Casi 24 horas después del apagón nacional, Cuba sigue sin luz en la mayor parte de su territorio
Apagón
La UNE intenta reanimar el sistema con el encendido de las calderas de la Guiteras y la Céspedes y el sostenimiento de microsistemas en varias regiones
La Habana/Madrid/Más de 20 horas después de la desconexión total del sistema eléctrico nacional (SEN), la segunda en apenas una semana, Cuba seguía este domingo sumida en una recuperación lenta, fragmentada y todavía incierta.
A la 1:25 pm, la página de Facebook de la Unión Eléctrica (UNE) informó del encendido de la caldera de la central termoeléctrica Antonio Guiteras, en Matanzas, y de la caldera de la unidad 4 de la CTE Carlos Manuel de Céspedes, en Cienfuegos, dos pasos clave en el intento de reanimar un sistema que volvió a colapsar este sábado.
Los comentarios en la publicación oficialista son una muestra del hartazgo popular. “Ya estamos muy cansados”, escribe una usuaria, mientras otros reportan que continúan sin electricidad desde varios puntos de la Isla. “Ustedes encienden las calderas, pero yo sigo sin encender mis calderos”, comenta otro cubano.
Según explicó el director general de Electricidad del Ministerio de Energía y Minas, Lázaro Guerra Hernández, en la revista Buenos Días, en ese momento funcionaban dos microsistemas con “mayor solidez”: uno en occidente, apoyado en Energás Boca de Jaruco, y otro en el centro, con Energás Varadero, Céspedes 3 y la hidroeléctrica de Hanabanilla. También estaba en proceso de arranque la unidad 1 de Santa Cruz del Norte y se preveía iniciar el bloque 4 de la CTE de Céspedes. La prioridad inmediata, añadió, era energizar la Antonio Guiteras para ponerla en marcha.
El plan oficial pasa primero por robustecer los microsistemas de occidente y del centro hasta lograr unificarlos. Solo después se intentaría conectar el oriente del país, que sigue dependiendo de pequeñas islas eléctricas destinadas apenas a sostener hospitales, abasto de agua y otros servicios básicos. En Pinar del Río, Artemisa y desde Sancti Spíritus hasta Guantánamo, la electricidad continúa llegando de forma mínima y selectiva.
Solo dos de las 16 unidades de generación termoeléctrica del país estaban funcionando en la mañana de este domingo. Aunque ya habían comenzado las maniobras para una reconexión gradual, la recuperación real podría tardar varios días, como ha ocurrido en colapsos anteriores.
Sobre las causas de esta nueva caída –la segunda en apenas una semana y la séptima de alcance nacional en año y medio–, Guerra señaló a la televisión estatal que se detectó la salida de una unidad de la termoeléctrica de Nuevitas, en Camagüey, a la que siguió un efecto “en cascada” que dejó fuera de servicio a otras generadoras del país. Aunque la investigación sigue abierta, la explicación vuelve a apuntar a la extrema fragilidad de una red que opera al límite.
En La Habana, la Empresa Eléctrica informó en Facebook que hasta las 4:30 pm se habían restablecido 24 subestaciones y 188 circuitos de distribución, lo que beneficia a 569.001 clientes —el 66% de la ciudad— con una carga de 368 megavatios. En el resto del país, el panorama seguía siendo peor, con amplias zonas desconectadas o apenas sostenidas por microsistemas para centros vitales.
La recuperación del SEN exige un proceso técnico delicado: arrancar primero con fuentes de generación más flexibles –como hidroeléctricas, motores y plantas de arranque rápido–, crear pequeñas áreas energizadas e irlas conectando poco a poco hasta llevar suficiente corriente a las termoeléctricas, que siguen siendo la base del sistema cubano. Pero ese procedimiento, ya de por sí lento, choca con una red eléctrica obsoleta, vulnerable a cualquier avería y sostenida a duras penas.
Antes de este nuevo colapso, la situación ya era crítica. En La Habana, los apagones rondaban las 15 horas diarias y en muchas provincias podían extenderse durante más de un día completo. El nuevo derrumbe del sistema no hace más que agravar una crisis energética que se arrastra desde mediados de 2024 y que combina el deterioro estructural del SEN con la escasez severa de combustible.