La lanchita de Regla se queda sin combustible y se suspende el servicio con La Habana
Foto del día
"Cada vez que pasa algo, pagamos nosotros las consecuencias", asegura un frustrado viajero
La Habana/El cartel no deja dudas. "No hay lancha", anuncia el trozo de cartón colocado a la entrada del embarcadero de Regla. La nave que une a La Habana con este poblado marítimo ha dejado de funcionar este viernes debido a la falta de combustible que golpea a la Isla. Sin esos viajes que surcan la bahía de La Habana, los residentes en la parte este de la ciudad están más desconectados y sufren más limitaciones para el traslado de mercancías.
Gris sobre gris, el mar y el cielo invernales de este febrero son solo el escenario de una crisis más profunda. Con el transporte urbano menoscabado, las gasolineras despachando apenas para los clientes que pagan en dólares y un paquete de medidas que restringen el funcionamiento de las entidades estatales, debido a la crisis energética, el corte del servicio de las embarcaciones que unen a La Habana Vieja con Regla y Casablanca se veía venir. "Cada vez que pasa algo, pagamos nosotros las consecuencias", aseguraba un frustrado viajero que al mediodía de hoy llegó a tomar la lancha y se topó con el anuncio de su cancelación.
Tradicionalmente, el barco para Regla ha sido la manera más directa de surcar la distancia que separa al casco histórico habanero del municipio que sigue siendo un reducto de espiritualidad y también un paréntesis en el ajetreo diario de la mayor ciudad cubana. Bicicletas, cakes para bodas, colchonetas o maletas son parte de los productos que se mueven de un lado a otro sobre las oscuras aguas de la bahía. Por ser, la lancha ha sido escenario de películas y hasta de hechos históricos.
En 2003, el secuestro de la embarcación por un grupo de cubanos que querían salir del país, terminó en el fusilamiento de tres personas y en una de las mayores olas represivas desatadas por el régimen cubano. La Primavera Negra, que llevó a prisión a 75 opositores y periodistas independientes, también tuvo su origen entre las olas que hacen zarandear a una lanchita tan popular como estratégica. Nada de lo que pasa en la bahía se queda en la bahía, dirían los escépticos. Un pedazo de cartulina les da hoy la razón: no hay colapso que escape de este sucio pedazo de mar que separa a La Habana de ella misma.