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En una nueva Cuba habrá que reconstruir el Icaic desde cero

Entrevista

El cineasta Pavel Giroud considera que Colombia es un gran ejemplo: pasó de producir dos películas al año a 40 gracias a un sistema muy bien estructurado

El cineasta ha defendido abiertamente la necesidad de reconstruir el audiovisual cubano fuera de las lógicas de control estatal. / Leandro Betancor
14ymedio

24 de mayo 2026 - 10:55

Barcelona/Nacido en La Habana en 1973, Pavel Giroud irrumpió en el panorama audiovisual internacional en 2022 con su largometraje documental El caso Padilla –sobre la detención y humillación pública a la que fue sometido el poeta Heberto Padilla en 1971–. Desde antes, a inicios de los 2000, el cineasta empezó a tomar relevancia en su propio país, cuando la crisis económica y los recursos digitales comenzaron a desmontar el monopolio estético e institucional del Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (Icaic).

Instalado desde hace doce años en Madrid, Giroud se ha convertido en una de las voces más visibles de la diáspora audiovisual cubana, desarrollando una filmografía cada vez más libre en términos temáticos y formales. Su más reciente largometraje, Comandante Fritz (2025), desmonta algunos de los mitos políticos y sentimentales de la historia oficial.  

Giroud ha defendido abiertamente la necesidad de reconstruir el audiovisual cubano fuera de las lógicas de control estatal. Esta conversación con 14ymedio es una reflexión crítica sobre el derrumbe estructural del cine cubano y el papel que podría desempeñar la diáspora en una futura reconstrucción cultural del país.

Pregunta. ¿Cuál es hoy el estado del sector audiovisual cubano, sus principales carencias materiales y humanas, y en qué momento comenzó su deterioro?

Respuesta. Llevo tiempo sin ir a Cuba, y ya me queda poca gente allá que me ponga al día. Solo puedo hablarte de las sensaciones que recibo desde la distancia. La más palpable es que el cine cubano hecho en la Isla es prácticamente inexistente en el panorama cinematográfico iberoamericano. Eso es una realidad. Se siguen haciendo películas, pero no salen de la calle 23 [avenida habanera donde se encuentra la Cinemateca de Cuba]. Son contadas las made in Cuba que han tenido presencia en festivales y eventos de nivel en la última década. Hoy están teniendo más impacto las que se están haciendo en la diáspora. 

En cuanto a lo humano, yo creo que es nuestro principal patrimonio

Una vez más he sido jurado en los Premios Platino este año y me impresionó la cantidad de cintas de países caribeños que antes producían a cuentagotas, mientras que de Cuba, en la fase en la que yo entré a evaluar, apenas había un documental, el de Pablo Milanés, realizado por Fabien Pisani. Y para colmo, se trata de un film censurado en Cuba.

En cuanto a lo humano, yo creo que es nuestro principal patrimonio. Desde que vine a vivir a España –y ya tengo más películas hechas desde que vivo fuera que las que hice en Cuba– siempre he intentado tener a cubanos en mis equipos y puedo decirte que hasta los más jóvenes recién llegados están preparados o con condiciones para trabajar en las grandes ligas.

P. Si mañana comenzara un proceso de apertura y reconstrucción institucional en Cuba, ¿cuáles deberían ser las prioridades inmediatas para rescatar el sector audiovisual? ¿Tiene sentido conservar instituciones como el Icaic y la televisión estatal reformándolas, o habría que construir nuevas estructuras desde cero?

R. Ante todo, hay que estructurar el sistema con gente capacitada para ello y no solo artísticamente. Un instituto de cine, en mi opinión, debe existir, pero no producir. Icaic es una marca, y en lo particular me da igual que se siga llamando así o no; pero sí debe haber una institución que regule, proteja, fomente y potencie la actividad cinematográfica. Eso sí, hay que construirla desde cero. Y no estoy seguro de que deba existir una televisión pública. De ser así, lo ideal es que fuera independiente del gobierno de turno, pero eso me parece una quimera.

Por lo general, las cadenas públicas sirven al poder puntual con disfraz de imparcialidad, por lo que pagar eso, como contribuyente, no me entusiasma.

