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Frío, lluvias y fuertes marejadas golpean el occidente de Cuba y complican la vida cotidiana

Clima

Las precipitaciones y el descenso de las temperaturas se combinan con inundaciones y fuertes vientos 

Estas condiciones agravan la precariedad cotidiana que enfrentan miles de cubanos. / Facebook
14ymedio

01 de febrero 2026 - 14:39

La Habana/El occidente de Cuba amaneció este domingo bajo un escenario meteorológico poco habitual para una Isla que presume de vivir en un “eterno verano”. La llegada del octavo frente frío de la actual temporada invernal ha dejado penetraciones del mar, fuerte oleaje y varias calles inundadas en La Habana.

El fenómeno viene acompañado de un descenso notable de las temperaturas. En horas de la tarde, los termómetros apenas alcanzarán entre 15 y 18 grados Celsius en el occidente y el centro del país, y entre 18 y 21 grados en la región oriental. Para la noche, el ambiente será aún más frío, ya que se esperan mínimas de entre 11 y 14 grados en occidente y centro, y hasta 16 grados en el oriente, con valores inferiores en algunas localidades del centro de la Isla.

Estas condiciones agravan la precariedad cotidiana que enfrentan miles de cubanos. En barrios donde escasea el gas doméstico y los apagones son la norma, el frío se traduce en noches difíciles, especialmente para ancianos, niños y personas que viven en viviendas con techos deteriorados. También para quienes se ven obligados a cocinar con leña o carbón vegetal, una práctica cada vez más extendida en medio de la crisis energética.

A ello se suman los fuertes vientos, con velocidades sostenidas entre 15 y 30 kilómetros por hora y rachas que pueden superar los 35 km/h en la costa norte, lo que refuerza la sensación térmica. Durante la noche, el viento rotará al norte, manteniendo intensidades similares y ráfagas más fuertes en el litoral.

Las inundaciones representan otra prueba de resistencia, sobre todo para quienes viven en zonas bajas

Para muchos habaneros, las inundaciones representan otra prueba de resistencia, sobre todo para quienes viven en zonas bajas. Pero tampoco escapan aquellos cuyas viviendas presentan filtraciones antiguas y paredes agrietadas, por donde el viento se cuela sin pedir permiso. Muchos improvisan cartones, nylon o viejas sábanas para tapar huecos; otros recurren a abrigos prestados o a varias capas de ropa superpuesta para poder dormir. En los barrios más pobres, la humedad se instala en colchones y muebles, agravando problemas respiratorios y reumatismos que rara vez encuentran alivio en un sistema de salud desabastecido.

Entre los riesgos que acompañan a estas condiciones meteorológicas figuran los sótanos anegados, la contaminación de cisternas de agua potable y las alcantarillas sin tapa, trampas invisibles que ya han resultado letales en inundaciones anteriores. La jornada también se complica para quienes dependen del trabajo informal o del transporte diario para subsistir. Las lluvias y las calles anegadas reducen la circulación de guaguas y almendrones, encarecen los traslados y obligan a muchos a caminar largas distancias bajo el aguacero, con la consiguiente pérdida de tiempo e ingresos.

Para muchos, sin embargo, el mayor temor no está en las horas de lluvia o viento, sino en los días posteriores, cuando regresa el sol y la humedad acumulada comienza a salir de paredes envejecidas que ya no resisten décadas de abandono y falta de mantenimiento. En La Habana, el calor posterior actúa como un detonante silencioso que reblandece muros, abre grietas y acelera el deterioro de estructuras que llevan años al límite. Los derrumbes parciales o totales suelen ocurrir entonces, lejos del dramatismo del temporal, pero con consecuencias más graves y duraderas.

Ese riesgo permanente convierte cada frente frío en una amenaza diferida para miles de familias que habitan edificios apuntalados, solares y cuarterías. Muchos duermen con el miedo de no escuchar a tiempo el crujido de una pared o el desprendimiento de un balcón. En una ciudad donde el colapso constructivo se ha normalizado, la amenaza mayor no viene de fuera, sino que habita dentro de las propias paredes.

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