Caminar por las calles de la ciudad de Matanzas se ha convertido en un peligro para la vida
Derrumbes
En temporada de lluvias, la humedad ensancha las grietas en los edificios antiguos de la calle Milanés y provoca la caída de balcones, cornisas y fachadas enteras
Matanzas/Después de cada aguacero, muchos vecinos del centro de Matanzas evitan caminar en las aceras. Prefieren avanzar por la calle, pese al tránsito, para mantenerse alejados de las fachadas agrietadas, los balcones deteriorados y las cornisas que pueden desprenderse sin previo aviso.
El temor volvió a extenderse hace unos días, cuando parte de la fachada de un edificio antiguo se desplomó en la calle Milanés. Los escombros cayeron sobre la vía y generaron peligro para peatones y vehículos, aunque no se registraron lesionados.
El derrumbe no sorprendió a quienes viven en los barrios más antiguos de la ciudad. Con la llegada de las lluvias veraniegas, los residentes toman precauciones al pasar junto a numerosos inmuebles que llevan años sin mantenimiento y presentan señales visibles de deterioro.
“Para nosotros, los matanceros, las temporadas de lluvia son casi tan peligrosas como la temporada ciclónica”, cuenta Yanislady, residente en Pueblo Nuevo. La mujer recuerda que buena parte de las viviendas más antiguas supera el siglo de existencia y que la humedad agrava las grietas, las filtraciones y el debilitamiento de techos y paredes.
"Después de cada aguacero era normal enterarnos de que a alguien se le había caído la casa encima”
“Hace algunos años hubo una temporada de lluvias particularmente desastrosa. Después de cada aguacero era normal enterarnos de que a alguien se le había caído la casa encima”, explica. No recuerda víctimas mortales, pero sí numerosos rescates de personas atrapadas entre los escombros.
Yanislady sostiene que las intervenciones realizadas en 2018 por el aniversario 325 de la fundación de Matanzas se concentraron en edificios emblemáticos y algunas cuadras del centro histórico, mientras numerosos inmuebles de los barrios quedaron fuera de los trabajos.
“Se reparó el Teatro Sauto y alguna que otra zona céntrica, pero eso nunca llegó a todos los barrios”, lamenta. “Por eso, después de las lluvias, ves a la gente caminando por el centro de la calle. Lo hacen para evitar el peligro o, al menos, para tener tiempo de reaccionar si alguna fachada cae”.
Entre los edificios que generan mayor preocupación se encuentra la antigua Escuela de Idiomas, ubicada en la calle Ayuntamiento. El inmueble, de una arquitectura singular y considerado parte del patrimonio urbano por los vecinos, presenta un deterioro avanzado.
“Vinieron y pusieron un cartel de peligro de derrumbe, pero incluso así se siguieron impartiendo clases”, afirma Israel, residente en la zona. La señal continúa visible, aunque el edificio permanece sin una reparación integral.
El vecino recuerda que una situación similar ocurrió en la Facultad Obrero Campesina, situada a pocas cuadras, en la calle Río. Allí las actividades docentes continuaron pese a los daños estructurales hasta que se desprendió una parte del edificio. “Entonces tuvieron que cerrarlo y trasladar la facultad a la Escuela Provincial de Economía”, señala Israel. “Parece que las autoridades esperan a que algo se caiga para actuar”.
El mayor peligro en la antigua Escuela de Idiomas no se limita al estado del inmueble. Justo enfrente se encuentra el Bufete Colectivo Matanzas 2, uno de los más concurridos de la ciudad. Durante las mañanas, decenas de personas esperan en la acera para realizar trámites legales.
“Al final, quien termina mal es el cubano de a pie, aplastado por el edificio”
“Si el edificio cae, ojalá tengamos la misma suerte que en Milanés”, dice Israel mientras señala la entrada del bufete. “Aquí las colas son gigantescas y muchas personas permanecen durante horas frente a esa fachada”.
“El día que pase algo vendrán, dirán las mismas tres boberías de siempre y se volverán a ir”, asegura. “Al final, quien termina mal es el cubano de a pie, aplastado por el edificio”.
El peligro no se limita al centro histórico ni a los barrios con mayor cantidad de construcciones coloniales. En La Playa, una zona con edificaciones relativamente más recientes, también existen inmuebles que amenazan la seguridad de los transeúntes. Uno de ellos es el antiguo Círculo Infantil Esperanza de América, situado en la calzada General Betancourt. Landy, un vecino del barrio, publicó varias imágenes y advertencias en grupos de Facebook vinculados con Matanzas para llamar la atención sobre el deterioro del edificio.
La calzada General Betancourt es, junto con el Viaducto, una de las vías más transitadas de la ciudad. Por allí circulan diariamente automóviles, ómnibus, motocicletas, bicicletas y numerosos peatones. “Si una columna del círculo infantil cae, no quiero ni imaginarme lo que puede pasar”, advierte Landy. “Con la vida de las personas no se puede jugar”.
El matancero considera que el deterioro cotidiano y las múltiples preocupaciones de los residentes reducen también su capacidad para detectar los riesgos. “La gente está cada día más estresada. A veces es difícil prestar atención hasta al semáforo, imagínate estar pendiente de los techos y las columnas”.
Landy asegura que su denuncia busca obligar a las autoridades provinciales a actuar antes de que ocurra un accidente. “A ver si el Gobierno de esta provincia hace algo más que celebrar actos en sus circuitos priorizados y se digna a hacer las reparaciones", reclama, en lugar de limitarse a colocar carteles de advertencia o cintas para impedir el tránsito junto a las fachadas inestables.