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El colapso energético en Cuba obliga a buscar salidas de emergencia fuera de la red nacional

Energía

En Matanzas, los excrementos de cerdo serán procesados para fabricar combustible para cinco ómnibus Yutong; en Granma, un horno de biomasa ayuda al secado de arroz

Los desechos orgánicos provenientes de las cochiqueras serán transformados en biometano en Martí / Facebook
14ymedio

05 de abril 2026 - 16:28

La Habana/En una Cuba asfixiada por los apagones, la falta de combustible y el desplome del sistema eléctrico, empiezan a multiplicarse soluciones locales que intentan aliviar, apenas, una crisis que el Estado es incapaz de contener. La apertura de una solinera (instalación solar) en Villa Clara; de un proyecto de biometano para mover guaguas en Matanzas; y de un horno de biomasa para secar arroz en Granma revela una misma urgencia: buscar salidas donde el modelo centralizado ya no ofrece respuestas.

La más visible de estas experiencias acaba de abrir en el Consejo Popular de Virginia, en Villa Clara. Allí, el Proyecto de Desarrollo Local Gomate inauguró la primera solinera de la provincia, una instalación que genera electricidad con energía solar y funciona desligada del Sistema Eléctrico Nacional. En una Isla donde cocinar o cargar un teléfono depende cada vez más de la suerte con los horarios de apagón, la propuesta ofrece servicios básicos para la comunidad: cocción gratuita de alimentos y carga de celulares, laptops, motorinas, triciclos y otros vehículos con baterías.

Según explicó Julio Ernesto Gomate Morales, director del proyecto, la obra fue levantada en apenas nueve días. La instalación tiene capacidad para seis vehículos al mismo tiempo y 26 tomas dobles que permiten conectar 52 equipos de cocción. Mientras la cocina será gratuita, la carga de transportes tendrá un precio todavía por definir, con el argumento de garantizar la sostenibilidad del servicio.

Las autoridades locales celebraron la obra como una “fortaleza” para la comunidad

Las autoridades locales celebraron la obra como una “fortaleza” para la comunidad, sobre todo en una zona castigada por los prolongados cortes eléctricos. Técnicamente, la solinera dispone de 30 kilovatios de potencia, 60 de almacenamiento y 56 paneles solares, según detalló Reinaldo Andino González, del grupo Eléctrica Total, encargado del montaje. También fue pensada para escenarios de crisis más severos, como huracanes, cuando el sistema suele colapsar durante más tiempo.

Algo similar ocurre en Matanzas, donde el municipio de Martí impulsa un proyecto pionero para convertir biogás en biometano y usarlo como combustible para el transporte público. La iniciativa se apoya en biodigestores de gran escala conectados a instalaciones porcinas, de donde saldrán los desechos orgánicos que luego serán procesados para alimentar cinco ómnibus Yutong ya disponibles en el territorio.

Según la información oficial, esos vehículos cubrirán rutas dentro del municipio y conexiones con Cárdenas y la ciudad de Matanzas, con impacto para más de 22.000 residentes. La planta cuenta con un gasoducto de 14 kilómetros y una inversión superior a los 60 millones de pesos. Además de generar combustible, el sistema ha sido presentado como un ejemplo de economía circular, ya que aprovecha los residuos pecuarios, reduce la contaminación y produce fertilizantes orgánicos.

El proyecto también cuenta con respaldo internacional. Forma parte de una iniciativa implementada por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo y financiada por la Unión Europea, un detalle que vuelve a poner sobre la mesa una contradicción incómoda para el discurso oficial: muchas de las soluciones energéticas más innovadoras del país dependen hoy de cooperación externa, apoyo territorial y esquemas locales, no de la fortaleza del aparato estatal.

El calentador alcanzará cerca de 70 grados Celsius, temperatura necesaria para eliminar la humedad del grano

En Granma, por otra parte, la respuesta a la crisis energética toma la forma de un horno de biomasa destinado al secado de arroz. El equipo es fabricado por trabajadores de la Empresa de Talleres Agropecuarios Granma y funcionará con cascarilla del propio cereal, lo que permitirá sustituir diésel en un proceso clave para la agroindustria. Una vez en explotación, el calentador alcanzará cerca de 70 grados Celsius, temperatura necesaria para eliminar la humedad del grano.

Un primer horno de este tipo funciona desde 2025 en Cayamas, en Río Cauto, y ha servido como prueba para replicar la tecnología. Según la información divulgada, en su fabricación se utilizan materiales en desuso, como tanques de combustible y cilindros de gas licuado dados de baja, una muestra de reciclaje forzado en un contexto donde faltan piezas, insumos y capacidad industrial para producir con estabilidad.

Las tres experiencias tienen un valor práctico indiscutible. En medio de una crisis prolongada, cualquier alternativa que alivie la falta de electricidad, reduzca el uso de combustibles fósiles o sostenga servicios básicos merece atención. Pero también revelan otra verdad: más que señales de una transición energética ordenada, son parches ante el colapso. Cuba no está desplegando un sistema moderno y coherente de energías renovables; está improvisando salidas parciales para sobrevivir a la ruina de su infraestructura.

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