El robo de aceite dieléctrico paraliza el centro de Medicina Molecular de Santiago de Cuba
Robos
Pese a condenas de hasta 12 años de prisión, aumenta el hurto de este producto, que se vende en el mercado negro para sustituir al diésel
La Habana/El robo de aceite dieléctrico de un transformador que abastece a Medicina Molecular, en Santiago de Cuba, obligó este jueves a trasladar hasta Granma las muestras de un paciente en estado grave que necesitaba análisis urgentes. La instalación quedó afectada después de que durante la madrugada del miércoles fuera sustraído el líquido indispensable para el funcionamiento del equipo, según informó la Empresa Eléctrica provincial.
“Eso significó un recorrido adicional, consumo de combustible y movilización de recursos que pudieron haberse evitado”, lamentó la entidad estatal en sus redes sociales. “Pero hay algo todavía más importante: el tiempo que pierde un paciente cuando necesita con urgencia un diagnóstico”.
El incidente es el último de una larga sucesión de sustracciones de aceite dieléctrico que ha afectado en los últimos meses transformadores y subestaciones de varias provincias. El producto funciona como aislante y refrigerante y evita el sobrecalentamiento de los equipos. Su extracción puede acabar provocando una avería incluso si el transformador continúa funcionando inmediatamente después del robo.
Los daños pueden dejar sin corriente a miles de personas
Santiago de Cuba ha sido una de las provincias más castigadas. El pasado 11 de abril, un hombre murió y su hermano sufrió graves quemaduras cuando ambos intentaban sustraer aceite de un banco de transformadores que abastecía el sistema de rebombeo de agua de Altos de Esperanza, en Songo-La Maya. La explosión afectó además una línea de 33 kilovoltios y dejó sin servicio eléctrico zonas de ese municipio y de Segundo Frente.
Tras el accidente, las autoridades recuperaron 70 litros de aceite a unos 100 metros del lugar. Meses antes, en septiembre de 2025, otro hombre había muerto electrocutado en la carretera de Siboney mientras intentaba extraer el mismo producto de un transformador.
Los daños pueden dejar sin corriente a miles de personas. En San Luis, también en Santiago de Cuba, fueron sustraídos unos 300 litros de un transformador de la subestación de Paquito Rosales durante una desconexión del sistema eléctrico nacional (SEN). Unas 17.000 personas de varias comunidades quedaron afectadas.
En Matanzas, durante el primer trimestre de este año, las autoridades investigaban unas 33 denuncias relacionadas con estos delitos, con unas 40 personas procesadas
La ola de robos no se limita al oriente cubano. En 2025, Ciego de Ávila contabilizó 41 hechos delictivos, 84 transformadores afectados y 14.440 litros de aceite perdidos. En abril pasado, el robo de 600 litros en dos transformadores de Amancio, Las Tunas, dejó sin electricidad a casi 5.000 clientes y perjudicó al policlínico, las telecomunicaciones y el bombeo de agua.
En Matanzas, durante el primer trimestre de este año, las autoridades investigaban unas 33 denuncias relacionadas con estos delitos, con unas 40 personas procesadas. Los ladrones, según explicó entonces el Ministerio del Interior, aprovechan con frecuencia los propios apagones para perforar los transformadores y vaciar el líquido.
El destino del aceite explica en parte el auge de los robos. El producto ha encontrado salida en el mercado negro para sustituir al diésel y los lubricantes, que escasean en el país. Ya en septiembre de 2024, la prensa oficial mencionó a una red que vendía el líquido a 250 pesos el litro para utilizarlo como combustible en vehículos diésel. En abril de este año, un anuncio en Facebook ofrecía 100 litros de “aceite de transformador” a unos 1.700 pesos por litro.
Ni la amenaza de largas condenas ni los llamados del primer ministro, Manuel Marrero, a aplicar “mano dura” parecen detener el fenómeno
También las propias autoridades han advertido de un uso mucho más peligroso. Radio Mambí, medio oficial santiaguero, aseguró en marzo que el producto había sido empleado incluso “con fines de consumo humano”. La posibilidad de que termine mezclado o vendido como aceite comestible ha sido denunciada repetidamente, aunque no se ha demostrado que ese sea el destino de la mayor parte del líquido sustraído.
Ante el aumento de los casos, el Gobierno ha endurecido las sanciones. El Tribunal Supremo Popular estableció en mayo de 2025, mediante el Dictamen 475, que los daños contra infraestructura eléctrica pueden ser perseguidos como sabotaje. El artículo 125 del Código Penal contempla penas de siete a 15 años de cárcel, que pueden elevarse considerablemente cuando concurren agravantes.
Las condenas ya han comenzado a reflejar esa política. El pasado 23 de mayo, la Fiscalía pidió 12 años de prisión contra un hombre de 36 años acusado de sustraer 70 litros de una subestación de Cayajabos, Artemisa. En julio se conoció otra sentencia de 12 años por el robo de aceite en Bungo 2 (Contramaestre, Santiago de Cuba), que provocó unas 48 horas de afectaciones eléctricas. Pero ni la amenaza de largas condenas ni los llamados del primer ministro, Manuel Marrero, a aplicar “mano dura” parecen detener el fenómeno.