La Universidad sin exámenes de ingreso abre más dudas que puertas en Matanzas
Matanzas
La eliminación de estas pruebas deja frustrados a miles de estudiantes que llevaban años preparándose y alimenta temores sobre favoritismos y pérdida de calidad académica
Matanzas/Por las mañanas, frente al antiguo Instituto de Segunda Enseñanza de Matanzas, en la calle 2 de Mayo, todavía se forman pequeños grupos de estudiantes. En un muro de mármol, dos adolescentes conversan sin mucho entusiasmo y, a pocos metros, varios muchachos de preuniversitario avanzan por la acera con sus mochilas al hombro. La escena parece la de cualquier final de curso, pero este año tiene algo distinto: por primera vez en mucho tiempo, quienes terminan el duodécimo grado no tendrán que enfrentarse a los tradicionales exámenes de ingreso a la Universidad.
La noticia sorprendió a unos y confirmó a otros que la vaticinaban. El Ministerio de Educación Superior anunció que las pruebas de Matemática, Español e Historia de Cuba quedaban suspendidas y que el acceso a la enseñanza universitaria se determinará mediante el promedio académico acumulado por los estudiantes durante todo el preuniversitario.
Para Betty, estudiante de duodécimo grado en el Preuniversitario José Luis Dubrocq, la decisión llegó demasiado tarde y de la peor manera posible.
"La forma de ganarse una buena carrera era sacar notas altas en los exámenes. Ahora cambian las reglas cuando ya estamos en la meta"
"Desde noveno grado estoy preparándome para las pruebas. Mis padres han gastado dinero en repasadores, libros y materiales. Todo el mundo sabía que la forma de ganarse una buena carrera era sacar notas altas en los exámenes. Ahora cambian las reglas cuando ya estamos en la meta", lamenta.
Su aspiración es estudiar Psicología. Tiene un promedio de 98,9 puntos, pero teme que eso no sea suficiente.
"Dicen que van a tener en cuenta la integralidad. Yo nunca fui de participar mucho en actos políticos ni actividades extraescolares. Ahora veo compañeros con peores notas que aparecen mejor ubicados en el escalafón. Eso genera muchas dudas".
Las dudas son precisamente el tema que más se repite en las conversaciones familiares. Durante años, los exámenes de ingreso funcionaron como una especie de árbitro final. Se podía discutir sobre la calidad de las pruebas, sobre las desigualdades entre quienes tenían repasadores y quienes no, pero al final existía una evaluación nacional común para todos.
Ahora, muchos padres creen que el proceso será más difícil de comprender y, sobre todo, de fiscalizar.
En los alrededores del preuniversitario de la calle 2 de Mayo, donde generaciones de matanceros se prepararon para entrar a la Universidad, abundan las opiniones encontradas.
"Las mejores carreras siempre terminan en manos de quien tenga más influencia. Eso no lo digo yo, lo comenta todo el mundo"
"Mi tía tiene amistades importantes en Educación y ya está averiguando cómo funciona todo esto", reconoce Magdiel, otro estudiante de último año. "A mí me conviene que hayan quitado las pruebas. Lo importante ahora es mover contactos y estar bien ubicado cuando llegue el momento del otorgamiento".
El muchacho aspira a ingresar en la Facultad de Ciencias Médicas y habla con una sinceridad que incomoda. "Las mejores carreras siempre terminan en manos de quien tenga más influencia. Eso no lo digo yo, lo comenta todo el mundo".
Aunque exagerada para algunos, esa percepción se ha extendido entre estudiantes y familiares. La eliminación de las pruebas ha alimentado la sospecha de que factores subjetivos podrían tener un peso mayor en la asignación de las plazas.
Una profesora de Matemáticas, que prefiere mantener el anonimato, reconoce que el cambio ha provocado malestar entre muchos docentes.
"Tengo alumnos excelentes que llevaban años entrenándose para esos exámenes. Algunos veían en esa prueba una oportunidad de demostrar lo que saben independientemente de su historial o de su nivel de participación en actividades escolares".
La educadora considera que el problema no es solamente la eliminación de los exámenes. "Lo preocupante es la señal que se envía. Los estudiantes de décimo y onceno están viendo que las reglas pueden cambiar de un día para otro. Eso afecta la motivación académica".
Muchos profesores temen que la decisión termine profundizando problemas que ya afectan a la enseñanza superior cubana
Las autoridades defienden la medida argumentando que un seguimiento sistemático durante varios años puede reflejar mejor el desempeño real de un estudiante que un examen realizado en unas pocas horas. Además, aseguran que todos los aspirantes tendrán garantizada una plaza universitaria, aunque no necesariamente en la carrera deseada.
Sin embargo, en Matanzas el debate ha ido más allá del mecanismo de acceso. Muchos profesores temen que la decisión termine profundizando problemas que ya afectan a la enseñanza superior cubana: pérdida de exigencia, disminución de la cultura del esfuerzo y dificultades para seleccionar a los alumnos mejor preparados.
Mientras tanto, el curso escolar avanza hacia un cierre anticipado. Las clases terminarán varias semanas antes de lo previsto debido a las dificultades energéticas y de transporte que enfrenta el país.
Frente al viejo edificio del Instituto de Segunda Enseñanza, convertido hoy en preuniversitario, los estudiantes continúan llegando y marchándose en horarios fragmentados. Algunos hablan de carreras universitarias, otros de apagones, de transporte o de emigración. Pero entre todos flota la misma sensación: la de estar atravesando un momento de transición en el que nadie sabe exactamente cuáles serán las reglas del juego.