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Colgados de la vida

Tendido eléctrico alternativo. (14ymedio)
Marta Requeiro

13 de febrero 2017 - 13:22

Miami/Muchos cubanos viven colgados del cable de la ectricidad pública. Así era cuando vivía en la Isla, hace poco más de una década y así sigue pasando, porque nada ha cambiado para el bien del pueblo cubano, que cada día ha de bregar por su subsistencia.

El objetivo es poder realizar trabajos ilegales como la soldadura para confeccionar rejas, arrancar un compresor de aire para inflar las gomas a las bicicletas o montar una peluquería clandestinay para buscar unos pesos extras. "Guindarse" del cable logra bajar el consumo individual de la vivienda al no dejar que se eleve a un límite sospechoso, por el consumo indebido, el registro del reloj que en cada casa tiene la empresa eléctrica.

"Guindarse" del cable logra bajar el consumo individual de la vivienda al no dejar que se eleve a un límite sospechoso, por el consumo indebido, el registro del reloj que en cada casa tiene la empresa eléctrica

Hace unos años este tipo de instalaciones se hacían desde dentro de las casas y se les colocaba encima un cuadro religioso, de los 15 años de la niña, de la abuelita, o hasta una imagen de Fidel (como una que circulaba mucho por ese entonces de él vestido de verde olivo y boina, con el dedo índice de su mano derecha estirado como diciendo: "¡Te vi!, ¡te pillé, ¡te cogí!"). Así se evitaba llamar la atención si por algún "chivatazo" venían a hacer una inspección ocular.

Confieso que esa foto del susodicho me ponía nerviosa. Aparecía en todas partes como un recordatorio de que debíamos portarnos bien. Si iba a la farmacia a buscar algo, sabiendo que lo que encontraría sería el no por respuesta, veía también allí el dedo acusante del comandante. En una ocasión almorzaba junto a mi madre un bistec de caguama, adquirido por la izquierda, y cuando levanté la vista, desde un poste de luz situado frente a la casa, me apuntaba aquel temido dedo. Salté del susto y se me quitaron las ganas de comer.

Es imposible no hacer algo ilegal con tal de sobrevivir a las carencias. Es penoso decirlo, pero así es. El desabastecimiento , la falta de lo más elemental, como un jabón para bañarse o la leche del desayuno, contribuyen a que esto pase.

El pollo o el pescado que llegan a las bodegas no se despacha el mismo día. Se congela para que al día siguiente pese más y acabamos llevándonos más hielo a casa que otra cosa. En la época en que vivía en Cuba, el aceite para el consumo poblacional era de un sospechoso color amarillo mostaza, más denso que lo debido ‒como de motor‒ y era despachado, trayendo previamente la botella, a razón de un cuarto de libra por persona al mes. Así y todo, el bodeguero promediaba siempre unos milímetros a su favor de la cantidad correspondiente y, con un poquito que quitaba a uno y otro poquito a otro, llenaba muchas botellas que al final vendía a sobreprecio.

Así opera el mercado negro en Cuba, ese que hace que el ama de casa pueda "estirar" la comida hasta fin de mes. Es una maquinaria viciosa. En el mejor de los casos todo es canjeable: arroz por café, leche por jabón, etcétera.

En un tanque sobre el techo de la casa, supuestamente destinado a almacenar agua, escondíamos la antena parabólica, hecha por un experto que también tenía su negocio ilegal, con la que podíamos ver programas de calidad y películas.

Se sabe que los pocos privilegiados que tienen internet en su casa comparten la señal con su vecino previo acuerdo monetario. Así es todo.

Así opera el mercado negro en Cuba, ese que hace que el ama de casa pueda "estirar" la comida hasta fin de mes

El transporte es otro clavo en el zapato para los isleños que tienen que movilizarse a diario a cumplir sus obligaciones. Desde La Habana del Este hasta el Parque Central, los boteros, como le dicen a los taxistas particulares, cobran entre 30 y 40 CUP por persona. ¿Cómo consiguen la gasolina y las piezas de repuestos para esos autos que datan de los años 50? De la misma manera.

Muchos médicos sueñan con salir del país a cumplir misión con la idea de que mejorarán y devengarán lo suficiente como para apoyar a sus familias y esto, por lo general, no resulta como esperaron. Ejemplo: El Ministerio de Salud de Ecuador transfiere a La Habana mensualmente, por cada médico, un salario correspondiente a unos 2.641 dólares (porque el dólar americano es la moneda oficial de este país desde 2000). El especialista recibe unos 800 dólares, el 30%, y el 70% restante termina yendo a las arcas del Gobierno cubano.

¿Qué va a pasar con Cuba? No lo sé. Por el momento, el cubano sigue colgando del cable de la electricidad, de la antena y de la vida.

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Marta Requeiro emigró a Chile a finales de los 90 y se nacionalizó chilena. Ahora vive en EE UU. Publica sus crónicas en la web cubana en Suecia Democracia y Vida.

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