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El dólar también hace cola

Matanzas

La incertidumbre sobre el precio de la divisa paraliza decisiones en comercios privados de Matanzas y obliga a vendedores y compradores a medir cada operación

Cada comprador parece cargar una calculadora invisible en la cabeza, haciendo cuentas entre la moneda nacional y la divisa antes de sacar la cartera. / 14ymedio
Julio César Contreras

10 de julio 2026 - 06:14

Matanzas/La primera respuesta ya no es un precio, sino un gesto. La dependienta mira el billete de diez dólares como si le hubieran puesto un carbón ardiendo en la mano. Levanta la vista, niega con la cabeza y señala hacia el interior del negocio. “No estamos comprando”, dice con una mezcla de pena y firmeza. Detrás de ella, en un portal de la Calzada de San Luis, en Matanzas, se exhiben arroceras eléctricas, piezas de plomería, zapatos deportivos y hasta neumáticos para bicicletas. Hay mercancía, hay clientes, pero falta una certeza: cuánto vale realmente el dólar en una ciudad donde la tasa del mercado informal sube y baja cada día como un yoyo.

En las últimas semanas, las oscilaciones del billete verde han sembrado una cautela poco habitual entre los dueños de mipymes y otros negocios privados. Si hace apenas unos meses cualquier establecimiento aceptaba divisas casi con entusiasmo, ahora muchos prefieren esperar. “¿Ellos pensarán que el peso cubano va a recuperar su valor?”, se pregunta Alejandro mientras guarda otra vez el billete que no logró cambiar.

La incertidumbre se percibe entre los vendedores y los clientes en los portales comerciales de la ciudad. / 14ymedio

El joven mototaxista había intentado convencer a la empleada con toda clase de argumentos. “Yo solamente quería cambiar un billete de diez dólares y como estaba apurado lo hubiera vendido hasta en menos dinero de lo que está en la calle. Le pedí dos cervezas y que me devolviera la diferencia en moneda nacional, y ni aun así quiso aceptarlo”. La negativa, aclara, ya no es un caso aislado. “Ni los vendedores clandestinos de combustible están queriendo coger el pago en dólares. Dicen que están aguantados para ver qué pasa”.

La incertidumbre también se percibe entre los clientes que recorren los portales comerciales de la ciudad. Frente a una cafetería, una mujer consulta el teléfono buscando la última cotización publicada en los grupos de compraventa. A pocos metros, otra tienda mantiene una pequeña cola para comprar arroz importado, huevos y aceite. Cada comprador parece cargar una calculadora invisible en la cabeza, haciendo cuentas entre la moneda nacional y la divisa antes de sacar la cartera.

Sostener un billete estadounidense entre las manos se ha convertido, paradójicamente, en una complicación. “Cuando le extendí los veinte dólares al empleado, no quería venderme el paquete de pollo si no era con pesos cubanos”, cuenta Carmen. “Después de insistirle bastante, llamó por teléfono a tres personas distintas para pedirles autorización. La cola se paró y todo por esa causa”.

Las llamadas terminaron con una oferta que la matancera, de más de 70 años, consideró ofensiva. “Quisieron pagarme los dólares a 480 pesos, una cifra que hace mucho tiempo fue superada en el mercado cambiario. El vendedor se puso bravo cuando me negué. Después quiso subirme a 500, como haciéndome un favor. Pero el hecho de que yo tenga más de 70 años no quiere decir que sea tonta. Sé perfectamente cómo se están moviendo las cosas a mi alrededor”.

La escena se repite de portal en portal. Donde antes se cambiaban divisas con rapidez, ahora abundan las consultas telefónicas, las miradas de desconfianza y las decisiones aplazadas

La escena se repite de portal en portal. Donde antes se cambiaban divisas con rapidez, ahora abundan las consultas telefónicas, las miradas de desconfianza y las decisiones aplazadas. Nadie quiere vender barato un producto que mañana deberá reponer más caro, pero tampoco comprar dólares que al día siguiente puedan valer menos. El mercado informal, acostumbrado a vivir de la velocidad, atraviesa una etapa dominada por la espera.

Maikel, propietario de una mipyme, reconoce que esa prudencia tiene más de estrategia empresarial que de optimismo económico. “Estoy aguantando unos días con la compra de dólares porque tengo suficiente mercancía para dos o tres semanas y quiero ver cómo se van moviendo los precios mayoristas. Hay que ser muy preciso a la hora de invertir”.

Aclara que no pretende aprovecharse de quienes necesitan vender divisas. “Pero tampoco puedo ponerme un cuchillo en el cuello y pagar hoy, sin hacerme falta, algo que mañana me puede traer una mayor ganancia, aunque sea mínima”.

Mientras tanto, en los portales matanceros siguen exhibiéndose ventiladores, arroceras, piezas para bicicletas, licores, pan, huevos y productos de higiene. El comercio no se ha detenido, pero cada transacción parece acompañada por una pregunta. En una economía donde el peso lleva años perdiendo credibilidad, el dólar continúa siendo el refugio preferido. La diferencia es que, por estos días, hasta quienes viven de él prefieren observar primero el próximo movimiento del yoyo antes de extender la mano para atraparlo.

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