Rusia sigue sin mandar petróleo a Cuba, pero sí entregará nuevos radares para aeropuertos
Aviación
La Habana firma un contrato con la empresa estatal Almaz-Antey, ubicada en San Petersburgo
Madrid/Cuba modernizará los radares de aviación civil de toda la Isla gracias a un nuevo contrato firmado con Rusia. La fabricación corre a cargo de la empresa estatal Almaz-Antey, una de las principales del sector aeronáutico, incluyendo el área de defensa.
Los productos adquiridos por el régimen de La Habana son radares secundarios de monopulso Aurora-2, que se limitan a organizar el tráfico aéreo, aunque en la planta de Obukhov también se trabaja con armamento. La fábrica está ubicada en San Petersburgo y, además de la tecnología aeronáutica civil, también fabrica contenedores para misiles antiaéreos, lanzadores y otros componentes de defensa, así como drones Dobrynya. Además, produce maquinaria pesada para industrias como la petrolera, la química o la nuclear.
“La planta de Obukhov producirá y suministrará a la República de Cuba equipos para la organización del tráfico aéreo. De acuerdo con el acuerdo concluido, La Habana recibirá varios conjuntos de radar secundario de monopulso Aurora-2 para proporcionar la organización de vuelos de aeronaves civiles”, dijo la empresa en un comunicado difundido por la agencia Tass.
Mijaíl Podviaznikov, director general de la planta, destacó la amplia experiencia de su equipo en proyectos de gestión aérea y aseguró que los especialistas rusos acompañarán a sus colegas cubanos “en todas las etapas del contrato”.
La novedad de los radares Aurora de segunda generación está en su capacidad para aguantar las condiciones climáticas de la Isla mucho mejor que sus antecesores
Los funcionarios cubanos que viajaron a San Petersburgo en mayo de 2025 para establecer lazos económicos entre ambos países se interesaron por estos equipos, que deben llegar, por un costo desconocido, este año, justo cuando la mayor parte de vuelos internacionales están detenidos por la escasez de combustible que vive Cuba a consecuencia del bloqueo petrolero de EE UU.
La primera comunicación de que no había queroseno disponible fue anunciada hasta el 10 de marzo y provocó que la mayoría de aerolíneas –canadienses y rusas sobre todo– cesaran sus operaciones hacia la Isla, mientras otras han decidido repostar en otros países cercanos. Esta semana se anunció que la escasez se prolonga un mes más.
La novedad de los radares Aurora de segunda generación está en su capacidad para aguantar las condiciones climáticas de la Isla mucho mejor que sus antecesores. El modelo incluye un área de protección contra la humedad gracias al recubrimiento que llevan sus placas de circuito y otros bloques electrónicos y que evita la corrosión por salitre y la condensación, algo vital en la zona.
Además, este modelo permite mayor visibilidad y es 100% digital, frente al Autora 1, que combinaba la analógica. Esos fueron los pioneros en llegar a Cuba. El primero de ellos se instaló en 2009 en el aeropuerto de Camagüey y fue presentado entonces como el más moderno de América Latina por la prensa local, al ser uno de los primeros radares secundarios que llegaba a la Isla.
Estos aparatos suponían un paso frente a los primarios, que emplean la detección por ondas de cualquier avión, incluyendo los que llevan el transpondedor apagado y se utilizan ahora de forma mayoritaria para el despegue y aterrizaje, mientras que los secundarios –como el Aurora– son empleados en ruta para localizar aparatos a gran distancia y altura. Los aeropuertos cubanos de Holguín y José Martí, por ejemplo, combinan ambos sistemas.
Para el uso de ambos tipos se emplea desde 2022 Radcon-M, un sistema de control aéreo nacional que se desarrolló por ingenieros de la Isla para ganar en soberanía y que está activo en seis aeródromos de la Isla. Según contaron las autoridades, el sistema que la empresa había adquirido anteriormente suponía “un gasto de 600.000 dólares anuales sin derecho a actualizaciones o modificaciones, que, en caso de requerirlas, incrementaban los costos”.
La noticia de la llegada de los Aurora 2 a Cuba llega cuando La Habana espera otro tipo de ayuda, la prometida por Moscú en términos energéticos, que nunca acaba de concretarse.