La quinta muerte de la Revolución cubana es la definitiva
Opinión
La convocatoria para que los trabajadores aplaudan la lista de 176 apuestas por el capitalismo cierra el ciclo
La Habana/La primera muerte fue rápida. La de 1962, la que dejó atrás la restauración democrática. En la segunda se trató de una más lenta e igual de traumática: la que liquidó tanto al bolchevismo de la microfracción como al marxismo heterodoxo de la revista Pensamiento Crítico; pulverizando, de paso, en 1968, a la pequeña y mediana empresas. La tercera ocurrió a principios de los 90, cuando empezó a embarazarse de capitalismo de frontera, a través del turismo de estilo Sun City (aquel resort de placer en medio de la Sudáfrica del apartheid), en alianza con empresas capitalistas amigas del viejo Occidente. Y no deja de ser curioso que la entrada de este capitalismo fuera por el lujo y el ocio, el proyecto del último Batista, y no por el capitalismo fordista de las maquiladoras.
La cuarta muerte sucedió cuando, después de 2006, este capitalismo del lujo, de almacenes y ocio fue capturado por los militares y extendido al mundo de los puertos y de las finanzas –dicen las malas lenguas que contra la visión de Fidel Castro–, en una burda reproducción del modelo colonial de nuestro patricio del siglo XIX, José Antonio Saco. De este estropicio estratégico no nos recuperaremos con facilidad.
La quinta muerte de la Revolución, de junio de 2026, se produce porque, bajo la presión de Estados Unidos, el capitalismo se hace estructural y consustancial, en una de sus peores variantes, a la vida cotidiana de todos los cubanos: unos para ser incluidos y el resto, la mayoría, para ser excluibles. En un pequeño guiño a Javier Milei.
Esta es su muerte definitiva: cuando el relato de la sobrevivencia revolucionaria asume la productividad capitalista, a la que siempre consideró como su negación
Esta es su muerte definitiva, la muerte clínica: cuando el relato de la sobrevivencia revolucionaria asume la productividad capitalista, a la que siempre consideró como su negación. Cuando ya no cuenta con el don de la palabra, el activo fundamental de la Revolución, ni con el discurso orgánico de la igualdad ni con el apoyo coherente de la izquierda remota. Su asunción se va produciendo con mucho duelo, pero su primera fase consiste en negarla.
Como la Revolución cubana ha tenido siempre problemas con la memoria, la codificación y la sistematización de su propio “pensamiento”, ahora el discurso oficial buscará disolver, ocultar y desaparecer del discurso hegemónico –ese que se hizo cultural y determinó los hábitos y reflejos mentales– todas las referencias que colocaban al capitalismo en las antípodas de la Revolución.
Pero no hace falta regresar a las densas lecturas, en una época en la que la economía de la atención solo alcanza para Tik Tok, un par de videos en Instagram y alguna polarización instantánea en Facebook, para sellar, por fin, el fin de la Revolución. La convocatoria para que los trabajadores aplaudan la lista de 176 apuestas por el capitalismo, dentro de ellas la venta por acciones de las empresas de las que se suponen propietarios, coloca la lápida de clausura a las duras peripecias históricas y existenciales iniciadas en 1959 hoy en el vacío.
Unos aplausos, con los que la clase obrera se suicida con energía norcoreana en una reunión emergente de la Central de Trabajadores de Cuba, valen más que mil palabras.
Que los obreros del Partido den la bienvenida al capital cierra ya, definitivamente, el ciclo de la Revolución cubana. Puede que nos estemos asomando a una versión caribeña de capitalismo renano en la que empresarios y obreros se ponen de acuerdo en y para muchas cosas, solo que los sindicatos alemanes no están controlados por un politburó.
Entonces, la retórica. Lo que está diciendo el poder en su pobreza narrativa y ausencia de fuerza conceptual y dramática entra de lleno al campo de la esquizofrenia y la disociación cognitiva, con sus mundos paralelos, sus hechos alternativos y sus procesos de descongelamiento de las viejas palabras, de readoctrinamiento en los nuevos significados y de congelamiento del pobre nuevo discurso. Según él, la Revolución se embaraza de capitalismo para parir mejor la sociedad comunista. De modo que, el pasado 16 de junio, los cubanos nos acostamos bajo la represión del Estado de obreros y campesinos, y nos despertamos el 19 del mismo mes bajo la represión del Estado de los futuros accionistas. ¿Para qué pasar por la democracia?
Ante cualquier escenario de tragedias ridículas, solemos decir de estas que llamarían a risa si no fueran tan trágicas. Pero los cubanos estamos dentro del primer escenario global en el que aparecen simultáneamente la tragedia de la vida real y la carcajada con las palabras del poder.