No estoy seguro de que deba existir una televisión pública. De ser así, lo ideal es que fuera independiente del gobierno de turno, pero eso me parece una quimera

P. ¿Qué cambios legales serían imprescindibles para permitir el surgimiento de una verdadera industria audiovisual en Cuba?

De temas legales no sé absolutamente nada, pero hay que desarrollar una estructura que establezca un marco de deberes y derechos, tanto de las empresas productoras que se establezcan como de las empresas que ofrezcan bienes y servicios a la industria o las que vengan desde el extranjero a ejercer esa actividad en Cuba. Debe trabajarse también en políticas fiscales que favorezcan la inversión por parte de empresas ajenas a esta industria.

Pavel Giroud durante el rodaje del largometraje de ficción 'Comandante Fritz', en Canarias. / Leandro Betancor

P. ¿Qué desafíos enfrentarían productoras privadas y mecanismos independientes de financiación?

R. Tendrán el desafío de cualquier empresa que se dedique a este sector en el mundo. Todo dependerá del perfil de cada una. Habrá las que solo quieran generar dinero y ya se ha visto que ni Hollywood acierta con apuestas aparentemente seguras, y habrá otras que arriesguen más buscando valía artística o creativa, pero ambas tienen que tener la capacidad de generar, tener acceso y elaborar estrategias que le permitan financiar esos proyectos y cumplir con cada acuerdo que les garantice su supervivencia. 

P. ¿Y qué relación crees que debería existir entre el Estado y la producción audiovisual en una Cuba democrática?

R. Cuando se habla de subvenciones a la industria cinematográfica aquí en España, muchos suelen demonizar a la industria. Se muestra a la gente del cine como vampiros de dinero público, y eso es una manera muy básica de analizarlo, sobre todo cuando aluden al registro de taquilla como pretexto para el ataque. Cada vez que alguien me habla en esos términos, le mando una tarea: la próxima vez que vayas al cine, quédate sentado en la butaca y lee todo el roll de créditos finales y verás cuánta gente, cuántas empresas de renta, de servicios, de hostelería, cuántas comunidades se benefician de un solo rodaje. 

Inyectar dinero en el cine no supone únicamente apoyar algo como la cultura, que es un activo en un país como Cuba: es también generar flujo de dinero y hacerlo crecer. Esa empresa que me renta la cámara luego reinvierte en equipamiento, o sea, le compra a la casa que vende equipamiento de cámara, que a su vez se abastece de otra empresa; la empresa de catering compra la materia prima a proveedores diversos, los hoteles y hospedajes cercanos a las zonas de rodaje se llenan. El cine genera dinero más allá de la taquilla. Empezando con que prácticamente la mitad del dinero que otorgan las ayudas retorna automáticamente a las arcas públicas, traducido en impuestos.

No se le teme al cine porque se trague el dinero público; le temen porque es un arma de denuncia con gran alcance

No se le teme al cine porque se trague el dinero público; le temen porque es un arma de denuncia con gran alcance. Por eso su demonización por lo general se gesta desde la clase política. 

Se tiene que crear un sistema de subvenciones, de créditos y programas de deducciones fiscales a la inversión en cine. Hay que crear también una film commission cuyas estrategias ofrezcan al país como plató ideal y vendan a la vez la capacidad de sus técnicos y creadores. También sería bueno apoyarse en el prestigio que aún conserva la Escuela Internacional de Cine y Televisión de San Antonio (Eictv), pese a estar bien lejos de lo que un día fue, para reactivar a la Isla como paraíso de formación internacional. 

Y es una obligatoriedad replantearse todo el sistema de distribución y exhibición del cine local e internacional y el de ventas y distribución del cine nacional al mundo. Hay mucho que hacer.

P. La televisión cubana perdió gran parte de su audiencia y credibilidad. ¿Cómo imagina una televisión pública viable en el futuro?

R. No soy un consumidor de televisión y el tema de la credibilidad de los medios es algo que trasciende a Cuba.

Las noticias, los mensajes, la política editorial de una cadena dependen no tanto de sus dueños, como de quienes las patrocinan. Yo creo que la televisión que conocemos, la misma que alguna vez amenazó de muerte al cine, tiene sus días contados. Además, como dije antes, no creo en una televisión pública, porque siempre va a estar supeditada al gobierno de turno.

