Miguelito, un paciente psiquiátrico abandonado a su suerte, como tantos otros en Cuba
Cuba
La pasada semana, el hombre perdió la vida en un intento de asalto fallido. La falta de tratamiento adecuado lo había convertido en un peligro para sus vecinos y él mismo
Matanzas/Eran cerca de las diez de la noche del pasado 7 de julio cuando un hombre, después identificado como Miguel, cayó desde el sexto piso del emblemático edificio de 13 plantas viejo, ubicado en Matanzas, mientras intentaba entrar en la vivienda de una vecina. Según el informe preliminar de Criminalística, el intruso intentó agarrarse a una reja de protección en el balcón del inmueble, pero la estructura cedió, provocando su caída fulminante hasta la planta baja.
Miguelito llevaba al caer un pasamontañas que cubría su rostro, lo que imposibilitó que los vecinos lo identificaran en un primer instante. Fue su propia madre quien, ante los peritos policiales, confirmó la identidad del fallecido.
Para la comunidad, el trágico desenlace no fue una sorpresa, sino algo esperado en una persona como Miguelito: enfermo mental desde hace años, con antecedentes penales y olvidado por las autoridades.
"Era un problema para el barrio", comenta un vecino bajo condición de anonimato. "Era alguien trastornado que estaba en tratamiento psiquiátrico. Hace como quince años le dio varias puñaladas a un muchacho del mismo edificio que lo ayudaba, y hasta le daba trabajo haciendo artesanías. Un día, sin que hubiera un problema o una discusión previa, lo esperó abajo y lo apuñaló varias veces", cuenta.
"Era alguien trastornado que estaba en tratamiento psiquiátrico. Hace como quince años le dio varias puñaladas a un muchacho del mismo edificio que lo ayudaba"
Miguel pasó ocho años en prisión y, una vez cumplidos, regresó al barrio. La víctima fue quien tuvo que mudarse, por temor a un nuevo ataque. "Yo no soy juez, pero a alguien que pone en peligro la vida de los demás, o se le brinda ayuda especializada o se le aparta de la sociedad. Lo que no se puede hacer es enviarlo de vuelta, después de unos pocos años, al mismo lugar donde casi asesina a un inocente", lamenta el vecino.
La alarmante falta de infraestructura, medicamentos y protocolos de seguimiento para personas con padecimientos mentales crónicos es una herida más de las muchas abiertas en Cuba. La escasez extrema de fármacos antipsicóticos y la esporádica supervisión médica han dejado en manos de las familias y de los propios vecinos la responsabilidad de contener a pacientes que, durante una crisis, pueden resultar muy peligrosos.
El sistema de salud de la Isla, que hace años centralizaba el control de estos casos mediante el ingreso prolongado o el suministro riguroso de tratamientos, ya no se hace cargo de ellos. Ante el colapso hospitalario y farmacéutico, pacientes con diagnósticos severos de esquizofrenia o psicosis terminan deambulando por las calles o confinados en hogares que no cuentan con recursos suficientes para asistirlos. La falta de instituciones de internamiento adecuadas y la ausencia de programas de reinserción controlada convierten la salud mental en Cuba en una ruleta rusa para la seguridad pública.
Odalis, la dueña del departamento al que Miguel intentó acceder la noche del 7 de julio, reafirma el testimonio anterior mientras intenta asimilar lo ocurrido. "Todavía estoy nerviosa. Su mamá es una vecina muy querida, pero ese muchacho necesitaba atención médica urgente. Intentó entrar a mi casa varias veces esta misma semana por motivos diferentes, y ahora sucede esto. Nadie sabía sus verdaderas intenciones, solo que llevaba un pasamontañas puesto y, en una mochila, una soga y un martillo. Es duro pensar que, de no haberse caído, quizás la que estuviera muerta hoy sería yo”, dice con pesar.
Aunque el sentimiento de desamparo se percibe en todo el edificio, su caso es especial, y coincide en que esto era previsible. “Desde que apuñaló a Eduardito, el artesano, sabíamos todos –y la Policía también– que él no estaba bien psicológicamente. Todo por no atender a una persona enferma ni llevarla a un lugar donde tratarla".
"No es que todo lo malo que pasaba en el edificio fuera culpa de Miguelito, pero él perseguía a las muchachas, las acosaba y amenazaba a las familias"
Los residentes aseguran que los comportamientos erráticos e intimidantes de Miguel eran frecuentes y que las alertas tempranas fueron ignoradas de forma sistemática por las fuerzas del orden. En las últimas noches, Miguel, añade un tercer vecino consultado, se dedicaba a lanzar botellas desde su balcón a los transeúntes.
"Llamamos a la policía y nunca llegaron", lamenta. "Como tampoco llegaron cuando a Cecilia, una vecina del piso once, le forzaron la puerta y le robaron su equipo EcoFlow. No es que todo lo malo que pasaba en el edificio fuera culpa de Miguelito, pero él perseguía a las muchachas, las acosaba y amenazaba a las familias. El Ministerio del Interior y el jefe de sector jamás hicieron nada. Ahora mira, si no llega a ocurrir esta desgracia, quizás Odalis no estaría viva”, continúa.
El vecino afirma que todos los residentes sienten mucho el dolor de Magalys, su mamá. “Es una bella persona, pero esto es como el libro de García Márquez: la crónica de una muerte anunciada. Lo peor es que se pudo evitar con tratamiento y la supervisión de especialistas".