciones que permita el apropiado funcionamiento de los mercados y los derechos legítimos de propiedad, elementos centrales de un sistema de libre empresa. Las medidas no crean las condiciones para la inversión necesaria en la reconstrucción y funcionamiento saludable de la economía. Tampoco queda claro que vayan a ocurrir los ajustes fiscales y monetarios necesarios para asegurar la estabilidad financiera y el control de la inflación que está diezmando la capacidad de compra de las familias.
La condición primordial que requiere una economía de libre mercado es el rol subsidiario del Estado en el aparato productivo y en las decisiones de inversión. Las nuevas medidas no establecen los mecanismos para que esto ocurra. Faltan mecanismos transparentes de asignación de empresas estatales que garanticen su autonomía. Falta una verdadera descentralización financiera. Una banca privada sólida requiere accionistas diversificados y desligados del Estado.
En el caso chino, el tamaño de su mercado y la altísima tasa de ahorro eran condiciones muy favorables para el despegue de la economía. La agricultura vietnamita tenía condiciones propicias para su reforma
Se habla de que las nuevas medidas abren camino al modelo vietnamita o chino. Eso es una fantasía. Cuba no tiene las características estructurales de esos dos países al comienzo de sus grandes reformas. En el caso chino, el tamaño de su mercado y la altísima tasa de ahorro eran condiciones muy favorables para el despegue de la economía. La agricultura vietnamita tenía condiciones propicias para su reforma y contribuyó en gran parte al auge inicial del país. Cuba parece apuntarse más al nuevo modelo venezolano en donde el Estado sigue en control del aparato productivo sin verdaderas reformas, pero con una apertura parcial al capital externo.
Un cambio productivo ideal hacia el libre mercado requiere afianzar el rol subsidiario del Estado como ha ocurrido en muchos países del Este de Europa. Esto no es visible en Cuba. Es evidente que se requieren cambios que implican un nuevo régimen político. Hay varias modalidades para el cambio de régimen ya sea por dinámica interna, colapso del sistema o presión popular. Esto no es predecible.
Las presiones externas como las sanciones y el bloqueo energético de Estados Unidos cambian la dinámica interna pero no es posible discernir la trayectoria a venir de las condiciones políticas. De nuevo, el ejemplo de Venezuela inspira limitada confianza en que la presión externa provea el impulso crucial en la implementación de reformas económicas y políticas. A lo mejor la Administración estadounidense aprende bastante de la reciente experiencia venezolana.
Las presiones externas como las sanciones y el bloqueo energético de Estados Unidos cambian la dinámica interna pero no es posible discernir la trayectoria a venir de las condiciones políticas
Las reformas reales necesitan de un diseño general. El punto más importante es el rol del Estado que permita realizar las reformas. Las realidades de diversos elementos de influencia en la sociedad cambian las posibilidades de reforma y luego entonces su ordenamiento. Es posible y saludable diseñar alguna secuencia óptima de reforma, pero lo más importante es crear las condiciones para su éxito. Sobre todo, no hay que desechar las oportunidades de apertura aun cuando su secuencia no sea óptima. El momento de reformas en el precio de los alimentos generalmente no es bueno para las familias. Se van a requerir fondos privados como remesas y públicos para mantener niveles básicos de consumo en la Isla.
En suma, Cuba requiere un verdadero shock capitalista. Lo que está en marcha con las 176 medidas es la apariencia de un movimiento mayor hacia el libre mercado. Las condiciones no existen para ello sin cambios en el régimen político que garanticen la limitada función del Estado. Este shock capitalista puede ocurrir. Tal vez Cuba lo logre.
—----------------------------------------------
Nota de la Redacción: El autor ha sido Economista Jefe en la OEA y Director para América Latina del departamento del Institute of International Finance en Washington.