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La canasta básica se encoge en Guantánamo

Cuba

Menos productos, entregas irregulares y alimentos de mala calidad agravan la vulnerabilidad alimentaria en la ciudad

La lista de alimentos se ha ido reduciendo con el paso de los años y la irregularidad en la distribución ha terminado por convertir lo que antes era una rutina mensual en una lotería. / Venceremos
Dayamí Rojas

21 de abril 2026 - 13:22

Guantánamo/El bodeguero abre la puerta con una parsimonia que parece ensayada. Son las ocho de la mañana y ya hay una docena de personas esperando frente al pequeño local de la calle Crombet, en pleno centro de la ciudad de Guantánamo. Algunos llevan la libreta de abastecimiento doblada en el bolsillo trasero; otros, una jaba vacía que cuelga del antebrazo. La escena se repite cada mes, pero cada vez con menos productos que recoger y más dudas sobre lo que llegará, o no, a la mesa.

La canasta básica normada, ese sistema que durante décadas sostuvo la alimentación mínima de las familias cubanas, atraviesa en Guantánamo, como en todo el país, un agotamiento crónico. La lista de alimentos se ha ido reduciendo con el paso de los años y la irregularidad en la distribución ha terminado por convertir lo que antes era una rutina mensual en una lotería marcada por retrasos, sustituciones y silencios.  

“Lo poco que está llegando es de donación, pero así no se puede sostener un mercado de este tipo porque no se sabe cuándo algún país va a donar ni qué cantidad”

En la cola, Donato se apoya en su bastón mientras observa el movimiento de los sacos que descargan desde un camión destartalado. A sus 78 años, recuerda tiempos en que la bodega era un lugar bullicioso y predecible, donde se sabía con exactitud qué día tocaba el arroz, el azúcar o el aceite. Ahora, dice, todo depende de la disponibilidad y de la ayuda externa.

“Lo poco que está llegando es de donación, pero así no se puede sostener un mercado de este tipo porque no se sabe cuándo algún país va a donar ni qué cantidad”, asegura con un tono que mezcla resignación y escepticismo.

La dependencia de donaciones internacionales se ha convertido en un rasgo cada vez más visible del sistema de abastecimiento. En los últimos meses, varios productos distribuidos en Guantánamo, desde granos hasta aceite, han llegado a través de programas de cooperación o ayuda humanitaria. Sin embargo, esas entregas no siguen un calendario estable, lo que provoca interrupciones frecuentes en la distribución de alimentos esenciales.

Dentro de la bodega, los estantes exhiben un vacío que resulta difícil de disimular. Un saco de arroz abierto sobre una tarima y unas cajas de compotas para niños constituyen el inventario principal. El bodeguero revisa una lista pegada en la pared donde aparecen anotados los productos pendientes de distribución: café, aceite y sal. Ninguno tiene fecha confirmada de llegada.

“Uno vive con la preocupación constante de si mañana habrá algo para darle al niño”, comenta mientras remueve el líquido caliente

Para muchas familias, la mayor preocupación gira en torno a la leche en polvo destinada a los niños. El suministro, que antes era relativamente estable, se ha vuelto errático en los últimos años. En algunos meses se entrega con retraso; en otros se pospone sin explicación.

En el barrio de San Justo, al norte de la ciudad, Maribel prepara el desayuno de su hijo de cuatro años con lo poco que tiene a mano: un pan pequeño y una taza de infusión de hierbas. La leche en polvo correspondiente al mes anterior todavía no ha llegado a su bodega.

“Uno vive con la preocupación constante de si mañana habrá algo para darle al niño”, comenta mientras remueve el líquido caliente. “Antes, al menos, sabíamos que la leche estaba garantizada. Ahora no se puede contar con eso”.

La inestabilidad en la entrega de alimentos básicos ha obligado a muchas familias a recurrir al mercado informal, donde los precios resultan prohibitivos para la mayoría. Un kilogramo de leche en polvo puede superar los 2.000 pesos, una cifra que equivale a varios días de salario para un trabajador estatal.

“Los chícharos que distribuyeron el mes pasado estaban llenos de bichos”, relata con indignación. “Tuve que escogerlos uno por uno y botar la mitad”

La calidad de los productos también ha generado quejas frecuentes entre los consumidores. Graciela, una jubilada de 66 años que vive en el reparto Caribe, recuerda con disgusto la última entrega de granos.

“Los chícharos que distribuyeron el mes pasado estaban llenos de bichos”, relata con indignación. “Tuve que escogerlos uno por uno y botar la mitad”.

Ese deterioro en la calidad se suma a la reducción en las cantidades distribuidas. En algunos meses, las raciones de arroz o azúcar han sido inferiores a las previstas, mientras que otros productos, como el aceite o el café, han desaparecido temporalmente de la libreta.

El problema no se limita a la disponibilidad de alimentos, sino también a la logística de distribución. En varias bodegas de Guantánamo, los retrasos en la llegada de mercancías han provocado colas prolongadas y discusiones entre vecinos que temen quedarse sin su cuota. La incertidumbre se ha vuelto parte de la rutina diaria.

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