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Pacientes de VIH o diabetes, condenados a pedir limosna en las calles de Matanzas

Salud

Idalberto asegura haber recibido sin consentimiento la "vacuna" cubana Theravac-VIH: "Es como si estuvieran experimentando conmigo"

Mendigo en una calle de Matanzas. / 14ymedio
Pablo Padilla Cruz

04 de mayo 2026 - 14:01

Matanzas/Sentado en una céntrica calle, Idalberto observa el indiferente ajetreo cotidiano de los transeúntes, esperando que alguno de ellos le eche algún billete. A su lado, sobre cartones, exhibe un mensaje claro: “Es para comer”, y no esconde que es portador del virus de inmunodeficiencia humana (VIH).

“Ahí está todo”, dice mientras muestra otro de los carteles. “Incluso mi caso índice, 15707, del 21-12-2011, para el que quiera comprobarlo”. Según su relato, la primera década de su padecimiento fue para él de relativa estabilidad. La atención “personalizada” y por supuesto gratuita a los portadores de VIH y a los enfermos de sida es, de hecho, uno de los servicios de los que más presume el Estado cubano, aunque la realidad deje, en el fondo, mucho que desear.

En el caso de Idalberto, todo cambió de manera abrupta con la pandemia de coronavirus, que impactó a la Isla especialmente en 2021. “Antes recibía regularmente mis tratamientos y la visita de médicos y trabajadores sociales, pero después del covid todo cambió”, cuenta a 14ymedio. Los tratamientos comenzaron a modificarse sin explicación: “Unas veces daban un antirretroviral y otras desaparecían. Era como si estuvieran experimentando conmigo”.

Idalberto también asegura haber recibido sin consentimiento la “vacuna” experimental cubana llamada Theravac-VIH

El éxito de la terapia antirretroviral (TAR) –un conjunto de medicamentos diseñados para suprimir la replicación del virus y mantener el sistema inmunológico funcional– depende en gran medida, precisamente, de su administración estable. Los cambios frecuentes o la interrupción del tratamiento, explica Idalberto, pueden provocar resistencia al virus, un debilitamiento del sistema inmunitario y otros efectos adversos, como náuseas, calambres o fatiga.

Idalberto también asegura haber recibido sin consentimiento la “vacuna” experimental cubana llamada Theravac-VIH. La inmunoterapia, aún en fase de investigación, busca estimular la respuesta inmune contra el virus, pero su uso sin información adecuada al paciente va en contra de la ética y de un buen puñado de leyes en todo el mundo. “Soy un ser humano y tengo dignidad”, afirma Idalberto. “No me gustó ser una cobaya de laboratorio”.

Los avances médicos han hecho que, en el mundo civilizado, portar VIH no suponga un riesgo para la vida, pero en los países con escasez, como es el caso de Cuba, el asunto se complica. Idalberto refiere cómo ha tenido catarros que se le han complicado, o cómo pasó con terror la reciente epidemia de arbovirosis –sobre todo dengue y chikunguña–, que dejó en la Isla casi 70 muertos –según datos oficiales– y cientos de pacientes con secuelas físicas.

Aunque el oficialismo asegura que hay un “control estable” en el número de personas que viven con VIH en la Isla, la cifra reportada para 2025 alcanzó los 35.373 casos, después de haberse mantenido varios años sobre los 31.000. La prevalencia entre las mujeres trans, además, sigue entre las más altas del continente.

Igual que Idalberto, vive a duras penas César Manuel, paciente de diabetes mellitus, que ha desarrollado una úlcera en el pie derecho

En la lucha contra el sida, el régimen también suele omitir la importancia de la ayuda exterior. Hace apenas unas semanas, se informó que Cuba recibirá hasta 16 millones de dólares del Fondo Mundial para la Lucha contra el Sida, la Tuberculosis y la Malaria (Fmsida) en los próximos tres años, una iniciativa de la que se ha beneficiado desde 2003. 

La situación de mendicidad de muchos enfermos, en cualquier caso, contrasta con el discurso triunfalista, aún vigente, de la salud pública en Cuba.

Igual que Idalberto, vive a duras penas César Manuel, paciente de diabetes mellitus, que ha desarrollado una úlcera en el pie derecho. “Vengo del policlínico. Me limpiaron con agua oxigenada, me pusieron una pomada y para la casa”, relata. Con la herida sangrando y apenas cubierta con gasas que, se congratula, le “regalaron”, tuvo que caminar de regreso.

¿Por qué no le administraron Heberprot-P, el medicamento estrella publicitado por el Ministerio de Salud como el más avanzado para este tipo de lesiones, diseñado para estimular la cicatrización y reducir el riesgo de amputación, y que se ha aprobado hasta en 40 países y se encuentra en fase III de estudio en la Unión Europea? Porque en la gratuita y universal sanidad cubana, no es tan fácil que lo den. “Es un proceso largo: del consultorio al policlínico y luego al hospital”, explica César. “Y eso si te lo aprueban”.

Su enojo es evidente: “La diabetes es una de las enfermedades más extendidas, pero parece que el medicamento no llega a todos. Se vende afuera mientras aquí falta”. Los millonarios beneficios obtenidos por el Estado cubano por los acuerdos internacionales para biotecnología, venta de servicios médicos o turismo de salud no llegan al grueso de la población.

Idalberto, con su cartel, y César Manuel, con su herida sin resolver, se preguntan: ¿de qué pueden presumir, si el sistema no alcanza a todos?

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