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La Habana, ciudad muerta, se enfrenta hoy a un apagón sin precedente

Energía

La UNE pronostica una afectación récord de 2.380 megavatios durante el horario pico

Exteriores de la Fábrica de Arte Cubano, completamente apagados. / 14ymedio
Darío Hernández

29 de julio 2026 - 12:25

La Habana/La Unión Eléctrica pronosticó para este miércoles una afectación récord de 2.380 megavatios (MW) durante el horario pico, una cifra que, de materializarse, agravaría todavía más la parálisis de un país golpeado por los apagones, la falta de transporte y el deterioro de sus espacios culturales. El panorama ya era desolador el pasado fin de semana, cuando un recorrido nocturno de 14ymedio por varias zonas céntricas de la capital confirmó que La Habana está muerta.

Eran cerca de las nueve de la noche y por la calle Línea apenas circulaban algunos automóviles. Las aceras estaban vacías, las fachadas se confundían con la oscuridad y los pocos edificios que conservaban alguna luz parecían islas separadas en una ciudad desierta. No había grupos de jóvenes caminando, parejas en busca de un lugar donde sentarse ni público esperando para entrar a un concierto. “No hay adónde ir”, resumió un joven habanero. La oscuridad se lo tragaba todo.

Y este miércoles amenaza con ser todavía peor. La UNE calcula para el horario de mayor consumo una demanda de 3.200 MW frente a una disponibilidad de apenas 850 MW, suficiente para cubrir poco más de una cuarta parte de las necesidades del país (26,5%). De alcanzarse los 2.380 MW de afectación previstos, la cifra superaría el récord de 2.341 MW registrado el pasado 8 de julio.

De alcanzarse los 2.380 MW de afectación previstos, la cifra superaría el récord de 2.341 MW registrado el pasado 8 de julio

Aunque La Habana ha recibido tradicionalmente un trato más favorable que las provincias, los cortes prolongados ya alcanzan con frecuencia amplias zonas de la capital. El deterioro eléctrico coincide con la escasez de combustible, el desplome del transporte público, los precios prohibitivos de los taxis, el aumento de la violencia y la pérdida de poder adquisitivo. Salir de noche se ha convertido en una operación difícil incluso antes de elegir el destino.

Y tampoco quedan muchos destinos entre los que escoger. Frente a la entrada de la Fábrica de Arte Cubano (FAC), este fin de semana, no había colas, conversaciones ni vendedores. El edificio permanecía cerrado y completamente oscuro. Durante más de una década, el antiguo inmueble industrial ha sido uno de los centros más concurridos de la noche habanera. En sus naves coincidían exposiciones, conciertos, teatro, danza, cine y fiestas que podían prolongarse hasta la madrugada. Ahora, las letras verticales de FAC apenas se distinguían junto a los muros.

A comienzos de junio, el espacio anunció una pausa en su programación habitual, sin precisar cuándo retomaría plenamente sus actividades, aunque después abrió para algunos eventos puntuales. Su dirección afirmó que necesitaba reorganizarse ante dificultades que formaban parte de “un contexto más amplio”.

En el recorrido de '14ymedio', los faros del vehículo eran por momentos la única iluminación. / 14ymedio

La crisis eléctrica ya había puesto a la institución contra las cuerdas. En octubre de 2023, el plan de consumo asignado por las autoridades solo le permitía funcionar dos días al mes, en lugar de los 16 habituales. Para sostener algunas jornadas recurrió a generadores y llegó a pedir al público que llevara sus propias fuentes de iluminación.

El cierre actual no ha sido atribuido exclusivamente a los apagones, pero resulta imposible separarlo de una crisis que encarece el combustible, dificulta la climatización, paraliza equipos y aleja al público. Sin electricidad no funcionan las luces, el sonido, las neveras ni la ventilación; sin transporte tampoco hay manera de regresar a casa después de un espectáculo.

La parálisis se extiende por Línea, una avenida que durante décadas conectó algunos de los principales espacios culturales de El Vedado. A lo largo de la vía se concentran teatros, cines, el Café Brecht y bares donde músicos, actores, estudiantes y espectadores prolongaban la noche después de las funciones. Esa noche no había rastro de aquel movimiento.

La crisis del Centro Cultural Bertolt Brecht comenzó incluso antes del agravamiento actual. La avería de su transformador dejó parte de las instalaciones sin condiciones adecuadas, obligó a limitar el uso de sus salas y convirtió el calor en otro enemigo para artistas y espectadores.

La parálisis se extiende por Línea, una avenida que durante décadas conectó algunos de los principales espacios culturales de El Vedado

La Habana siempre construyó parte de su identidad alrededor de la noche. Cabarés, clubes de jazz, teatros, cines, conciertos y peñas sobrevivieron a distintas etapas de precariedad. Incluso durante los años más duros del Período Especial, cuando el transporte público colapsó y aparecieron los abarrotados camellos, subsistieron espacios de encuentro capaces de mantener cierta vida cultural.

Ahora no se trata solamente de que falte electricidad. Faltan público, artistas, combustible, transporte y dinero. Muchos jóvenes han emigrado; otros permanecen en sus casas para aprovechar unas pocas horas de corriente o evitar caminar por calles completamente oscuras. 

En el recorrido de 14ymedio, los faros del vehículo eran por momentos la única iluminación. Revelaban durante unos segundos árboles, muros, automóviles estacionados y entradas cerradas, antes de que todo volviera a desaparecer. La cámara no recogía una ciudad dormida, sino una ciudad inmovilizada.

El pronóstico de una afectación récord de 2.380 MW ofrece una medida técnica del desastre. La noche habanera ofrece otra, visible en kilómetros de avenidas sin peatones, instituciones culturales cerradas y una generación entera sin ningún lugar adonde ir. La capital que alguna vez presumió de no dormir ya ni siquiera puede mantener las luces encendidas.

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