Vivir de la basura: los más pobres recolectan desechos en los barrios de La Habana
La Habana
Van casa por casa recogiendo los desperdicios y trasladándolos a un basurero por unos billetes
La Habana/Gana terreno en las calles de La Habana un nuevo oficio: el de recogedor “autónomo” de desperdicios. En la calle Tulipán esquina Central, próximo a la avenida Rancho Boyeros, puede verse, en días alternos, a uno de ellos, arrastrando a pulso un carromato con un recipiente azul que indica en mayúsculas “basura” y el número 20 debajo. A gritos, va por las calles mirando los balcones y pregonando esa misma palabra.
Según una vecina del lugar, el hombre comenzó con esta labor desde que limpiaron un enorme basurero en Tulipán y Ermita que había colapsado incluso parte del muro del edificio que hace esquina, un inmueble que alberga una oficina estatal. Varios residentes, dice la misma fuente, se han sumado a gestionar los desechos junto al recogedor particular, al que dan, dice sin precisar, “algunos billetes”.
Abordado por este diario y preguntado al respecto, el hombre responde que el trabajo que realiza “todavía no es un proyecto”, pero que espera que lo sea pronto. Sin embargo, asegura que no es estatal ni trabaja para ninguna mipyme.
Su labor se parece a la de los “sancocheros”, que hace décadas iban casa por casa recolectando desperdicios orgánicos para alimentar a los cerdos. “Ahora no hay puercos, pero la basura nos asfixia. Es una manera de ganarse la vida”, estima una vecina de Luyanó.
En ese otro barrio es un muchacho albino, reconocible por todos, el que trabaja “por cuenta propia” recogiendo desechos. “La gente le da algún dinero”, dice la misma mujer.
En un principio, se podría pensar que se trata de una nueva solución al irresoluble problema de la acumulación de residuos, que en la capital forma gigantescas montañas cada dos esquinas. Sin embargo, estos emprendedores no trasladan los desperdicios lejos, sino a los propios basureros del barrio. El de Luyanó, el que está situado en Reforma y Rodríguez.
Es, pues, simplemente una forma de subsistir. Otro residente en la zona lo defiende: “Veo que todos los días se levanta bien temprano, es un muchacho bastante joven, muy humilde, y no anda metido en cosas turbias por ahí. Así se gana la vida honradamente”.
Por otra parte, los gobiernos locales siguen probando soluciones alternativas para la recogida de desperdicios. El municipio de Diez de Octubre, al que precisamente pertenece Luyanó, reúne cada mañana “pelotones” que se reparten por diversas calles y se aplican a esa tarea. En una publicación en sus redes sociales, la entidad asegura que “continúa sus empeños en función del saneamiento de la localidad”.
Otras iniciativas conocidas aunque no muy eficaces para recolectar los residuos han sido el proyecto de triciclos privados en el Consejo Popular Rampa, de El Vedado, o una anunciada flota de 20 camiones chinos nuevos que no termina de aparecer.
En Camagüey, directamente es una “mediana” empresa privada la contratada para esa labor de saneamiento. Se llama Almaley y, según elogió la prensa oficial, “se ha convertido en un puntal para la limpieza del Centro Histórico, colaborando de forma sistemática con Servicios Comunales y la Oficina del Historiador en jornadas de limpieza y erradicación de microvertederos”.
Sí ha tenido más éxito la colocación en La Habana de carteles firmados por la “Policía Nacional Revolucionaria” y amenazando con multas de hasta 60.000 pesos.
Es lo que ha pasado justamente con el basurero de Tulipán y Ayuntamiento, en cuya esquina luce un cartel de “No botar basura” bajo amenaza de sanción. Ahora, lamenta el recogedor, “hay que caminar más para botarlos”. A pocos metros, en Central y Conill, también hay un letrero similar. “No basura PNR”, dice de manera repetida, con la advertencia: “Multa 5.000 - 10.000”.
En cualquier caso, los habaneros se preguntan lo mismo: en qué esquina están botando la basura que ya no se puede dejar en las que se van limpiando.