P. ¿Qué papel podría jugar la diáspora cubana en la reconstrucción del cine y la televisión nacionales?

R. La diáspora cubana habrá de tener un papel importante en la reconstrucción de un nuevo país, más allá de los medios. Cada científico, economista, docente, médico, ingeniero, deportista que ha desarrollado su profesión con cierto éxito en lo que podríamos llamar “el mundo real” tiene mucho que aportar. 

Yo creo que el primer paso de Cuba es que, aun siendo un país pobre, funcione con cierta “normalidad”, no como un planeta ajeno al sistema global

Hace poco me preguntó una amiga si yo volvería a vivir en Cuba y le dije: “La única razón que me llevaría de vuelta sería la de ayudar y aportar lo que he aprendido fuera para la construcción de un nuevo escenario”. 

Yo creo que el primer paso de Cuba es que, aun siendo un país pobre, funcione con cierta “normalidad”, no como un planeta ajeno al sistema global.

P. ¿Cómo cree que cambiarían las narrativas del país en un contexto de libertad cultural? ¿Qué historias siente que el cine cubano todavía no ha podido contar plenamente?

R. Cambiará, claro está. Saldrán a la luz historias enterradas y el nuevo entorno hará emerger nuevas historias. Entraremos en nuevas maneras de censura y normas: las del mercado, que cada vez quiere menos controversia y ahondar a profundidad en temas sensibles. 

Aquí en España hay una aparente libertad, pero cualquier historia que toque a profundidad temas que puedan herir sensibilidades políticas y sociales es mejor apartarla, para ahorrarse problemas. Hablar de bandas latinas es demonizar a los inmigrantes, hablar de putas es denigrar a la mujer, hablar de grupos neonazis es un dardo al sector conservador. 

Además, al no ser Cuba un país-mercado, como puede ser México, nuestras historias perderán el atractivo sexy que antes daba la “épica revolucionaria” y que ahora da el cine crítico y disidente.

P. ¿Qué países o modelos internacionales podrían servir de referencia para reconstruir el cine y la televisión cubanos?

R. Para mí, un gran ejemplo es Colombia, que pasó de producir dos películas al año (el Icaic fue un gran aliado hace tres décadas) a establecer un sistema muy bien estructurado que produce alrededor de 40 filmes.

Su fondo de fomento se sustenta con la contribución de distribuidores, exhibidores y productores. Luego tienen en Proimágenes Colombia a una entidad pública/privada que, además de administrar ese fondo, hace un excelente trabajo en la promoción internacional del cine colombiano. También ofrecen incentivos a las producciones extranjeras con el reembolso del 40% de los gastos en servicios cinematográficos y el 20% en gastos de logística. Hay incentivos fiscales para empresas extranjeras que produzcan en territorio colombiano y muchas de sus productoras afincadas allí ofrecen servicio a Netflix, Amazon y Disney; otras están año tras año en Cannes, Berlín o Venecia. 

Un gran ejemplo es Colombia, que pasó de producir dos películas al año a establecer un sistema muy bien estructurado que produce alrededor de 40 filmes

Otro país cercano que ha dado un salto cuantitativo y cualitativo es República Dominicana. Hace quince años el cine dominicano no existía y hoy, gracias a sus nuevas leyes, sobre todo las que premian la inversión privada en la industria, puede hablarse de un cine nacional. Las empresas dominicanas pueden invertir hasta el 25% de su Impuesto sobre la Renta en proyectos cinematográficos locales y para las producciones extranjeras, los créditos son transferibles, lo cual quiere decir que pueden venderlos a empresas locales y tener un retorno de liquidez inmediato. Además, han invertido en infraestructura: Los Pinewood Dominican Republic Studios cuentan, entre todo lo bueno que tienen, con uno de los tanques de agua para filmaciones acuáticas más avanzados del mundo y no paran de ofrecer servicios a las grandes plataformas y estudios.

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Este texto se ha hecho en colaboración con Cuba Siglo 21 como parte del proyecto “Cuba: estabilizar y desarrollar”.

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