APOYO
Para ayudar a 14ymedio

Un par de bueyes y una carreta, últimas innovaciones de la estrategia militar en Cuba

Opinión

¿Qué pensarán en Washington y Moscú de la logística bovina introducida por La Habana en la "guerra de todo el pueblo"'?

Siguiendo la misma lógica, el estrecho de Ormuz podría cerrarse con un par de barracudas. / Captura de pantalla
Yunior García Aguilera

11 de abril 2026 - 15:37

Madrid/Las redes sociales del régimen han vuelto a regalar una de esas estampas concebidas a medio camino entre la parodia, la jodedera y el choteo criollo. En los videos de los preparativos para la defensa que circulan este sábado, varios uniformados semidesnutridos se despliegan alrededor de una vivienda rural, se agachan, toman posiciones y simulan una operación militar con la gravedad de quien cree estar participando en el preludio del desembarco de Normandía. Solo que, en medio de la escena, irrumpe una carreta camuflada, arrastrada por un par de bueyes, como si se tratara de un arma secreta, decisiva e inexpugnable.

En algún despacho del Pentágono, uno imagina a los generales estadounidenses viendo los videos en silencio, primero con desconcierto, luego rebobinándolos para asegurarse de que no están ante un meme, y al final preguntándose si aquello es un ejercicio militar o una feria agropecuaria de Gaesa. Quizá alguno haya concluido que no hace falta desplegar drones, satélites ni misiles de precisión frente a un adversario que todavía parece librar sus batallas en plena Edad Media.

Del otro lado, también es fácil imaginar la incomodidad de los aliados de La Habana. En Moscú, tal vez alguien habrá desviado la mirada para no admitir que, después de enviar armas, petróleo y respaldo político, la gran vitrina de la “resistencia” cubana termine haciendo semejantes papelazos. Incluso en Teherán, quizá algún estratega habrá pensado que, siguiendo la misma lógica, el estrecho de Ormuz podría cerrarse con un par de barracudas, tres tiburones y una lancha forrada con yerba seca.

Una cosa es improvisar en un país arruinado y otra muy distinta convertir la precariedad en doctrina militar

Mientras el mundo discute sobre drones autónomos, sistemas de interferencia electrónica, misiles guiados con alta precisión y guerras libradas a miles de kilómetros mediante pantallas, satélites y sensores, en Cuba la épica defensiva parece seguir confiando en la logística bovina. El buey, lento y completamente ajeno a la retórica del “enemigo imperial”, entra así en el elenco de la “guerra de todo el pueblo”.

No faltará quien diga que se trata de ingenio, de adaptación a las carencias o de una muestra de “resistencia creativa”. Pero una cosa es improvisar en un país arruinado y otra muy distinta convertir la precariedad en doctrina militar y, encima, exhibirla. En las imágenes, los soldados corretean, se embarran el rostro con fango, se cubren de hierbas y arbustos, como si las armas térmicas, la visión nocturna y la vigilancia satelital todavía no hubieran sido descubiertas.

Lo risible, sin embargo, deja de ser simpático cuando se observa el contexto. Desde enero, tras la captura de Nicolás Maduro y el corte de los envíos petroleros venezolanos, el régimen cubano ha intensificado sus maniobras militares y la puesta en escena de ejercicios de defensa. En paralelo, la crisis energética se ha agravado hasta extremos que afectan la vida cotidiana, la red eléctrica y servicios esenciales.

Ahí entran en escena los bueyes villaclareños, no como innovación táctica, sino como recurso de utilería para disimular el despilfarro

El tanquero ruso Anatoly Kolodkin llegó con unos 730.000 barriles de crudo, una cantidad limitada cuyo verdadero dilema no es su volumen, sino en qué va a decidir gastarlo el poder. Muy poco va a durar esa ayuda si termina derrochada en absurdos simulacros de guerra. Mientras se suspenden operaciones en los hospitales, escasean insumos y el sistema sanitario funciona al límite por los apagones y la falta de combustible, el Estado sigue encontrando miles de litros, semana tras semana, para mover tanques, helicópteros y equipos pesados, como se ha visto en maniobras anteriores.

Ahora los propagandistas parecen haber entendido que ya no tiene ninguna gracia denunciar ante el mundo que no hay combustible para los pediátricos, pero sí para despliegues militares semanales. La narrativa de la victimización permanente tropieza con la evidencia de un poder que, cuando se trata de blindarse a sí mismo, siempre encuentra reserva, diésel, movilización y escenografía. Quizá ahí entren en escena los bueyes villaclareños, no como innovación táctica, sino como recurso de utilería para disimular el despilfarro.

En un país colapsado, derrochar combustible en ejercicios inútiles para tranquilizar a una cúpula nerviosa no transmite fortaleza. Transmite miedo. Y también desconexión. La distancia entre el poder y las necesidades de la gente se mide hoy en horas de apagón, en rutas de guagua canceladas, en cosechas perdidas y en hospitales exhaustos. Pero también, al parecer, puede medirse en la longitud de una carreta tirada por bueyes y presentada como si fuera un recurso estratégico.

La escena provoca risa, sí. Pero después deja algo peor: la certeza de que, mientras el país se hunde, quienes mandan siguen jugando a la guerra con el combustible que le niegan a la población. Y así, entre la yerba seca, el camuflaje de fango y el paso cansino del ganado militar, la Revolución termina demostrando que ya no sabe conducir un país y apenas logra arrear su propia decadencia.

No hay comentarios
Ver los Comentarios

También te puede interesar

Lo último