Protestas contra las pretensiones del Gobierno de poner orden en la colocación de paneles solares privados
Energía
Los usuarios desconfían también de la oferta de enlazar a los particulares a la red eléctrica para que vendan sus excedentes de energía renovable14:31
Madrid/La instalación particular de paneles solares se ha convertido en terreno de polémica. La segunda en lo que va de año corre de la mano de Armando Rodríguez Batista, titular del Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente, a pesar de que su intención era precisamente la de llamar a la calma. El ministro publicó el miércoles un elaborado post en su cuenta de Facebook recordando de manera didáctica la importancia de respetar la normativa existente para la instalación de estos dispositivos.
Para ello citaba a Dania González Couret, arquitecta y profesora de la Universidad Tecnológica de La Habana (Cujae), además de fundadora de la Junta Directiva Nacional de Cuba Solar. La especialista empieza celebrando la oportunidad que suponía la instalación masiva de paneles en las ciudades. "Yo estoy feliz porque llevo mucho tiempo diciendo que los grandes parques fotovoltaicos en las afueras de las ciudades están robando terreno para el cultivo de alimentos. En las ciudades hay techos, montones de techos", sostenía. La experta agregaba una razón extra: los aparatos contribuyen al aislamiento térmico de los edificios, al crear una capa que amortigua el calor recibido. Más que mejor.
Sus palabras contenían un consejo: para incrementar la eficacia del panel, lo mejor es que se instale con un ángulo de inclinación de entre 15 y 20 grados. Los paneles verticales en paredes funcionan solo en las altas latitudes, donde el sol es muy bajo, no aquí, en el trópico, que es casi vertical. Solo la tecnología de celdas fotovoltaicas de capa delgada, que no es la que usamos en Cuba –que trabaja con la radiación difusa–, no depende de la orientación o la posición”, instruyó.
El pero llegaba más adelante, al expresar su preocupación por la cantidad de sistemas mal instalados. "Es un negocio y mucha gente cobra por eso sin tener todos los conocimientos. Se están haciendo cosas mal hechas", advierte González Couret.
El ministro recuerda que existe una normativa que hay que cumplir por cuestiones de seguridad, lo que retrotrae a la polémica previa, que ocurrió en abril de este año, cuando el Instituto Nacional de Ordenamiento Territorial y Urbanismo (Inotu) comunicó las directrices. Lo primero es iniciar la gestión en las oficinas de Planificación Física, encargadas de remitir la solicitud a un arquitecto para que elabore un proyecto técnico en el que se evalúa la capacidad de carga del inmueble y la ubicación más adecuada de los equipos. Con la documentación y ese aval, la institución dispone de un plazo de diez días hábiles para emitir la autorización oficial, que cuesta 68 pesos.
La normativa reconoce como zonas en las que es posible instalar paneles los techos, terrazas, patios, garajes y portales, siempre que sean espacios privativos y no perjudiquen a los vecinos. Sin embargo, en el caso de los edificios multifamiliares se debe tener el beneplácito de los residentes, y el espacio es más escaso. Además, el estado de los edificios complica la situación, ya que los paneles podrían dañar las mantas impermeabilizantes de la cubierta, siendo una posible consecuencia las filtraciones. El mayor problema, además de la burocracia y su lentitud, es el precio del proyecto arquitectónico, que puede escalar hasta los 700 o 1.500 pesos. Son apenas uno o dos dólares en el mercado informal de divisas, pero más de un tercio del salario mínimo en Cuba.
Aquella comunicación generó una oleada de críticas, pero la instalación de paneles ha seguido proliferando sin seguir las normas de manera generalizada, de ahí la insistencia del ministro, cuyo mensaje ha sido replicado por la prensa oficial. Rodríguez Batista insiste en que no se ha aplicado “un enfoque punitivo” y no se ha multado a quienes tenían ya instalaciones al margen de la regulación, pero que es importante informar a quienes lo hacen ahora y “comunicar de manera unificada los requisitos para que la gente no se enfrente a criterios fragmentados en diferentes municipios”.
También ha cerrado el mensaje con una declaración en positivo de González Couret, que celebra cómo la gente ha aprendido a colocar los paneles dejando un espacio hasta el suelo, lo que genera sombra, permite aprovechar espacio y protege mejor del calor al edificio. “Nunca es tarde si la dicha es buena, lo que habría es que aprovecharlo bien, hacerlo bien y darle seguimiento para perfeccionarlo, y no abandonar esta práctica cuando la situación del suministro eléctrico mejore", agrega.
Pero la población no ha acogido con agrado la publicación. Muchos han demostrado en sus comentarios desconocer la existencia de la normativa anterior y han reaccionado con virulencia a lo que consideran nuevos frenos a las instalaciones. “Por favor, es el sálvese el que pueda de facto, declarado por el mismo Gobierno. Y ahora promueven regulaciones que lo único que lograrán será.trabas y otras formas de negocios y permisos administrativos corruptibles. No entorpezcan tanto que la gente lo que necesita es resolver su propio problema ya que el Estado no lo hace, lo que hace es lo que aquí se promueve, regular, regular y regular solo pura burocracia administrativa para entorpecer”, lamentaba un usuario. Más de uno se ha lanzado a reivindicar, vía canción infantil, que el patio de su casa es particular “y el techo también”.
Pero al principal malestar se añade otro. El ministro ha aprovechado para recordar que el Gobierno aprobó nuevos incentivos para quienes vendan el excedente de sus paneles a la Unión Eléctrica, 90 pesos por cada kilovatio aportado, además de la supresión del impuesto por ingresos que llegue de estas operaciones. González Couret señala que la mayoría de quienes compraron paneles hace años se enlazaban a la red, una práctica que se ha perdido porque se quedaban sin energía cuando esta se desconectaba. “Por eso la mayoría de la gente lo está haciendo de forma autónoma", admite la experta, que señala los inconvenientes de esta situación. “Los sistemas autónomos son más caros, requieren baterías cuyo ciclo de vida plantea problemas ambientales, y no permiten aprovechar la red eléctrica como almacenamiento”, por ello, espera que si mejoran las condiciones de la red, se vuelva a recurrir a los paneles conectados a ella.
“Los sistemas autónomos son más caros pero te dan libertad. Nadie con dinero para comprarse un sistema fotovoltaico va a esperar cinco años (?) o quién sabe cuánto para que se recupere el SEN”, apunta un usuario. “Hay que estar loco para invertir en un sistema solar y conectarse al SEN para supuestamente vender el excedente cuando es muy inestable la frecuencia del Sistema. Eso ni pensarlo”, añade otro. Mucho más duros han sido los comentaristas en la publicación de la noticia en Cubadebate. “¿Y el Citma existe?”, “¿Pero cómo van a tomar en cuenta el criterio de una entidad que aprobaron su desaparición el otro día?”, ironizan a propósito del Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente, cuya disolución ha sido anunciada recientemente.