Fuera de La Habana, los cubanos viven una existencia sin energía eléctrica, agotados y sin dormir
Cuba
Muchas familias cocinan en los portales con carbón o leña y el aire se pone irrespirable por el humo
Sancti Spíritus/En las provincias cubanas, cuando vuelve la luz tras unas 20 horas de apagón diario, comienza una actividad frenética, sin importar si es de día o plena noche. Sus residentes no saben muy bien cuándo será ese momento, pero sí que tendrán muy poco tiempo para hacer todo lo que el corte habitual de energía no les ha permitido.
“Solo nos enteramos cuando viene, y sabemos que son dos, tres o cuatro horas las que tenemos por delante”, cuenta Alicia, una vecina de Sancti Spíritus que no acaba de entender el “cronograma” de racionamiento eléctrico al que está sometida la provincia central. “Lo único seguro es que hay que correr y poner la lavadora, o un poco de arroz en la olla eléctrica”.
El lunes, ocurrió a la una de la madrugada: “A esa hora empecé a preparar el desayuno para la familia para tenerlo en la mañana, porque mi marido tenía que ir a trabajar y a esa hora ya no iba a haber luz”.
Un panorama similar refieren los residentes en Camagüey. En las 36 horas que pasó en la ciudad un habanero que fue a visitar a unos parientes, “si hubo seis con electricidad fue mucho”, cuenta a 14ymedio. “Cuando llega la luz, se desata una carrera contrarreloj para tratar de usar los equipos electrodomésticos: poner la lavadora, cargar los móviles, congelar algunas carnes, encender las bombas de agua para almacenarla en los tanques”.
"La gente ya está tan agotada mentalmente que solo dicen 'se fue la luz', y ya saben que viene más calor sin ventilador y a pasar trabajo"
Lo más sorprendente para él es cómo “han ajustado su vida a una existencia sin energía eléctrica”. Lo mismo refiere la espirituana Inés: “La gente ya está tan agotada mentalmente que solo dicen ‘se fue la luz’, y ya saben que viene más calor sin ventilador y a pasar trabajo para cocinar, pero han buscado su mecanismo para sobrevivir, ya no les importa si hay luz o no”.
Hay profesionales que siguen trabajando a la luz de las velas, o de una lámpara recargable. Días atrás, así atendía un veterinario de Ciego de Ávila, con un bombillo atado a una cinta en la cabeza. Cansado, repartía con una ayudante los casos urgentes que iban llegando a la consulta, mientras miraba para el techo y susurraba: “que viva la revolución cubana”.
El instinto de supervivencia hace que, incluso, la gente responda “todo va normal”, en una ciudad como Holguín, donde, según la última programación de la Empresa Eléctrica, tienen solo siete horas de luz de 24, en días alternos. Al día siguiente, “disfrutan” de tres horas más. Sin embargo, cuenta el corresponsal de 14ymedio en la zona, “en algunos lugares está yéndose más temprano de lo habitual y llegando más tarde”.
Los que pueden, cocinan con leña o carbón, de suerte que las calles, en el país que se jacta de estar apostando a las energías limpias, se llenan de un aire irrespirable. “A las ocho de la noche no se puede salir, porque te ahogas”, confirma Alicia. “Todo el mundo está cocinando con leña en los portales o en los patios. El humo lo llena todo”.
Pero ni siquiera esos métodos primitivos están al alcance de todos. “Cocinan con leña los que tienen la posibilidad”, declara una vecina de Santiago de Cuba, “porque la lata de carbón vale 300 pesos y el saco, 1.200”.
“Si es por la mañana, los trabajadores se van a resolver cosas a la ciudad y vuelven, pero si es después de las tres de la tarde, se van todos para su casa”
En Santa Clara también cortan la electricidad constantemente, cuenta Roniel. “Si es por la mañana, los trabajadores se van a resolver cosas a la ciudad y vuelven, pero si es después de las tres de la tarde, se van todos para su casa”. Saben que en dos horas, lo que faltaría para que acabe la jornada, a las 5 pm, no la van a poner. El hombre lamenta, resignado: “Dime tú qué productividad puede tener un país así”.
Los horarios intempestivos, además, provocan que la gente no pueda descansar, cosa que ya les resultaba difícil con el calor del verano y los mosquitos que proliferan sin ventiladores. “No puedes dormir, porque cuando la luz viene, te tienes que levantar y ponerte a hacer las cosas”, refiere Inés. Así, deambulan por la calle individuos alterados, estresados, enajenados por la falta de sueño. Muchos, visiblemente borrachos; el alcohol y las drogas son el único escape.
Para este viernes, la Unión Eléctrica de Cuba pronostica un déficit de 1.565 megavatios (MW) en el horario pico –para una demanda de 3.750 MW y una disponibilidad de 2.215 MW– que arrojará una falta real de 1.635 MW. Es una cifra “baja” en una semana en la que ha predominado una afectación no menor a 1.700 MW.
Inés lleva meses, dice, enferma de los nervios, sin haber podido acudir al médico. “Aquí no hay tiempo para enfermarse”, cuenta la mujer, demacrada. “Estoy esperando a que el doctor vuelva de vacaciones y me dé pastillas para sentirme mejor”.
La escena tiene lugar ante la mirada atenta de los vecinos del barrio. La falta de distracciones –ni hablar de la señal de internet en casi todo el día– hace que todos estén pendientes de las conversaciones y las discusiones ajenas. Inés baja entonces la voz: “Me doy cuenta de que vivo en un lugar imposible. Cuando me pongo a pensar, lo que quiero es morirme, desaparecer, porque no sé qué futuro hay”.