La campaña presidencial arranca en Brasil con Lula y Flávio en empate técnico
Brasil
El presidente busca un cuarto mandato mientras el hijo de Jair Bolsonaro intenta reagrupar a una derecha dividida
São Paulo/La campaña para las elecciones presidenciales de Brasil comienza este domingo bajo el signo de la polarización y con una carrera mucho más ajustada de lo que el oficialismo esperaba. El presidente Luiz Inácio Lula da Silva y el senador Flávio Bolsonaro aparecen en empate técnico ante una eventual segunda vuelta, según los últimos sondeos.
Lula, de 80 años, arrancará la campaña por su reelección en São Bernardo do Campo, en la periferia de São Paulo, la ciudad donde se convirtió en líder sindical durante la dictadura militar (1964-1985) y desde la que impulsó la creación del Partido de los Trabajadores (PT).
Flávio Bolsonaro, hijo mayor del ex presidente Jair Bolsonaro, celebrará por su parte su primer gran mitin en la playa de Copacabana, en Río de Janeiro, uno de los escenarios predilectos del bolsonarismo para sus demostraciones de fuerza.
Como ocurrió en 2018 y 2022, la elección se perfila nuevamente como un enfrentamiento entre la izquierda agrupada en torno a Lula y la derecha representada por el movimiento de Bolsonaro. Esta vez, sin embargo, Jair Bolsonaro no estará en las urnas: está inhabilitado, condenado y encarcelado por su participación en una trama golpista. Su ausencia ha abierto una disputa en el campo conservador, donde varios aspirantes intentan presentarse como alternativa tanto a Lula como al heredero político del ex mandatario.
Entre ellos figuran el dirigente derechista Renan Santos, el ex gobernador de Goiás Ronaldo Caiado, estrechamente vinculado al sector agropecuario, y el empresario Romeu Zema, antiguo gobernador de Minas Gerais.
Entre los indecisos predominan las mujeres, los votantes de clase media y quienes no se identifican con ningún partido
Por ahora, ninguno de ellos supera el 5% de intención de voto, según una encuesta de la firma Quaest publicada el viernes. El sondeo anticipa una segunda vuelta entre Lula y Flávio Bolsonaro. En ese escenario, el actual presidente obtiene un 43% frente al 40% del senador, una diferencia que queda dentro del margen de error de dos puntos porcentuales. Otro 4% de los electores se declara indeciso.
El politólogo Claudio Couto, profesor de la Fundación Getulio Vargas (FGV), señala que ese sector puede resultar decisivo. Entre los indecisos predominan, según explicó, las mujeres, los votantes de clase media y quienes no se identifican con ningún partido.
Lula ha elegido para su primer acto el Estadio Primero de Mayo de São Bernardo do Campo, uno de los lugares emblemáticos de su biografía política. Allí encabezó algunas de las grandes huelgas obreras que desafiaron a la dictadura y consolidaron su liderazgo antes de la fundación del PT, en 1980.
El partido ha organizado caravanas desde distintos puntos del país y espera reunir a unas 20.000 personas para arropar al antiguo tornero mecánico, que aspira a conquistar un cuarto mandato presidencial no consecutivo.
Lula pretende convertir la defensa de la soberanía brasileña en uno de los grandes asuntos de la campaña
La campaña oficialista buscará explotar los indicadores económicos de los últimos años, entre ellos un crecimiento medio cercano al 2%, una tasa de desempleo en mínimos históricos y un aumento de la renta per cápita. Lula también pretende convertir la defensa de la soberanía brasileña en uno de los grandes asuntos de la campaña, en un contexto de crecientes tensiones con Estados Unidos y Argentina.
Su Gobierno ha denunciado como intentos de injerencia los recientes aranceles impuestos por la Administración de Donald Trump, las presiones de Washington para acelerar la aprobación del nuevo embajador estadounidense y el intento de enviar dos funcionarios a Brasil para examinar el sistema electrónico de votación.
Brasilia respondió iniciando el procedimiento para aplicar medidas de reciprocidad a los aranceles, postergando hasta después de las elecciones la evaluación del nuevo embajador y negando la entrada al país a los dos funcionarios.
“Estoy intentando contactar con Trump para decirle que no se meta en los negocios de Brasil, especialmente en las elecciones”, dijo Lula esta semana en una entrevista con los pódcast Não Inviabilize y As Cunhãs. La tensión se extiende también a Argentina. El presidente Javier Milei llamó a Lula “presidiario” y “ladrón” durante la proclamación de Flávio Bolsonaro como candidato del Partido Liberal (PL), celebrada el pasado 25 de julio en São Paulo. Para Carolina Moehlecke, también politóloga de la FGV, las interferencias extranjeras en la campaña brasileña son ya “bien evidentes” y previsiblemente continuarán hasta las elecciones de octubre.
“Estoy arriesgando mi propia vida para sacar a Brasil del rojo”
Flávio Bolsonaro, de 45 años, ha elegido Copacabana para intentar reproducir las grandes concentraciones que su padre organizó allí durante los últimos años. El senador pidió a sus seguidores acudir vestidos con los colores verde y amarillo de la bandera nacional, convertidos desde hace años en emblema del bolsonarismo.
“Están viendo que todo el mundo está contra mí porque el sistema sabe que soy el único que puede cambiar las cosas de verdad”, escribió este sábado en sus redes sociales. “Estoy arriesgando mi propia vida para sacar a Brasil del rojo”.
El hijo del ex presidente presenta a Lula como representante de un modelo “agotado” y propone continuar buena parte del programa de su padre: reducción del peso del Estado, estrechamiento de la alianza con Estados Unidos y una política de mano dura frente al crimen organizado.
La incógnita, a menos de dos meses de las elecciones, es si Flávio logrará heredar también la totalidad del electorado de Jair Bolsonaro o si la fragmentación de la derecha terminará dando aire a Lula en su intento por permanecer en el Palacio de Planalto.